Actualmente vivimos en una sociedad que evalúa constantemente el valor personal a través de la apariencia física. Para combatir esta idea, durante años se ha intentado cambiar la forma de ver los “defectos” con el objetivo de amar incondicionalmente nuestra imagen corporal y poder así mejorar nuestra autoestima.
Sin embargo, ¿necesitamos obligatoriamente que nos guste cada parte de nuestro cuerpo? ¿Y si no hiciera falta considerarlo bonito para merecer cuidados y respeto?
Lo cierto es que resulta complicado sentirse completamente bien con la propia imagen, y ello no debería convertirse en motivo de tristeza o frustración. Aquí es justo donde entra en juego la neutralidad corporal, una perspectiva que puede ofrecer un camino más sincero y liberador hacia una buena relación con nuestro cuerpo.
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¿Qué es la neutralidad corporal?
La neutralidad corporal (o body neutrality) es un movimiento que surgió como una alternativa a la positividad corporal (o body positivity) y que fue popularizado en el año 2015 por Anne Poirier, una artista francesa que lo definió como “no apoyar el odio hacia nuestro cuerpo pero tampoco el amor y la adoración hacia él”. Por tanto, la idea principal es que tener una actitud neutral hacia los cuerpos otorga una visión más realista y flexible que la que defiende la positividad corporal.
Además, la neutralidad corporal también se centra en el aprecio, el cuidado y el respeto hacia el cuerpo por las funciones que este nos permite llevar a cabo y no por su belleza, instaurando así que la apariencia no determina la valía. Este concepto traslada el foco de la estética corporal a la funcionalidad y a la experiencia vital.
No obstante, es importante aclarar que la neutralidad corporal no se traduce en indiferencia ni descuido. No se trata directamente de ignorar al cuerpo, sino de relacionarnos con él de manera más amable y agradecida, aceptando que habrá días de agrado y otros de incomodidad, y ambas experiencias son totalmente válidas.
Diferencia entre la neutralidad corporal y la positividad corporal
Para verlo de forma más clara, la positividad corporal busca darle otro significado a algo que se ha calificado socialmente como un defecto para transformarlo en algo bello o especial, mientras que la neutralidad corporal propone que no es necesario embellecer cada característica física para que tenga valor. Por ejemplo, mientras que la positividad corporal puede decir que las estrías son “olas dibujadas en la piel”, la neutralidad corporal plantea que las estrías son comunes, ni buenas ni malas, independientes de tu identidad y de la funcionalidad de tu cuerpo.
Del mismo modo, las cicatrices no tienen por qué ser “tatuajes que reflejan la fortaleza”, simplemente son marcas en la piel; ni podemos decir que “todos los cuerpos son bonitos, sin importar sus tamaños y formas” cuando claramente hay unos estándares de belleza que colocan a unos por encima de otros, sin embargo, la idea liberadora clave es que quizá la belleza no debería de ser tan importante.
En cualquier caso, aclarada la diferencia entre ambos movimientos, cada persona puede elegir con cuál se encuentra más cómoda para realizar su trabajo personal en relación con su imagen corporal. Esta elección dependerá de factores como la personalidad o la filosofía
¿De qué sirve la neutralidad corporal?
La neutralidad corporal se puede utilizar como una estrategia de afrontamiento que aumenta la autoestima y la confianza en uno mismo. Poner en práctica esta perspectiva parece que protege de las constantes amenazas de la presión estética, tanto internas como externas, un efecto logrado principalmente poniendo al priorizar en la funcionalidad del cuerpo.
Además, el uso de la neutralidad corporal también reduce síntomas de estrés y emociones desagradables como la vergüenza. Por otro lado, se puede encontrar en la neutralidad corporal un espacio de inclusión para muchas personas.
Asimismo, al restarle peso al concepto de belleza, este enfoque permite que las personas exploren otros aspectos de su identidad más allá de su propia apariencia. Por último, no hay que olvidar que este movimiento puede suponer un acto revolucionario, ya que su práctica puede ser entendida como una manera de cuestionar los ideales sociales y desafiar al sistema que establece los cánones de belleza.
Consejos prácticos para empezar a practicar la neutralidad corporal
Aunque el concepto de neutralidad corporal pueda parecer meramente teórico, la realidad es que hay diferentes formas de llevarlo a la práctica y aterrizarlo a la vida cotidiana. Esto puede llevar un tiempo, pero un trabajo constante puede provocar grandes avances en este aspecto.
- Cambia tu lenguaje interno: La forma en la que te hablas influye directamente en cómo te percibes. Sustituye frases críticas sobre tu cuerpo por palabras más amables sobre lo que te permite hacer el mismo.
- Revisa tu consumo digital: El contenido que consumes en redes sociales influye en tu autoestima. Procura seguir cuentas reales y diversas que te hagan sentir bien y que no fomenten la presión estética.
- Practica el movimiento desde el disfrute: Hacer ejercicio no tiene por qué estar destinado a modificar tu cuerpo y a compensar excesos. Descubre alguna actividad que te guste realizar y practícala desde el placer y no desde la autoexigencia.
- Acepta la diversidad: Reconoce que existe la pluralidad humana y que no hay un único tipo de cuerpo válido.
- Valoración de la funcionalidad: Céntrate en lo que te permite hacer tu cuerpo y agradécelo: percibir, sentir, comunicar, aprender, disfrutar, reír…
- Compartir con otras personas: Comparte con gente de confianza tus experiencias sobre la relación con tu cuerpo, esto genera la normalización de estas situaciones y una sensación de bienestar.
- Explora otras áreas de valor: Recuerda que tu valor no solo reside en tu apariencia, también está en tus cualidades, habilidades y relaciones.
La neutralidad corporal como camino hacia el bienestar
En definitiva, la neutralidad corporal no busca que amemos nuestro cuerpo a toda costa, sino que lo valoremos como el lugar que habitamos mientras vivimos y el que nos permite realizar multitud de actividades. Al centrarse en la funcionalidad y no en la estética, se desarrolla una relación con el cuerpo más realista, amable y honesta que permite cultivar la autoestima.
Practicar este enfoque no se trata de negar la importancia que tiene la apariencia en una sociedad marcada por los cánones de belleza, sino más bien de darle una posición menos prioritaria para recordar que nuestro valor va mucho más allá de la imagen que nos devuelve el espejo. Básicamente la neutralidad corporal nos abre un camino hacia la reconciliación con nuestros cuerpos desde la gratitud, el respeto y la libertad.
Si sientes que la relación con tu cuerpo está afectando a tu autoestima o bienestar emocional, contar con el acompañamiento de las psicólogas de Mensactiva puede ayudarte a trabajar una mirada más sana y equilibrada hacia ti misma, desarrollando herramientas que te permitan sentirte mejor contigo y con tu cuerpo.
Este artículo ha sido redactado por Natalia Gutiérrez durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
