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Trastorno depresivo: testimonio real

Tratamiento de depresión en Vallecas

21 Jul Trastorno depresivo: testimonio real

Muchas veces necesitamos escuchar el testimonio de otra persona, para entender que algo no está bien en nosotros y darnos cuenta de que existe una salida. Nos resulta muy difícil reconocer que las cosas no van bien, sobre todo si eso implica un esfuerzo por cambiar y recorrer un nuevo camino desconocido. Por ello, compartimos con vosotros los testimonios de algunos de nuestros pacientes (manteniendo siempre su anonimato) y os detallamos el proceso terapéutico. En este caso se trata de un paciente con trastorno depresivo. Esperamos que os pueda servir de ayuda.

Testimonio de trastorno depresivo: El caso de M.

Toda mi vida he tenido problemas de autoestima; o mejor dicho, una ausencia casi total de la misma. La depresión también ha sido casi habitual, y he estado tomando medicación desde hace décadas. Pero todo empeoró en los últimos años, a raíz de una serie de sucesos que me dejaron huella. A una serie de tragedias familiares se sumó la pérdida de empleo fijo. Resultado: me instalé en la depresión y la tristeza, de una forma destructiva. No quería relacionarme con nadie, no quería hacer nada, no quería salir. Mi “concha” eran los pensamientos dañinos, eran mi rutina, algo cómodo y conocido. El resultado es que me abandoné por completo, tanto en sentido mental como también en el físico. Llegué a pesar 156 kilos. Tomaba cuatro antidepresivos al día, y ni siquiera así experimentaba mejoría. Mis amigos, los pocos que aún me quedaban, se preocupaban por mí. Dos de ellos me hablaban del bien que les había hecho acudir a una psicóloga. La idea no me pareció mal, pero como yo mismo era mi propio peor enemigo, lo fui postergando.
Pero un día decidí dar el primer paso. Busqué psicólogos en Vallecas, y me decidí por MensActiva. Conocí a mi psicóloga. En la primera cita le expuse mi situación y mis problemas, y ella me trató con absoluto respeto, planteándome su enfoque, constatando que sufría una grave depresión, pero hablándome siempre con naturalidad y de forma clara. Pero he de ser honesto: yo iba con reticencia; mi cerebro generaba una sensación de rechazo a la idea de “ponerme en marcha”, de intentar cambiar las cosas. Algo en mi interior empezó a generarme dudas, a rechazar la idea de ir a terapia: me decía que debía ahorrarme ese dinero (a pesar de ser una cantidad de lo más asequible, y que sobre todo era en mi beneficio); para gastármelo en tonterías. Y así permanecer en la seguridad de mi “concha” de depresión. Porque era lo que había conocido en los últimos años.
Ella me indicaba que apuntase los malos momentos que había tenido a lo largo de la semana, así como todos los pensamientos negativos. Y de ese modo, me proporcionó una serie de herramientas para trabajar en ellos. Me enseñó que eran los pensamientos intrusivos y dañinos, cómo yo mismo los magnificaba, y el hecho de que no podía dejar que un pensamiento, algo no tangible, dirigiese mi vida cotidiana. También me mostró cómo podía gestionar mis emociones: los momentos en que era totalmente normal experimentarlas, y que era algo que le ocurría a cualquier persona; al mismo tiempo, me hizo entender cuándo eran emociones y pensamientos desproporcionados; cuándo eran algo que yo mismo provocaba para sentirme mal, o si no tenía sentido sentirlas con tanta intensidad. Consiguió hacerme ver que no debía ser el juez más severo conmigo mismo. Me enseñó a naturalizar sentimientos que, por mis circunstancias, era normal que me acompañasen, y de ese modo mitigó la culpa que sentía por ellos. De esa forma, casi inadvertida para mí, consiguió que normalizase esas sensaciones, y que las separase de los pensamientos positivos. No sólo eso: logró hacerme ver rasgos positivos de mí mismo.
trastorno depresivo
Y empecé a dar pasitos en la buena dirección. En todo momento mi interior se revolvía, como si rechazase una medicina que me estaba haciendo bien. Pero comencé a experimentar cambios. Las hojas de pensamientos negativos, que en las primeras semanas estaban llenas, poco a poco fueron reduciéndose. El rechazo a ir a terapia se desvaneció. La persona de las primeras sesiones, alguien abatido y hundido, poco a poco dio paso a alguien más animado, proactivo y con buen humor. Me estaba transformando.
Mi psicóloga es una profesional única. Podía haberse limitado a seguir el proceso de terapia, aplicar sus pautas y tratarme como un paciente más. Pero ella no es así. Es una persona de una increíble calidad humana, cálida y muy cercana. Se implicó con el fin de que lograse avanzar, y puso el foco también en mi desarrollo personal. Me hizo ver la importancia de cuidar mi salud, así como el beneficio que las actividades sociales, como salir y relacionarme, iban a tener para mí. Y del mismo modo que poco a poco avancé en la terapia, lo hice en el resto de aspectos. Empecé a relacionarme más y a salir; esto llevó a que me preocupase más por mi apariencia y mi salud; y a su vez esto condujo a iniciar una pérdida de peso. Conseguí tomármelo en serio, hasta el punto de perder casi 40 kilos en un año. Mi ánimo también experimentó un cambio radical, con ganas de hacer cosas, de sentir. De vivir. Y todo lo hice por mí mismo, porque ella consiguió que abandonase mi oscura zona de confort y diese los pasos hacia una vida mejor.
Es evidente que aún me queda mucho por hacer. Después de todo, la falta de autoestima es casi mi modo de vida, desde que tengo uso de razón. No es un camino fácil ni corto, pero no estoy solo en él. Mi psicóloga me ha proporcionado los medios para afrontarlo y mirar hacia delante, en lugar de instalarme en el dolor y la tristeza. Ahora entiendo que hay partes de mí que debo aceptar, y que puedo convivir con ellas sin que dirijan mi vida. He logrado ver cómo los pensamientos no son demonios que deban dirigir tu vida, ya que no hay que darles un poder que no tienen. He podido trabajar en mis emociones, aprendiendo a normalizarlas para que no controlen mi día a día. La persona que empezó la terapia no tiene nada que ver con la persona que soy hoy. Y es un cambio que he logrado gracias a Laura, que ha estado a mi lado en todo momento, y cuya ayuda terapéutica ha transformado mi vida.

 

Tratamiento de depresión en Vallecas

Trabajo terapéutico: tratamiento del trastorno depresivo

Como cualquier proceso terapéutico, el caso de M. comenzó por una evaluación exhaustiva de su situación. Se trataba de un trastorno depresivo (depresión) de muchos años de duración, marcada por la inestabilidad económica y laboral y una serie de pérdidas familiares muy importantes, que le llevaron poco a poco a aislarse y sumergirse en una tristeza y desesperanza muy profunda. No había planes, esperanza o ilusión. No se planteaba un futuro.

Además, su autoestima era muy muy bajita. Había aumentado de peso considerablemente en los últimos años por la falta total de autocuidado, lo cual empeoraba más aún su falta de amor propio.

A pesar de que en las primeras sesiones M. se mostraba ambivalente sobre comenzar la terapia, le dio una oportunidad y pudimos comenzar a trabajar en su malestar (gracias M. por confiar en mí en aquel momento y darme la oportunidad de ayudarte J).

Cuando acabamos con la evaluación, nos marcamos una serie de objetivos terapéuticos:

  • Mejorar su estado de ánimo
  • Reducir los niveles de desesperanza
  • Mejorar relaciones sociales
  • Buscar motivaciones a medio y largo plazo
  • Mejorar su autoestima.

Lo que encontré fue a una persona que, aunque pueda sonar extraño, había llegado a encontrar cierta comodidad dentro de su malestar, es decir, su vida actual era su “zona de confort”. Tras muchos años experimentando malestar había llegado a acostumbrarse y a ver su situación como algo normal.  Salir del estado en el que él se encontraba iba a requerir mucho trabajo y esfuerzo, mientras que mantenerse en su situación era lo “fácil”, lo conocido y donde él tenía el control.

El problema es que cuanto más tiempo se permanece encerrado en esa zona de confort, más miedo hay a descubrir, a intentar y a actuar. Mantener su vida igual implicaba perder más oportunidades de mejorar su calidad de vida, realizarse a nivel profesional y personal, aumentar nuestra autoestima, etc. Así que M. se decidió a actuar para mejorar su calidad de vida.

La parte fundamental de nuestro trabajo se centró en torno a los pensamientos. A través de técnicas cognitivas que le fui proporcionando (es decir, técnicas para trabajar sobre los pensamientos), fuimos muy poquito a poco manejando todos estos pensamientos que tanto le atormentaban. El manejo de estos permitió, además, que las emociones que les acompañaban también fueran reduciéndose en intensidad ya que fue aprendiendo a regularlas y gestionarlas.

Además del trabajo cognitivo, trabajamos la activación conductual, es decir, ir introduciendo pequeñas actividades en su día a día que le fueran haciéndose sentir mejor. Comenzó a quedar con más frecuencia, salir al cine o a pasear diariamente.

En cuanto a su autoestima, empezó a cambiar sus hábitos de alimentación y a cuidarse más. Como él bien dice, ya ha perdido más de 40 kg desde que decidió empezar a actuar sobre su salud. En esta área seguimos trabajando para mejorar la aceptación de sí mismo y caminar hacia una vida más saludable.

El cambio que ha habido en ti, M. ha sido asombroso si miramos hacia atrás. Estoy muy orgullosa de todo tu esfuerzo y trabajo a lo largo de este tiempo.  Eres una gran persona y el mejor cuidador que alguien puede tener.

¡Un fuerte abrazo M!

 

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