La vida humana requiere una constante adaptación a diversas situaciones (infancia, adolescencia, relaciones sociales, trabajo…). Estos cambios pueden ser estresantes, y en ocasiones, traumáticos. La capacidad de adaptación es crucial para el equilibrio emocional y la salud.
En este artículo explicamos cómo el trauma afecta a la regulación emocional a través de la ventana de tolerancia y cómo podemos aprender a gestionarla mejor.
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¿Qué es el trauma?
El concepto de trauma, corresponde con eventos demasiado abrumadores o que constituyen una amenaza a la integridad de la persona (incluyen abusos, accidentes, pérdidas, violencia, rupturas, etc.). El impacto de los hechos traumáticos varía según la persona.
El DSM, define hecho traumático como una experiencia que amenaza la integridad física o psicológica, ya sea experimentada en primera persona, observada en un ser cercano o transmitida por otros.
El trauma genera marcas, una manera particular de recordar u olvidar, y de construir una historia. Produce síntomas de alarma, evitación e intrusión.
Se entiende como un déficit en la integración de la experiencia. No es solo el evento en sí, sino el impacto subjetivo que provoca y cómo altera la regulación emocional, cognitiva y fisiológica del organismo.
La ventana de tolerancia: modelo y funcionamiento óptimo
El término fue acuñado por Dan J. Siegel en 1999 y el modelo fue desarrollado por Pat Ogden, Keuki Minton y Claire Pain en 2009.
La ventana de tolerancia es la zona óptima de activación (arousal) donde el individuo puede afrontar los retos diarios y manejar el estrés y las emociones. Se trata de la cantidad de estrés que se puede experimentar de manera tolerable y estable.
Estando dentro de ella, las personas pueden integrar la información de manera eficaz, hablar de sus experiencias y conectar con los demás. Se garantiza el acceso al córtex prefrontal, lo que permite el uso de funciones ejecutivas esenciales para resolver problemas de manera eficiente. A nivel biológico, el neocórtex está activo, manteniendo un equilibrio entre el sistema nervioso simpático y parasimpático.
La ventana de tolerancia varía de manera natural en función del estado de la persona con respecto a los estímulos externos y del contexto, es decir, depende de cada persona y es diferente en función de factores biopsicosociales. Su amplitud es subjetiva y depende de variables como el tipo y la duración del estímulo, la experiencia previa y el temperamento, entre otros.
Además, los estresores pueden ser de naturaleza interna (recuerdos intrusivos, sentimientos o sensaciones que hacen que el individuo se sienta sobrepasado, malestar…) o externa (situaciones sociales, tono de voz, sabores, sonidos…).
Desregulación emocional: estados de hiper e hipoactivación
Cuando no se procesan los eventos estresantes correctamente, se pierde el control y se llevan a cabo conductas poco adaptativas. Esto se debe a la desregulación en la activación fisiológica. Si está fuera del margen, el individuo entra en un estado de hiperactivación o de hipoactivación.
Hiperactivación (lucha o huida)
Consiste en una respuesta más primitiva e impulsiva de lucha o huida. Los síntomas incluyen ansiedad, enfado, miedo, pulso acelerado, tensión muscular, pánico, dificultad para relajarse o dormir…
Hay imágenes intrusivas y la mentalidad es rígida e inflexible. Esto se debe a que la amígdala está sobreexcitada, incrementando la liberación de las hormonas del estrés, lo que se relaciona con un aumento en la actividad del sistema simpático.
Todo esto mantiene un estado de emergencia continuo, lo que dificulta el pensamiento claro y objetivo, interpretando estímulos inofensivos como peligrosos, llevando a respuestas reactivas e impulsivas.
Hipoactivación (colapso o desconexión)
Se trata de un estado de desactivación o colapso. Los síntomas son sentimientos de desconexión, desesperanza, tristeza, cansancio, pérdida de memoria, entumecimiento y disociación. En cuanto a la fisiología, se produce una desregulación emocional gracias al tallo cerebral, lo que se relaciona con un aumento en la actividad del sistema parasimpático.
Esto produce que los individuos sientan un desvanecimiento de las sensaciones, la baja activación dificulta la claridad mental y la capacidad para evaluar peligros. La hipoactivación es más común que la hiperactivación y a veces se confunde con la depresión.
Trauma, vulnerabilidad y regulación (Teoría Polivagal)
Las personas con trauma suelen tener un margen de tolerancia más estrecho o reducido, con umbrales bajos, altos o ambos.
Un umbral bajo corresponde con una activación del sistema nervioso con poca estimulación. Estas personas son más vulnerables a percibir estímulos que actúan como desencadenantes traumáticos, fluctuando entre la hiper e hipo activación.
Fuera de la zona óptima, el comportamiento se vuelve desorganizado (respuestas aleatorias de huida, ataque o congelación). El cerebro superior se desconecta y el individuo actúa por instinto. El cuerpo va autónomamente de un estado hiper a hipo, y viceversa. Esta desorientación prolongada impide que la persona integre las experiencias a su historia de vida o a la idea que tiene sobre sí misma.
Esto se relaciona con la teoría polivagal, la cual establece que el sistema nervioso autónomo funciona como una jerarquía de respuestas. El estado óptimo es la respuesta vagal central de conexión social, la hiperactivación se relaciona con la respuesta simpática de ataque o fuga y la hipoactivación con la respuesta vagal dorsal de inmovilización.
Estrategias para la ampliación y autorregulación
Es crucial que cada individuo conozca su ventana de tolerancia para tomar conciencia de las emociones y regularlas, actuando de forma eficiente. El primer objetivo es aumentar la capacidad de tolerar lo que ocurre en la vida diaria, para después poder integrar el suceso traumático. Para ello, se requiere restablecer la capacidad de razonamiento y reflexión, siento la psicoterapia sensoriomotriz una forma de lograrlo.
Un ejemplo de técnicas de expansión y regulación emocional:
- Conocimiento de uno mismo: reconocer las situaciones y límites que actúan como disparadores.
- Mindfulness y atención plena: trabajar en el presente, ayudando a ver y controlas las emociones mediante la meditación o la respiración consciente.
- Ejercicio físico: ayuda a modular o regular el estrés mediante la liberación de endorfinas.
- Conexión social: hablas con personas de apoyo (familiares o amigos) sobre las emociones para sentirse comprendido.
- Terapia psicológica: es aconsejable para expandir la ventana de tolerancia y gestionar mejor las emociones, especialmente al sentirse desbordado.
En resumen, conocer las respuestas emocionales y fisiológicas ante sucesos estresantes ayuda a comprender la ventana de tolerancia, permitiendo una respuesta adaptativa. Ampliar la ventana conduce a la autorregulación y a una mejor calidad de vida y bienestar.
Si sientes que el estrés o el impacto de experiencias pasadas están afectando a tu día a día, contar con el acompañamiento de las psicólogas de Mensactiva puede ayudarte a ampliar tu capacidad de regulación y a desarrollar herramientas adaptadas a ti.
Este artículo ha sido redactado por Andrea Rodríguez durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
