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Ansiedad y angustia

CRISIS O TRASTORNOS DE  ANSIEDAD Y ANGUSTIA
Ansiedad y angustia

¿Qué es la ansiedad?


S entir ansiedad es absolutamente necesario para sobrevivir. Esta afirmación puede sorprendernos, pero nada más lejos de la realidad. La ansiedad como tal, sin derivar en trastorno, es un mecanismo de alerta de nuestro cuerpo que nos avisa de un peligro inminente. Si nos retrotraemos a nuestro ser más primitivo y más cercano a la naturaleza instintiva, podríamos decir que la ansiedad es lo que nos ha hecho, precisamente, sobrevivir como especie.

No obstante, cuando la ansiedad se nos va de las manos, por así decirlo, significa que tenemos que tomar medidas. Los trastornos de ansiedad, vinculados a ataques de pánico, problemas estomacales y del aparato digestivo, trastornos del sueño, cefaleas, mareos y demás reacciones desproporcionadas son, sin lugar a dudas, enormes obstáculos para desarrollar nuestra vida con plenitud.

Un trastorno de ansiedad no solamente puede dificultar sino, en los casos más graves, impedir la realización de una vida normal o cotidiana. Puede incapacitar a las personas hasta para llevar a cabo las tareas más cotidianas, al despertar fobias sociales, agorafobia, etc. y terminar provocando (o siendo consecuencia de) una depresión grave.

¿Cómo sabemos que algo no va bien? Identificar un trastorno de ansiedad

L a ansiedad que podríamos calificar de más patológica o grave tiene manifestaciones similares a un miedo o terror intenso. En ocasiones, paralizante. Los llamados ataques de pánico, por ejemplo, son crisis de ansiedad agudas que aparecen de forma inesperada. “Inesperada”, puesto que no hemos escuchado a nuestra mente ni a nuestro cuerpo y hemos estado reprimiendo sensaciones negativas o situaciones de estrés.


¿Cuántas veces no habremos escuchado o experimentado aquello de: “tragar y tragar hasta terminar explotando”? Dicha explosión puede ser, perfectamente, un ataque de ansiedad o ataque de pánico. Suelen traducirse en taquicardia, hiperventilación, temblores, náuseas, etc. Y una sensación de miedo y angustia que nos atenaza y nos provoca un gran malestar.

Las manifestaciones de la ansiedad pueden ser tan diversas casi como las propias personas que la padecen. Muchas veces aparecen “enmascaradas” por nerviosismo o por pensar que las personas que sufren trastornos de angustia solamente son más “inquietas” de lo normal.


Es también muy importante tener en cuenta que la ansiedad no tiene edad. Pueden padecerla niños, adolescentes y adultos. De hecho, la medicina preventiva nos ayudará a atajar los síntomas a tiempo en las edades más tempranas. Los niños que experimentan ansiedad en su más tierna infancia pueden evitar, gracias al tratamiento especializado adecuado, desarrollar trastornos o enfermedades asociadas en la adolescencia y en la edad adulta.

No hay que tener miedo a la ansiedad. Hay que escucharla, analizarla y buscar las mejores soluciones terapéuticas para cada individuo.


Síntomas comunes en los trastornos de ansiedad y angustia

L as personas que experimentan ansiedad en un grado muy elevado, lejos de la inquietud o el nerviosismo “normal” que provocan situaciones inevitables de nuestra vida (un examen, un reto importante en el trabajo, una discusión con un compañero del colegio, una presentación en público), sufren mucho. Y eso repercute en aspectos básicos de su vida. Si tal es el caso, hay que poner remedio lo antes posible. Los especialistas en salud mental pueden ayudarte a superarlo.

Los síntomas más comunes relacionados con los trastornos de ansiedad o angustia se dividen en tres categorías. Y suelen estar muy vinculados: la presencia de uno o varios de ellos repercute en el resto y los activa o potencia.


Encontramos, por lo tanto, síntomas fisiológicos (que se aprecian directamente en nuestro cuerpo y en nuestro organismo), cognitivos (relacionados con pensamientos que se repiten de forma, en ocasiones, bastante obsesiva) y relativos a la conducta (formas de reaccionar ante todo ello).

Alguna de la sintomatología más común suele ser:
  • Nerviosismo, agitación y tensión. Incapacidad para relajarnos incluso cuando no podemos identificar un factor estresante cerca.
  • Sensación de que una catástrofe o un peligro terrible están a punto de suceder.
  • Ganas de huir o salir corriendo.
  • Taquicardia y aceleración del pulso. Sensación de angustia ante la percepción de que nuestro corazón bombea con más intensidad.
  • Dolor en el pecho o en la espalda y sensación de que tenemos algún tipo de problema o cardiopatía.
  • Temblores y sensación de inestabilidad.
  • Falta de concentración.
  • Sensación de pánico ante la posibilidad de tener que hablar en público o, simplemente, exponer nuestro punto de vista a otras personas con las que no tenemos confianza.
  • Cefaleas o migrañas tensionales. Dolores de cabeza que, a veces, nos impiden hacer una vida normal y feliz.
  • Pensar que, en cualquier momento, algo terrible nos va a suceder: enfermedad, desgracia, catástrofe, etc.
  • Ataques de llanto repentinos que pueden prolongarse durante varios minutos o, incluso, horas.
  • Respiración acelerada que creemos somos incapaz de manejar. Lo cual puede conllevar hiperventilación y mareos.
  • Nauseas e, incluso, vómitos. Problemas gastrointestinales en términos generales (diarrea o estreñimiento de forma muy frecuente). Dolor, sensación punzante o molestias estomacales.
  • Sudoración excesiva y sensación de ahogo o incapacidad para respirar con normalidad.
  • Sensación de nudo en el estómago y pérdida de apetito.
  • Necesidad de engullir alimentos con rapidez y sin disfrute.
  • Insomnio o problemas para conciliar el sueño.
  • Pesadillas o terrores nocturnos.
  • Sentir que no hay escapatoria y derrumbarnos ante esa sensación.
  • Ideación suicida.
  • Vergüenza enfrente de otros porque pensamos que perciben nuestra ansiedad, la cual consideramos una debilidad.
  • Baja autoestima, sentimientos de culpa agobiantes, pesimismo o catastrofismo y sensación asfixiante de pérdida de control.

¿En qué se diferencian la ansiedad de la depresión? ¿Qué otro tipo de trastornos se relacionan o agravan con la ansiedad?

L a ansiedad y la depresión no son sinónimos. No obstante, se trata de dos trastornos que están muy relacionados. Muchas de las personas que pasan por procesos de ansiedad terminan experimentando depresión en algún grado. Lo mismo ocurre con aquellas personas que han estado deprimidas en algún momento de su vida: es muy probable que la ansiedad haya sido también su amarga compañera de viaje durante un tiempo.


Además de la depresión, entre los trastornos cercanos a la ansiedad o que se derivan de procesos ansiosos en mayor o menor grado podemos encontrar:
  • Fobias (por ejemplo agorafobia o claustrofobia, además de otra serie de miedos o temores por los que el paciente tiene fijación y que, en muchas ocasiones, dificultan su vida normal).
  • Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
  • Trastorno de pánico.
  • Trastorno por estrés postraumático.
  • Trastorno de ansiedad generalizada.
  • Ansiedad o fobia social.
  • Episodios de despersonalización y/o trastorno límite de la personalidad.
  • Estrés.

La ansiedad en niños


E En efecto, la ansiedad no es un trastorno exclusivo del mundo adulto, ni mucho menos. He aquí la importancia y el gran valor de la atención primaria. Históricamente la ansiedad infantil no ha recibido la atención que merece, confundiéndose sus síntomas con “nerviosismo” o una “inquietud” excesivos.

Un niño puede ser más o menos “inquieto”, sin duda. Pero los trastornos de ansiedad no tienen que ver exactamente con eso. La ansiedad infantil puede aparecer inducida por factores externos estresantes o traumáticos (acoso escolar, abusos, etc.) o bien por circunstancias derivadas de una desatención de la autoestima o del refuerzo positivo; u otros problemas de conducta.

Algunos tipos de ansiedad infantil más frecuentes se relacionan con la ansiedad por separación o con el llamado Síndrome de Déficit de Atención con Hiperactividad.

En cuanto a la sintomatología, los menores pueden presentar algunos o varios de los síntomas descritos anteriormente. Entre los más comunes podemos encontrar: dificultad para dormir, pesadillas, dolores estomacales , cefaleas, reacciones de ira o rabietas explosivas, miedo a la oscuridad, etc.

Es fundamental acudir a un psicólogo infantil para tratar la ansiedad de forma terapéutica lo antes posible. De esta forma ayudaremos al niño a reforzar su autoestima y su seguridad y podrá desarrollar relaciones saludables con sus iguales y con los adultos a su alrededor. Esto se traducirá en una vida satisfactoria en su etapa adulta.

Ansiedad y angustia en niños

Ansiedad y angustia en adolescentes

La ansiedad en adolescentes


L a adolescencia es una etapa fascinante en el desarrollo de los seres humanos. Asimismo, también es un periodo complejo que requiere de empatía, autoridad y responsabilidad como modelos de conducta por parte de los adultos referentes.

Es bastante más habitual de lo que podemos imaginar que un adolescente presente trastornos de ansiedad. Los estimulantes externos de su vida en esa etapa tan sensible de su desarrollo muchas veces son muy dañinos. La inseguridad y la falta de autoestima suelen ser algunos de los detonantes más comunes de la ansiedad adolescente.

El adolescente ansioso también puede presentar varios de los síntomas especificados en el apartado anterior. Cuando las preocupaciones se vuelven abrumadoras para ellos en ocasiones sienten que no hay escapatoria. Y no consiguen gestionar sus emociones de forma saludable.

Los comportamientos “explosivos” son comunes en estos casos: rabia e ira. Al igual que también lo son el hecho de retrotraerse y no expresar dolor, alegría, satisfacción ni frustración. Muchos adolescentes ansiosos demuestran síntomas de ansiedad, precisamente, no expresando absolutamente nada: solamente apatía o abulia. De ahí también la importancia de la atención primaria profesional para evitar perjuicios mayores o el desarrollo de una depresión grave.


¿Qué puedo hacer para tratar un trastorno de ansiedad?

L a terapia cognitivo-conductual se ha mostrado sumamente efectiva para tratar problemas de ansiedad, angustia y trastornos asociados. Especialmente en el caso de niños y adolescentes. El primer paso es, sin duda, la toma de conciencia y el pensamiento positivo u optimista: los especialistas de la salud mental existen para ayudarnos a gestionar este tipo de circunstancias.


Psiquiatras, psicólogos, pedagogos y otro tipo de profesionales de la materia trabajan codo con codo para luchar contra el estigma de la ansiedad.

Cuanto antes decidamos ponernos en sus manos, antes empezaremos a percibir los resultados. La terapia es una ventana que se abre para respirar. Nos otorgará las herramientas que necesitamos para gestionar los problemas de nuestra vida de forma saludable. Contáctanos y cuéntanos cuál es tu caso. Estamos deseando escucharte y ser parte de esta nueva etapa en tu vida.




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