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Síndrome del Emperador o Trastorno Negativista Desafiante

Trastorno Negativista Desafiante

20 Abr Síndrome del Emperador o Trastorno Negativista Desafiante

Cuando “el rey de la casa” es un tirano:
Síndrome del Emperador o Trastorno Negativista Desafiante

Ya hemos visto cómo la edad de las rabietas infantiles es un proceso que puede aparecer de forma natural en el desarrollo de nuestros hijos. Y que generalmente se experimenta entre los 18 meses y los 4 años de edad. Pasar por ese momento requiere de paciencia, empatía, perseverancia y del apoyo en una correcta gestión de las emociones.

Pero, ¿qué ocurre cuando no nos enfrentamos a una mera rabieta? ¿Qué puede suceder si nuestro hijo muestra una conducta muy problemática y violenta? ¿Qué puedes hacer si tu hijo te desafía y reta constantemente, poniéndote entre la espada y la pared? Cuando la agresividad es la moneda de cambio en estos menores de edad y la tiranía su régimen de gobierno nos encontramos ante el popularmente conocido como Síndrome del Emperador o Trastorno Negativista Desafiante (TND).

Problemas en la gestión de la ira. ¿Qué es el Trastorno Negativista Desafiante?

Cuando la ira o la rabia explotan y se manifiestan como síntoma habitual en la respuesta de un menor, sin duda nos enfrentamos a algo más que una simple rabieta infantil.

De hecho, esta ira y los conflictivos problemas de conducta en niños y adolescentes suelen degenerar en amenazas y violencia verbal, o incluso física, hacia ese signo de autoridad: madre, padre, tutor, profesor, etc. Concretamente, varios son los estudios que apuntan a que las madres suelen ser el eslabón más frágil de la cadena.

El Trastorno Negativista Desafiante es un patrón de conducta que persiste de forma preocupante en el tiempo, caracterizado por una incapacidad del menor de gestionar la frustración o las emociones que le desagradan y que termina desembocando en una actitud violenta o agresiva en el constante cuestionamiento de la autoridad, principalmente en el seno familiar.

Los menores que presentan esta problemática ejercen una suerte de tiranía en el seno doméstico, dificultando la convivencia. Cuando no se les concede lo que demandan o las cosas no salen según lo que ellos preveían, el desbordamiento emocional, la ira, la agresividad y las amenazas están asegurados.

Los lazos familiares se resquebrajan y las dificultades en el colegio también suelen ser significativas. ¿Cómo podemos enfrentarnos a este tipo de conflictos suavizando las tensiones y no empeorando la situación?

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes del Trastorno Negativista Desafiante?

El Síndrome del Emperador va más allá de la imagen literaria que evoca. El nombre popular de este tipo de trastorno o problema de conducta, que ha tenido bastante eco en los últimos años en los medios de comunicación, es una metáfora interesante. Puesto que el Trastorno Negativista Desafiante tiene un componente despótico muy claro. Y la intervención familiar en la correcta gestión de las emociones para reconducir la conducta del menor no debe banalizarse.

Suele aparecer a partir de los 4 o 5 años de edad y conforme avanza en el tiempo su tratamiento es más complejo. Su presencia en adolescentes suele relacionarse con un “empeoramiento”, por así decirlo, cuando los signos de alerta no se han tomado en cuenta a tiempo. Y se observa una aparición más frecuente de este trastorno del comportamiento en hijos únicos.

Asimismo, hay diversos estudios que relacionan el Trastorno Negativista Desafiante con el TDAH, con altos porcentajes que se mueven entre el 30 y el 50% de los niños con este diagnóstico. Por ello, la atención temprana y la terapia en manos de profesionales son fundamentales en el tratamiento de este tipo de problemas.

¿Qué tipos de comportamientos son los más frecuentes en niños y adolescentes con Trastorno Negativista Desafiante? En primer lugar, hemos de tener en cuenta que no todos los infantes tienen las mismas situaciones familiares ni su entorno o contexto es similar. Las problemáticas externas afectan de una medida o de otra y cada caso requiere su análisis particular y pormenorizado.

En líneas generales, podemos hablar de:

  • Desobediencia sistemática ante las normas básicas indicadas por los adultos.
  • Desafíos a través de berrinches, gritos y otras manifestaciones de ira. Si no se le proporciona lo que quiere mide constantemente la paciencia y el límite de los padres o tutores.
  • Oposición y negativa como respuesta habitual.
  • Molestar, insultar o hablar con desprecio a otras personas de su entorno; incluso a sus propios compañeros de clase o juegos.
  • Bajísima tolerancia a la frustración y desbordamiento emocional ante situaciones que le resultan estresantes.
  • Enfrentamiento y amenaza como herramientas para intentar convencernos y llevarnos a su terreno.
  • Rabietas y comportamientos encolerizados para generar situaciones incómodas y “salirse con la suya”.
  • Sensación de “lucha de poder” constante con nuestros hijos.

¿Qué hago si mi hijo presenta este tipo de conductas agresivas y desafiantes?

La firmeza no es sinónimo de autoritarismo y la violencia nunca es una respuesta; tampoco para combatir, precisamente, comportamientos violentos. Y esto es muy importante tenerlo presente no solo ante la presencia del Trastorno Negativista Desafiante, sino en el proceso de educación de los menores en términos generales.

Un menor no puede convertir una casa en una monarquía absoluta y debe entender cuáles son los roles en el ámbito familiar, escolar y social. Puesto que el día de mañana, en sus relaciones entre iguales o ante situaciones laborales, puede contemplar gravísimos problemas como adulto.

Mejorar la comunicación junto con establecer una coherencia en las órdenes y en los modelos educativos es muy importante para avanzar por el buen camino. Que los niños reciban órdenes contradictorias o detecten falta de autoridad (que no autoritarismo, repetimos) son dos motivos de inconsistencia y ausencia de referentes. Los niños necesitan entender cuáles son los mecanismos que rigen su vida para sentirse seguros. Nuestro papel como adultos ahí es muy significativo.

El miedo ante una respuesta de nuestro hijo no puede condicionar nuestro comportamiento como padres. Podemos aprender a gestionar todo tipo de situaciones, por muy complejas o imposibles que puedan parecernos.

El establecimiento de normas, el rechazo de la agresividad, el fomento de la empatía y la dedicación de tiempo de calidad a nuestros hijos son algunas de las claves a la hora de buscar soluciones ante el Trastorno Negativista Desafiante.

No hay “casos perdidos” en la educación de nuestros hijos. Por ello desde MensActiva, además de terapia infantojuvenil y familiar, también ofrecemos orientación para padres o tutores de menores en situaciones de dudas o desesperación. ¿Conoces ya nuestra Escuela de padres?

La terapia cognitivo-conductual tiene resultados altamente satisfactorios, ¡no dudes en preguntarnos sobre todo lo que necesites saber! Contáctanos y cuéntanos tu caso.

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