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Miedo a la oscuridad en los niños ¿Podemos ayudarlos?

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22 Ene Miedo a la oscuridad en los niños ¿Podemos ayudarlos?

La fobia o miedo a la oscuridad, especialmente cuando los niños se van a dormir, es uno de los temores más comunes en la infancia. Tan común que parece irremediable. Pero, ¿por qué asumir que no hay nada que podamos hacer para que lo superen? ¿Podemos ayudarlos para que no lo pasen tal mal? ¿Y qué ocurre si este temor se prolonga o empeora con el tiempo?

Hoy vamos a profundizar sobre el miedo infantil a la oscuridad y qué podemos hacer los padres, tutores y psicólogos para ayudar a los más pequeños.

 

¿Qué es el miedo a la oscuridad?

La nictofobia o miedo a la oscuridad es una de las fobias más comunes en niños. Y suele aparecer entre los 3 y los 10 años de edad. Pero, si no se trata como es debido, puede prolongarse indefinidamente en el tiempo. Afectando al menor, incluso, en la edad adulta.

Los miedos infantiles forman parte del proceso de crecimiento y desarrollo de los niños. Son, en cierto modo, “naturales”. Pero eso no quiere decir, en ningún caso, que debamos ignorarlos. Todo lo contrario: debemos prestarles la atención que merecen y gestionarlos adecuadamente.

En primer lugar, es importante que distingamos el grado en el que ese miedo se presenta en el niño.

Si el miedo a la oscuridad se trata de un episodio puntual o de breve duración en el tiempo, y nosotros conseguimos calmar al niño y darle la seguridad que necesita para dormir, entonces no hablamos de una fobia preocupante. Y con un poco de paciencia y apego seguro conseguiremos que supere su inquietud a la oscuridad.

Sin embargo, si este miedo es muy intenso y genera muchos problemas que impiden el desarrollo de una vida normal, entonces la ayuda psicológica especializada es más que necesaria.

La nictofobia o el miedo sumamente intenso a la oscuridad, por el contrario, sí que puede llegar a ser más preocupante, porque puede derivar en síntomas de ansiedad o depresión en los niños que lo sufren.

¿Por qué se produce el miedo a la oscuridad en los niños?

Como comentábamos, la aparición de los miedos (no solo del miedo a la oscuridad) forma parte del proceso de desarrollo normal de los niños. Y todo el mundo, en su infancia, ha sentido algún tipo de miedo o temor más o menos intenso.

Es algo que está totalmente ligado al instinto de supervivencia y a la evolución del ser humano: si no sintiéramos miedo, ¿cómo hubiéramos conseguido permanecer alerta y sobrevivir como especie?

De hecho, si los niños nunca manifestaran inquietud, temor o miedo, esto sería preocupante. Porque habría algún tipo de fallo en su proceso de desarrollo. Es normal que sientan cierto temor o inseguridad al enfrentarse a algo que no conocen: en la oscuridad no puede verse lo que hay alrededor, de ahí que surja este miedo de carácter “evolutivo”.

El miedo a la oscuridad suele manifestarse por la noche, cuando el niño se va a dormir. Y dependiendo del tipo de niño, imaginará un peligro más o menos abstracto que le provoca este temor: fantasmas, monstruos, un ladrón o un “señor malo”…

Como consecuencia de este miedo, el niño puede manifestar desde llanto hasta temblores o sudoración excesiva, dependiendo de la intensidad. Y generalmente buscará ciertos rituales que alivien sus temores: llorar y llamar a sus padres para sentir que está protegido, abrazar un peluche, tener una luz tenue encendida en su cuarto que le dé seguridad y no quedar en total oscuridad…

Como ya hemos comentado, todo esto es especialmente preocupante cuando hablamos de gran intensidad del miedo; y cuando éste se prolonga demasiado en el tiempo (durante más de seis meses o un año). No debemos esperar a que estos miedos irracionales persistan en el tiempo, puesto que pueden convertirse en un problema en la vida del niño.

¿Cuáles son las causas de este miedo en los niños?

En muchos casos, no hablamos de una única causa del surgimiento de ese miedo, sino de un conjunto de motivos: especialmente cuando nos enfrentamos a una fobia intensa y preocupante a la oscuridad.

Entre los múltiples motivos que pueden provocar un miedo intenso a la oscuridad en los niños, podemos encontrar:

  • Miedo evolutivo: es el miedo más normal y natural (que ya hemos mencionado). Tiene que ver con nuestro desarrollo como especie y suele desaparecer por sí solo cuando el niño entiende que se encuentra en un entorno seguro con sus padres o cuidadores.
  • Haber leído o escuchado alguna historia de terror.
  • Haber visto algún tipo de escena en la televisión o alguna película de miedo.
  • Haber sufrido algún tipo de experiencia traumática en soledad.
  • No contar con un entorno de crianza seguro.
  • Que sus padres o cuidadores sean excesivamente protectores y manifiesten conductas ansiosas.
  • Recibir castigos o amenazas relacionadas con permanecer encerrado a oscuras; o con el clásico “que viene el coco” o “si no te portas bien vendrá un monstruo y te llevará”.
  • A veces ciertas experiencias de cambio más o menos traumáticas pueden despertar temores infantiles insospechados: una mudanza, un divorcio, un cambio de colegio… El miedo tiene que ver aquí, por lo tanto, con miedo al abandono y tiene una razón adaptativa.

¿Qué podemos hacer para que el miedo a la oscuridad desaparezca?

En consulta tratamos muy a menudo a niños que padecen nictofobia o intenso miedo a la oscuridad. Por lo que contamos con múltiples herramientas que podemos utilizar para ayudar a cualquier niño que sufre este tipo de problema a que lo supere. Y, como es lógico, proporcionamos a los padres ayuda para que puedan gestionar lo mejor posible esta etapa con sus hijos.

Os damos a continuación algunos consejos útiles para ayudar a los niños a superar su miedo a la oscuridad:

  • Durante un tiempo, podemos suprimir la oscuridad total y dejar una luz tenue encendida en un rincón de su habitación o en el pasillo. De hecho, algunas de estas luces se llaman “luces quitamiedos” y pueden comprarse con formas muy divertidas y monas en múltiples sitios.
  • Nunca debemos ignorar, minimizar o ridiculizar su temor. Debemos prestarle atención al niño y dejar que nos cuente qué le ocurre con sus palabras. Una vez le hayamos escuchado, podemos mostrarle todo nuestro apoyo, para hacerle entender que juntos vamos a superar este problema. Y que terminará por no tenerle más miedo a la oscuridad.
  • Poco a poco iniciaremos una exposición gradual y progresiva a la oscuridad: aplicando el refuerzo positivo cada vez que el niño dé un paso hacia liberarse del miedo.
  • Una cena nutritiva, temprana y alejada de estimulantes como el azúcar u otros ingredientes excitantes hará que nuestro hijo esté más tranquilo antes de irse a la cama.
  • Los padres y cuidadores siempre deben estar pendientes del tipo de imágenes a los que se exponen sus hijos, pero sin manifestar actitudes ansiosas o excesivamente controladoras. Cuando los niños están en el cole o no están con nosotros es posible que vean alguna escena que les provoque miedo. Nosotros tenemos que estar ahí para ayudarles a que lo superen, no a crearles sentimientos de culpa ni a incrementar su angustia.
  • Leerles o contarles un cuento agradable o divertido antes de irse a la cama hará que se sientan mucho más tranquilos y que tengan pensamientos positivos.
  • No es nada conveniente castigar o utilizar mitos relativos a monstruos o criaturas terroríficas para regañarles. Es fundamental que los adultos mostremos coherencia.

¿Qué te han parecido nuestros consejos? ¿Tu hijo tiene mucho miedo a la oscuridad y crees que os vendría bien algo de ayuda? No dudes en contactarnos. ¡Estamos deseando acompañaros en todo el proceso!

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