¿Cómo saber si tengo un trauma infantil?

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16 Jun ¿Cómo saber si tengo un trauma infantil?

Los traumas de la infancia no siempre parten de sucesos evidentes del pasado. Es más, incluso cuando así es, muchas veces los pacientes presentan gran resistencia a sacarlos a la luz. Precisamente, porque el primer mecanismo de defensa natural de su memoria fue taparlos, al ser algo tremendamente dañino y doloroso (incluso peligroso para su vida).

La infancia es una etapa vulnerable y determinante. Lo que vivimos en ella configura nuestra personalidad, nuestra sensibilidad y nuestro carácter como adultos. Y las heridas que allí hayamos sufrido nos acompañan.

Eso no quiere decir que nunca vayan a cicatrizar. Para ello, el primer paso es ser conscientes de cuáles han sido: y lo más importante, qué han significado esos traumas en nuestra vida.

No te preocupes. Nosotras estamos aquí para darte la mano en todo este proceso terapéutico. Hoy vamos a analizar un poco qué es y qué implica un trauma de infancia en la edad adulta. Y veremos algunos síntomas o señales que nos indican que ese trauma todavía no está superado y duele: y por lo tanto, hay que hacerle caso para sanarlo.

¿Qué es un trauma infantil?

Un trauma infantil es una herida emocional, consecuencia de un suceso doloroso o angustioso vivido durante la niñez.

Nos gusta la metáfora de la herida, porque refleja muy bien la idea de algo que aparece consecuencia de un impacto, o de un daño, pero que con el tiempo, si se cura bien, puede cicatrizar. Del mismo modo que la cicatriz puede permanecer ahí, pero ya no nos duele.

Como las heridas, hay traumas de mayor o menor tamaño. Pero eso no quiere decir que tengamos que quitarle importancia a ninguno de ellos. De hecho, vemos constantemente en consulta a personas que no se sienten “merecedoras”, por así decirlo, de denominar trauma a su experiencia de infancia, porque consideran que no tiene la gravedad suficiente.

Y eso es un gran error. No hay traumas banales o traumas “de verdad”. Tenemos que aprender a ser justos y benevolentes con nosotros mismos, para entender que nuestros traumas merecen reparación. Que todos nos merecemos cerrar esas heridas y poder mejorar nuestra vida.

¿A qué se deben los traumas infantiles?

Existen muchos sucesos o situaciones que pueden provocar un trauma en la infancia, el cual puede seguir afectándonos mucho en nuestra edad adulta. Algunos son más evidentes que otros, porque socialmente se ha debatido más sobre ellos, tanto por su tratamiento en medios de comunicación como a través del poder legislativo.

Pero otros no tienen ese peso de reconocimiento social, por así decirlo, y pueden ser también muy dañinos.

Los traumas infantiles pueden repercutir tan gravemente en nuestra vida adulta, que incluso pueden ocasionarnos graves inseguridades que mutilen nuestra autonomía.

Algunos ejemplos de situaciones vividas en la infancia, que pueden desencadenar un trauma arrastrado hasta la edad adulta, pueden estar relacionadas con:

  • Rechazo en el seno familiar o en el colegio.
  • Situaciones de violencia física o verbal en casa y/o en el colegio (bullying).
  • Maltrato físico o psicológico por parte de los padres o en el colegio.
  • Abusos sexuales.
  • Humillaciones y vejaciones de cualquier tipo (físicas o verbales, incluyendo insultos).
  • Negligencia en el cuidado por parte de los progenitores.
  • Disfunciones, en general, en el seno familiar (por ejemplo, abuso de alcohol o de drogas por parte de los padres).
  • Pobreza y exclusión social.
  • Presenciar violencia física o verbal en el seno familiar (por ejemplo, violencia de género).
  • Situaciones estresantes y sensación de inseguridad, por la incapacidad de los padres de gestionar conflictos.
  • Separaciones o divorcios que no respetan las necesidades de los niños.
  • Fallecimientos repentinos.
  • Duelos patológicos.
  • Desastres naturales u otro tipo de catástrofes (como una guerra).

¿Puedo tener un trauma infantil y no saberlo? Síntomas o señales del trauma infantil

Muchas personas se preguntan: ¿he podido vivir un trauma infantil y no saberlo? La respuesta, aunque con matices, es afirmativa. Sí, puede ser que algún acontecimiento traumático (o varios) de tu niñez hayan dejado una huella en tu vida adulta de la que no eres consciente.

Puede que el malestar emocional que padeces, o la falta de autoestima, o los ataques de ira, o la mala gestión de la frustración (dependiendo de cuál sea tu caso)… estén íntimamente relacionados con un trauma de infancia que no identificas, o del que eres ligeramente consciente pero te da miedo o vergüenza verbalizar.

Algunos síntomas que manifiestan la presencia de un trauma infantil son:

  • Ira, irritabilidad y cambios de humor.
  • Estados depresivos.
  • Baja autoestima o autoconcepto dañado.
  • Ansiedad, angustia, ataques de pánico.
  • Fobias o miedos irracionales.
  • Desbordamiento emocional o evitación ante un conflicto.
  • Timidez extrema que dificulte la interacción social.
  • Problemas a la hora de vivir la sexualidad (desde conductas impulsivas o de riesgo hasta rechazo absoluto del sexo).
  • Somatizaciones: manifestaciones físicas del trauma, muchas veces relacionadas con enfermedades.
  • Ideas distorsionadas sobre el mundo y sobre uno mismo.
  • Alteraciones del sueño, como pesadillas o insomnio.
  • Trastornos de la conducta alimentaria (falta de apetito, anorexia, bulimia, atracones…).
  • Problemas de memoria y concentración (muy relacionado con actitudes de disociación ante el dolor de un trauma al que uno no se siente capaz de enfrentarse).

Necesito superar un trauma infantil. ¿Cómo puedo hacerlo?

Puede ser que pienses que nunca vas a superar ese trauma. Pero debes confiar en lo que te decimos: ese dolor que ahora sientes, no tiene por qué acompañarte para siempre. Ni limitarte.

Volviendo al concepto de herida del que hablábamos al principio, superar un trauma es un proceso muy parecido a la cicatrización en nuestra piel. Si alguna vez te hiciste una brecha, tuviste un accidente o te cortaste con algo, seguramente cuando observes esa parte de tu cuerpo veas una cicatriz. Pero, cuando la tocas, ¿a que ya no te duele?

Con el trauma puede ocurrir algo muy parecido. El hecho ya lo viviste, no se puede borrar. Pero eso no quiere decir que tenga que seguir doliendo. Cicatrizará. Y esa cicatriz será un recordatorio, ni más ni menos, de lo que has logrado superar. La terapia psicológica será tu gran aliada.

¿Nos dejas formar parte de tu proceso para superar el trauma infantil? Contáctanos. En MensActiva, podemos ayudarte.

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