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Trastorno de ansiedad generalizada y agorafobia

16 Jun Trastorno de ansiedad generalizada y agorafobia

Testimonio de trastorno de ansiedad y agorafobia: El caso de C.

Mi relación con la ansiedad se remonta a hace varios años.  Y ahora que vuelvo la vista atrás, me doy cuenta de que empezó mucho antes de saber que lo que tenía era ansiedad.

Que si estoy estresada, que si es preocupación por el trabajo, que si es solo cansancio… durante mucho tiempo intenté ignorar los avisos que mi cuerpo y mi mente me mandaban. Durante semanas o meses parecía estar bien, pero de pronto volvía la sensación de presión en el pecho, los pensamientos negativos, las largas noches de insomnio… Pasé así mucho tiempo, evitando e ignorando, hasta que un día me explotó todo. Fue una tarde cualquiera volviendo del trabajo, había pasado unos días con estrés, pero nada fuera de lo normal; iba en el tren pensando en cosas del trabajo, casi llegando a la estación en la que tenía que bajarme cuando de pronto noté que mi corazón comenzaba a latir tan fuerte y tan deprisa que lo notaba por todo el cuerpo, la vista se me nubló y casi no podía respirar. Mi mayor preocupación en ese momento fue que no se enterara nadie de lo que me estaba pasando (¡qué tontería!), así que salí corriendo y me quedé en la puerta esperando a que el tren llegara a la estación y poder huir de allí. Conseguí bajar como pude y me senté en las escaleras de la estación hasta que mi respiración volvió a la normalidad. Después de ese día, ir en tren, en metro o a cualquier lugar en el que hubiese mucha gente se convirtió en un infierno. No podía dormir por las noches pensando en que al día siguiente tenía que viajar en transporte público; cada viaje en tren era una lucha constante, mis pulsaciones subían, tenía ganas de ir al baño, me temblaban las manos y pensaba que me iba a desmayar. De pronto, lo que llevaba haciendo años me daba un pánico terrible y no entendía por qué. Seguí así unos meses, hasta que mi pareja me dijo que no podía seguir de ese modo y me animó para que buscase ayuda profesional.

Hasta ese momento, yo pensaba que ir a terapia es muy caro y que es para personas que tienen un «problema de verdad», porque, claro, a mí no me pasaba nada grave. Aun así, busqué un psicólogo en Vallecas, cerca de mi casa, total por probar tampoco perdía mucho tiempo… Fue así como encontré Mensactiva y me puse en contacto con ellas.

Unos días después acudí a la consulta por primera vez. Tengo que confesar que iba supernerviosa porque no sabía lo que me iba a encontrar… ¿me va a hacer hablar de mi familia? ¿voy a tener que mirar los dibujitos esos y decir si veo caras? Pero cuando llegué mi psicóloga me trató con mucha paciencia y cercanía, nos sentamos a charlar y poco a poco mis nervios y dudas se fueron disipando. En esa primera sesión, me contó en qué consiste la terapia cognitivo-conductual (nada que ver con la idea romantizada del psicoanálisis que vemos en las películas, esto es ciencia de la buena) y cómo iban a ser nuestras sesiones. También me dio un montón de test que debía rellenar en casa para poder hacer un diagnóstico más concreto de lo que me pasaba. Y el diagnóstico fue Trastorno de Ansiedad Generalizada y agorafobia (y yo que pensaba que la agorafobia era tener miedo a sitios abiertos). Durante las siguientes sesiones ella me fue enseñando sobre qué es la ansiedad, cómo nuestros pensamientos influyen en nuestra forma de reaccionar y, sobre todo, a cómo volver a controlarlos. Muchas de las sesiones parecían más una clase que una consulta psicológica, muy interesantes y amenas.

Durante unos meses estuvimos trabajando sobre esa parte «teórica» y después mi psicóloga decidió que era hora de enfrentarme a la parte «práctica». Esa práctica consistía en lo que en psicología se llama Terapia de Exposición, es decir, enfrentarse poquito a poco y con las herramientas necesarias a lo que nos da miedo o nos causa ansiedad; en mi caso era volver a ir en tren y metro. Lo primero que pensé es que no podía, que me iba a dar un ataque de pánico si iba en metro y solo quería salir corriendo. Pero ella estuvo a mi lado y me fue guiando para poder controlar mis pensamientos y mi respiración. Sinceramente, la primera sesión de exposición fue horrible, fuimos al metro y quería salir de allí para sentirme segura, pero mi psicóloga me convenció para que aguantase un poco más. Al final, después de una hora, me di cuenta de que lo había conseguido y no me había dado ningún ataque de pánico. Tras esa sesión, tuvimos muchas otras y en cada una de ellas sentía que iba controlando un poco más la situación (o, lo que es lo mismo, mis pensamientos) y mis niveles de ansiedad iban bajando poco a poco.

En la actualidad no puedo decir que tenga a mi ansiedad controlada por completo, sigo trabajando con mi psicóloga, pero sí que ha habido un cambio radical en mi forma de enfrentarme a las situaciones que antes me daban pánico. Todavía siento un nudo en el estómago si tengo que ir a algún sitio en transporte público, pero lo importante es que puedo ir. Y esa es una de las primeras cosas que aprendí en terapia: que no se trata de eliminar la ansiedad para volver a hacer las cosas que antes hacías, sino a hacerlas a pesar de sentirla. Y eso es lo que hago actualmente, he aprendido que la ansiedad es algo que se controla y no al revés. Si hay algo de lo que me arrepiento es de no haber buscado ayuda antes y haber empezado mi terapia en MensActiva.

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Trabajo terapéutico

El trabajo con C. ha sido un proceso muy gratificante como profesional.

En la primera sesión que tuvimos, C. se encontraba nerviosa porque era la primera vez que acudía a un psicólogo y desconocía cómo era el proceso (como la mayoría de las personas que acuden a nosotras).

Esa sesión y las posteriores las dedicamos a evaluar el problema por el que ella acudía a nuestro centro. Gracias a esa evaluación, junto con unos pequeños test que le dimos al principio (aunque ella diga que son muchos jejeje), pudimos delimitar exactamente el problema para ponernos manos a la obra.

Una vez pasada esta fase y habiéndole explicado cómo estaba funcionando su problema con la ansiedad, nos marcamos una serie de objetivos terapéuticos para ir consiguiendo a lo largo de las sesiones.

Estos los dividimos en dos grupos:

  • Reducir los niveles generales de ansiedad, gestionar preocupaciones, mejorar el funcionamiento y autonomía en la vida diaria.
  • Poder coger el metro, el tren, acudir a comprar sola, ir a centros comerciales, entre otros, que son los objetivos más relacionados con la agorafobia.

Para la primera parte de los objetivos, enseñé a C. cómo funciona la ansiedad, así como técnicas concretas para reducir la activación física que experimentaba y técnicas para manejar las preocupaciones y pensamientos. Todas estas herramientas la ayudarían también para la segunda parte de la terapia.

La segunda parte de la terapia de C. fue la más complicada, ya que supone exponerse a los mayores miedos que uno tiene, y es algo que suele generar mucha ansiedad. Cuando hablamos de exposición, no se trata de «lanzar a alguien a la piscina». Se trata de un proceso controlado, en el que la persona ya dispone de herramientas para ayudarla a enfrentarse y adaptado en todo momento a los tiempos y necesidades de cada uno.

Pese a todo el miedo y la ansiedad que esto supone, C. fue capaz de hacerlo todo poquito a poco. No fue un camino fácil para ella, ni mucho menos, pero con fuerza de voluntad, paciencia y valentía, fue capaz de cumplir con los objetivos que nos marcamos al principio.

Como bien dice ella al final de su testimonio, de forma puntual experimenta momentos de angustia (lo cual es normal), pero, desde luego, hoy en día puede hacer vida con total normalidad sin que la ansiedad sea el centro de sus preocupaciones.

¡Seguiremos trabajando juntas, C.!

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