“Debería poder con todo”,
“No sé qué me pasa”
“Resuelvo un problema y me aparece otro peor”,
“No tengo tiempo”
“No descanso bien”
“Estoy muy agobiado/a”
Todas estas frases son ideas muy recurrentes en la mayoría de nosotros y es normal pensar así. Vivimos en una sociedad donde la responsabilidad parece recaer siempre en uno mismo: si estás mal, es porque no has sabido organizarte, no has gestionado bien tus emociones o no has encontrado el hábito perfecto que equilibre tu vida.
Sin embargo, permíteme que te cuente que el malestar psicológico no surge únicamente del interior, sino que también nace del contexto y el sistema en el que vivimos.
Muchas veces no es que tú tengas toda la culpa de estar estresado/a porque no gestionas bien lo que te pasa; también vivimos en un mundo muy exigente, que sobrecarga mucho a las personas. En este artículo hablaremos sobre la presión constante que es vivir, pero os dejaremos también un mensaje esperanzador sobre cómo podemos gestionarlo.
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Cuando la vida te supera
La existencia humana está llena de retos. Desde la dificultad de cuidar de nuestro bienestar y relaciones personales para vivir más plenos, hasta todos los esfuerzos que debemos hacer simplemente por vivir. Quitando los problemas personales, todos debemos a diario comer, dormir suficiente y trabajar para ganar dinero porque todo el sistema se sustenta a base de pagar por ello. Ya que no vivimos en el bosque, debemos pagar la vivienda, todas las facturas asociadas, transporte, seguros, impuestos y comida.
Tan solo vivir, es cada vez más caro, por lo que debemos trabajar mucho para poder sobrevivir bajo nuestro contexto capitalista.
No es una sorpresa que diversos estudios científicos hayan encontrado que:
- La precariedad laboral aumenta el riesgo de depresión y ansiedad.
- Vivir con incertidumbre económica eleva la sensación de amenaza constante.
- La desigualdad y la competitividad generan estrés crónico.
- Las jornadas interminables, la falta de descanso y la hiperproductividad impactan directamente en la salud mental.
El sistema actual nos empuja a ir más rápido de lo que nuestro cuerpo y nuestras emociones pueden sostener. Exige disponibilidad permanente, productividad sin pausa y una estabilidad económica que para muchos es imposible alcanzar.
¿Cómo no vas a sentirte desbordado/a?
Por si fuera poco, desde las redes sociales nos llegan muchos mensajes que venden positivismo, autocuidado y cómo se debe de vivir. Mensajes del tipo:
- “Medita cada mañana.”
- “Haz más deporte.” “Sal a correr para despejarte.”
- “Conecta contigo, date tiempo.”
- “Encuentra tu persona vitamina”
- “Apúntate a una actividad que te guste”
Aunque estas cosas puedan ayudar, estamos viendo que la realidad es más compleja.
¿Qué pasa cuando estás tan desbordada que no sientes que tienes ni 10 minutos libres para meditar?
¿O cuando llegas a casa tan agotada que pensar en salir a correr se siente como otra obligación más?
¿Qué pasa cuando necesitas apoyarte en tus seres queridos pero todos están igual de ocupados que tú?
Hay momentos en los que estas recomendaciones, aunque tengan buena intención se convierten en una carga, en una exigencia y una obligación más.
La trampa de la autoexigencia: cuando te culpas por lo que no depende de ti
Una de las consecuencias de vivir en un sistema tan exigente es que terminamos creyendo que si no podemos con todo es porque no estamos a la altura, y nos comparamos con el éxito de los demás como si ellos no tuviesen problemas.
Con este post la intención no es que nos victimicemos y nos rindamos, sino ser conscientes que a veces estamos mal por el contexto, por lo que no tenemos por qué exigirnos más. Es injusto hacernos eso ya que hay momentos en la vida que nos superan; aunque seas una persona disciplinada, organizada y super resiliente. Entonces ya que la vida es complicada para todos, tratemos de hacerla un poco más fácil gestionando lo que sí podemos controlar y no queriendo cumplir con todo a la perfección.
¿Entonces qué podemos hacer desde la psicología?
Después de todas las cosas negativas que he ido diciendo, ¿qué nos queda? ¿Cómo afrontamos todo esto?
Pues bien, desde la psicología lo primero es aceptar la cruda realidad: la vida es complicada, y el sistema en el que vivimos es estresante de por sí. Una vez hemos aceptado eso, podemos empezar a ser más compasivos con nosotros mismos. No se puede estar al 100% todo el tiempo, ni siempre vas a tener la mismas ganas de hacer cosas y no pasa nada por ello.
Es completamente normal, así que intenta tratarte con amabilidad, sin exigirte ni responsabilizarte en exceso y celebra tus logros. Hemos visto que todo lo que hacemos lleva su esfuerzo y dificultad así que celebra cada día las cosas que has sido capaz de hacer.
Os dejamos un par de tips, para aprender a navegar por esta vida llena de exigencias de una forma más realista, amable y sin tanta culpa:
1. Restar antes de sumar
A veces cuando estamos mal, queremos sumar actividades para estar mejor, pero sin darnos cuenta se convierten en nuevas exigencias, por lo que en ocasiones la clave está en restar. Quitarte actividades para volver a retomar fuerzas, no te pongas tú más presión encima. Piensa en qué cosas de tu rutina puedes simplificar o delegar.
¿Estás haciendo cosas extra por expectativas que quizá no sean tuya sino aprendidas? ¿Hay algo que te este agobiando ahora mismo y puedes dejar de hacerlo durante una temporada?
La idea es que si ya vives agobiado, no busques hacer más cosas para cuidarte, quizá en ese momento lo mejor es hacer menos cosas, coger un poco de aire, respirar y descansar.
2. Ajustar objetivos a tu energía real
Ponte mini metas. En especial cuando te encuentres abrumado/a o en un mal momento emocional. No puedes exigirte tanto como cuando te encuentras bien, así que establece objetivos alcanzables, del día a día y observa la satisfacción de cumplir las cosas paso a paso.
3. Permitir que el cuerpo descanse y validar el cansancio
El descanso es una necesidad básica y en el mundo en que vivimos, cometemos el error de hacerlo cuando ya no podemos más, cuando estamos agotados de ser productivos. Permítete parar cuando estés teniendo un día difícil, descansa. El cansancio es una señal de saturación, no de pereza o falta de disciplina. No hay que pasar los días ni 100% ocupados haciendo cosas ni 100% desocupados. Debemos balancear ambas. En realidad, descansar también es ser productivos con nuestro tiempo.
4. Construir apoyo
La salud mental también es colectiva. No estamos solos. Compartir lo que nos pasa, la carga que tenemos encima, pedir ayuda es fundamental. Nuestros seres queridos son los primeros que pueden ayudarnos a restar responsabilidad cuando estamos quemados y agotados. Una llamada de teléfono para desahogarnos, organizar un día del fin de semana para quedar con amigos, familiares y no pensar en nada más son cosas de vital importancia. No las infravalores. Tus personas cercanas pueden ayudarte muchísimo.
5. Busca ayuda psicológica
Si sientes que estás atravesando un momento difícil ya sea por las exigencias de la vida o a nivel más personal no dudes en buscar ayuda profesional. Los psicólogos siempre estaremos disponibles para ayudarte en tu proceso.
Este artículo ha sido redactado por Nacho Gómez durante la realización de las prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
