La sobrecarga de información y su efecto en la ansiedad

06/05/2025 por Psicología MensActiva S.L.

Estamos en una era en la que tenemos la posibilidad de acceder de forma ilimitada e inmediata a la información. Con tan solo un gesto podemos conocer las últimas noticias de cualquier disciplina o interés, aprender sobre cualquier materia o entrar en un océano de datos que provienen de múltiples fuentes. Esta posibilidad de acceder a información en cualquier momento y en cualquier lugar es, sin duda, un avance sin precedentes que nos ha traído muchísimas cosas positivas.

Sin embargo, también conlleva un problema que se ha ido observando más en los últimos años: la sobrecarga de información. Nos colocamos como objetos pasivos que reciben la información que ciertos algoritmos eligen para nosotros, esto afecta de forma directa a nuestra capacidad de concentración y toma decisiones y está vinculado a un aumento en los niveles de ansiedad y de estrés basales. 

¿Qué es la sobrecarga de información?

Este término se refiere a la imposibilidad para procesar y gestionar ciertos volúmenes de datos de una forma efectiva. Actualmente recibimos información de muchas fuentes y de forma simultánea como, por ejemplo, de redes sociales, medios televisivos, prensa tradicional, conversaciones informales, mensajería instantánea… Ya no es solo la cantidad de información recibida a diario sino la rapidez con la que esta se presenta y la dificultad para determinar la importancia y la veracidad de esta. 

En 1971 el psicólogo y economista Herbert Simon advertía que “una riqueza de información crea una pobreza de atención”, es decir, que cuanto más queremos abarcar menos podemos profundizar. Más de 50 años después, esta afirmación cobra relevancia ya que la cantidad de datos disponibles supera con creces nuestra capacidad cognitiva para poder procesarlos, lo que puede generar, entre otras cosas, sentimientos de frustración, ansiedad, cansancio y estados de alerta hipervigilantes. 

La relación entre sobrecarga de información y ansiedad

Muchos estudios han mencionado que la sobrecarga de la información puede generar e intensificar la sintomatología de ansiedad. Cuando nos encontramos ante un flujo tan inmenso y constante de información puede aparecer la necesidad de estar siempre informados de todo, pero como ya hemos mencionado antes, ante la imposibilidad de abarcar tal nivel de información pueden aparecer sentimientos como angustia y similares y miedos relacionados con estar desatendiendo a información relevante (FOMO). En general, en esta situación, el número de preocupaciones se multiplica y la incapacidad para saciarlas genera cansancio y frustración ya sea de forma consciente o inconsciente. 

Además, el bombardeo de noticias, que generalmente tienen carácter alarmista y catastrofista, fomenta una percepción de que el mundo es un lugar más hostil e incierto de lo que realmente es. Esto puede generar distorsiones en los pensamientos que tenderán a ser más catastrofistas, problemas relacionados con el sueño y dificultades para dejar de atender a la información que nos llega, imposibilitando un descanso mental adecuado para una regulación emocional óptima. 

¿Cómo afecta la sobrecarga de información a la toma de decisiones?

Otro aspecto clave es su influencia en nuestra capacidad para tomar decisiones. Cuando estamos expuestos a tantas opciones, que incluso muchas veces se contradicen, nuestro cerebro puede bloquearse y nos estancamos en un análisis eterno en un intento de escoger la información más correcta. A fin de cuentas, afecta en nuestra toma de decisiones general ya que promueve estados de inseguridad, estrés y fatiga desde los cuales no podemos razonar correctamente.

Un buen ejemplo de esto se da con la búsqueda de información médica a través de internet. Cuando sentimos molestias que no habíamos tenido o, en general, síntomas de los cuales no tenemos información, aumenta nuestra incertidumbre. Es probable que una persona determinada antes de esperar un diagnostico realizado por un profesional, debido al nivel de incertidumbre, decida calmar su ansiedad buscando la sintomatología en internet o en una inteligencia artificial. Esto da como resultado un sinfín de explicaciones posibles desde las más inocuas hasta las más catastróficas y se puede generar una preocupación excesiva por la salud retroalimentada por una autoobservación permanente. 

Estrategias para reducir la sobrecarga de información

Dado que la sobrecarga de información es un fenómeno difícil de evitar en la era digital, es importante desarrollar y poner en práctica estrategias para gestionarla de la manera más saludable posible. A continuación, unos ejemplos de hábitos que podemos adoptar para minimizar su impacto en la salud mental:

  1. Limitar el tiempo de exposición a la información: Establecer horarios para consultar noticias de actualidad o redes sociales puede ayudar a reducir la sensación de estar constantemente expuesto a nuevos datos. El tiempo que se libera al hacer esto también facilita el descanso y puede reducir la activación del sistema nervioso.
  2. Filtrar las fuentes de información: Seleccionar unas pocas fuentes de confianza y evitar el consumo excesivo de información falsa o sin verificar. Reducir el nivel de noticias de carácter catastrófico y alarmista ayudará a reducir las preocupaciones y la hipervigilancia.
  3. Practicar la atención plena (mindfulness): Dedicar aunque sea un pequeño momento cada día a respirar e intentar conectar con nuestro cuerpo y nuestra respiración puede ayudar a reducir el estrés y mejora la capacidad para concentrarnos en el momento presente.
  4. Fomentar el pensamiento crítico: En lugar de consumir información de manera pasiva, es importante desarrollar la capacidad de cuestionar y analizar los datos recibidos. Por otro lado, debemos tener cuidado con sobre analizar ciertas informaciones. Por ejemplo, en cuestiones de salud, un experto nos podrá dar la respuesta que necesitamos y en ese momento cualquier preocupación previa no cambiará esa respuesta.
  5. Aceptar la imposibilidad de saberlo todo: Es fundamental entender que no es necesario estar constantemente informado sobre cada suceso o tendencia. Permitirnos desconectar y aceptar que no podemos absorber toda la información disponible puede aliviar la ansiedad generada por la sobrecarga informativa.

La sobre exposición a la información es un problema cada vez más presente en el mundo. El desarrollo de las nuevas tecnologías y la aparición de internet han supuesto una revolución a la cual tenemos que adaptarnos. El acceso a la información es una herramienta valiosa, pero debemos cuidar la gestión que podemos hacer de ella para fomentar nuestro bienestar.

Aprender a filtrar, dosificar y desconectar cuando sea necesario es clave para mantener un equilibrio entre estar informados y cuidar nuestra salud mental. En este mundo saturado de información saber y tener la oportunidad de desconectar es una habilidad igual de valiosa o más aún que mantenernos informados. 

Este artículo ha sido ha sido redactado por Yoel Gutiérrez durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

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