El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es un tipo de trastorno de ansiedad, que se considera grave por las consecuencias que puede producir: discapacidad social, familiar o laboral, además de un malestar significativo en aquellas personas que lo sufren.
Esto es así, porque las obsesiones y compulsiones, de las que hablaremos más adelante, ocupan tiempo día a día (al menos una hora diaria), interfiriendo en sus relaciones personales, actividades o funcionamiento.
El TOC, es más común de lo que puede parecer, con una prevalencia del 2,5% a lo largo de la vida, siendo el cuarto trastorno mental más frecuente (después de las fobias, abuso de sustancias tóxicas y depresión).
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¿Cómo funciona EL TOC?
Dentro del TOC, hay dos componentes: obsesiones y compulsiones.
- Obsesiones: son ideas no deseadas, repetitivas, persistentes y difíciles de controlar o eliminar. Pueden ser sobre temas muy diversos, y pueden llegar a generar alto grado de angustia.
- Compulsiones: son comportamientos o actos mentales intencionados, repetitivas y con un “objetivo”, que se realizan como respuesta a una obsesión, de manera estereotipada y de acuerdo con algunas normas.
Algunos ejemplos comunes son: rituales de limpieza (lavarse las manos), de comprobación (revisar, asegurarse de que no hará nada “malo”), mentales (rezar, repetir palabras en silencio), ordenar o repeticiones (números, movimientos).
El funcionamiento sería el siguiente: aparecen las obsesiones (que aumentan el malestar y la necesidad de eliminarlos), y como respuesta se realiza la compulsión (pensamientos o acciones para suprimir o “neutralizar” las obsesiones).
En un primer momento, esto proporciona alivio, sin embargo, si no se realiza este ritual, la ansiedad aumenta, de manera que los rituales cada vez son más “necesarios”, frecuentes y ocupan más tiempo, generando el siguiente bucle: aparición de obsesión ejecución de compulsión.
¿Por qué ocurren?
Puede iniciarse a cualquier edad, siendo más común en la adolescencia o al comienzo de la edad adulta, sin embargo, también puede comenzar en la infancia.
Un aspecto clave en el origen de este trastorno, es la “fusión” entre el pensamiento y la acción, es decir, creer que pensar algo, implica necesariamente hacerlo, cuando no es así; y también, el propio miedo a esas “obsesiones” o pensamientos intrusivos.
Por ello, el problema no estaría en el pensamiento en sí, ya que estos son incontrolables, sino en la valoración inadecuada que se hace de ellos, lo que lleva a reaccionar con una ansiedad excesiva ante su presencia. Esto a su vez, sería lo que provoca intentos de controlarlos (compulsiones), que irían perpetuando el problema.
Por tanto, estas creencias o valoraciones (desadaptativas) de los propios pensamientos podrían jugar un papel importante en el origen del TOC. Además, se ha observado que las personas con TOC, puntúan más alto en las siguientes características: responsabilidad, sobreestimación del peligro e incertidumbre.
¿Por qué se mantienen?
Un primer punto a tener en cuenta es que estas personas presentan esquemas en su mente de “excesiva responsabilidad”, y a partir de aquí, ocurre lo siguiente:
Ante esos pensamientos intrusivos (ej: “voy a hacer daño a X”), la persona interpreta ese pensamiento como si fuera verdad, lo que unido a esa responsabilidad podía llevar a que pensara “sería el responsable del daño”, generando así emociones negativas, malestar y muy posiblemente, culpa. Es aquí cuando entra en juego la compulsión, que es una respuesta para reducir el malestar.
Esto se puede observar con un ejemplo práctico: obsesión (“me estoy contaminando”), interpreto ese pensamiento como real, malestar, una acción para reducir el malestar (lavarme las manos).
El problema, reside en que a corto plazo puede aliviar el malestar. Sin embargo, produce un “efecto rebote”, y según va pasando el tiempo, este miedo podrá ir aumentando, y la persona, cada vez, se verá más en la obligación de lavarse las manos. A esto se le suma, que, si dicha compulsión o ritual se interrumpe, ese malestar y ansiedad regresa, de manera que cada vez tiene que lavarse más y más las manos, durante más tiempo.
Esto se mantiene, ya que, al no haber dejado nunca de realizar la compulsión, la persona no tiene la oportunidad de comprobar que no ocurriría nada si no la realiza, y que por tanto, su pensamiento no es peligroso, o no es directamente real.
Es decir, mantener la compulsión, haría que el TOC se mantuviera. Por tanto, la solución pasaría por: exponerse o aceptar el pensamiento, como lo que es, como un simple pensamiento, sin realizar ningún acto para compensarlo, y así comprobar que no ocurrirían las consecuencias temidas.
Pequeñas estrategias para afrontarlo
Como hemos visto, el TOC puede provocar un alto grado de sufrimiento en las personas que lo padecen, por lo que merece ser atendido por parte de profesionales. Sin embargo, estas serían algunas claves que pueden resultar de ayuda a la hora de tratar dicho trastorno:
- Los pensamientos son normales, y pueden estar presente en todas las personas. Sin embargo, es la interpretación de ese pensamiento (como “peligroso” o “real”), la que puede provocar el problema
- La clave no está en controlarlo o evitarlo, ya que intentar buscarle una explicación, incrementa el malestar
- Comprender el bucle que genera y la inefectividad de ciertos intentos de control, que se pueden explicar con distintos ejemplos: alguien tiene miedo a “hacer el ridículo”, evita hablar en los grupos por miedo a decir algo mal, aunque en el momento se alivie, cada vez tendrá más miedo a hablar en grupo, aumentando su malestar e impidiéndole hacer cosas importantes para él (como puede ocurrir con las obsesiones y compulsiones: el intento de solución, se vuelve parte del problema).
- Recordar que nuestros pensamientos, no son la realidad. Una cosa somos nosotros mismos, y otra nuestros pensamientos (que son muchos y diversos, agradables y desagradables). Algunas estrategias que pueden servir para distanciarnos de nuestros pensamientos son:
- Poner la etiqueta “estoy teniendo el pensamiento de que”: cada vez que aparezca un pensamiento indeseado (ej: “soy una persona horrible”), introducir la coletilla “estoy teniendo el pensamiento de que… soy una persona horrible. Esta es una forma simple de ir generando la idea de que una cosa es lo que dice nuestra mente, y otra es lo que realmente somos, etiquetando ese contenido mental simplemente como lo que es: un pensamiento.
- Metáfora del autobús: Imagina que eres el conductor de un autobús con muchos pasajeros. Algunos son muy desagradables, y mientras conduces comienzan a amenazarte, decirte a dónde tienes que ir, te insultan… Cansado de sus amenazas, te enfrentas a ellos, lo que sin darte cuenta te obliga a dejar de conducir, y ya ni siquiera tendrán que decirte “gire a la izquierda”, sino que lo harías para evitar que te amenacen. Poco a poco, irás justificando tus decisiones e intentando convencerte de que llevas el bus por la única dirección posible, pero: intentando mantener el control de los pasajeros, has perdido la dirección del bus. Por ello recuerda: ellos no deciden a donde ir, el conductor eres tú. Tú eres el conductor de tu vida, a pesar de los pasajeros (pensamientos o emociones) desagradables.
- Ejercicio experiencial: imagina que alguien te está tirando papeles, y tú, intentas cogerlos y controlarlos todos; ahora, además, intenta realizar una actividad (ej: contar de 3 en 3) mientras intentas controlar los papeles, ocurrirán dos cosas: por un lado, no serás capaz de controlar todos los papeles, y por otro, te costará mucho más trabajo realizar la actividad. Sin embargo, si realizas la actividad, sin intentar coger los papeles, te resultará bastante más sencillo, y tu ansiedad no aumentará al intentar controlar algo incontrolable. En este caso, los papeles representarían los pensamientos inadecuados, y se representa la ineficacia de intentar controlarlos.
Los pensamientos pueden llegar a ser muy incómodos y desagradables, sin embargo, no podemos evitarlos. Por tanto, en vez de luchar contra ellos, podría ser de mayor ayuda, tratar de aprender a convivir con ellos, de manera que, a pesar de su presencia, podamos seguir encaminándonos a aquello que nos importa.
Si sientes que estos pensamientos están interfiriendo en tu día a día, trabajar el TOC en terapia puede ayudarte a comprenderlo y gestionarlo de forma más eficaz.
Este artículo ha sido redactado por María Molina durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
