La gran historia de amor de “chico conoce a chica” sobrevive en nuestras bocas, pantallas y papeles a través de anécdotas, películas e historias, replicando el ADN de lo que se ha tomado como esencial: la heterosexualidad. La filósofa Monique Witting denominó en su ensayo “El pensamiento heterosexual” (2005) este supuesto carácter esencial (o pretendidamente natural) de filiación entre dos humanos como heterocentrismo.
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Heteronormatividad
Este enfoque de las narrativas hegemónicas heterocentradas que configuran lo subjetivo nos permite preguntarnos qué consecuencias tiene para las personas LGTBIAQ+ (es decir, para aquellas cuya identidad y orientación sexual no se recogen en lo heteronormativo) vivir en un contexto que les excluye como sujetos deseantes y deseables y, en el peor de los casos, se les arrebata su derecho a existir. Algo que el profesor Michael Warner, quien en 1991 acuñó el término “heteronormatividad”, denominó la “obligación de ser heterosexual”.
El doctor George Winberg fue un psicólogo (heterosexual) quien, en 1972, acuñó el término “homofobia” en su libro Society and the Healthy Homosexual en el que, además, defendía, aún identificándose como heterosexual, la eliminación de la homosexualidad como categoría diagnósitica (enfermedad mental) del DSM. Curiosamente un año más tarde en 1973 se logró la eliminación definitiva de la homosexualidad en el DSM como enfermedad mental.
Podríamos definir la homofobia, a partir de la propuesta por el dr Winberg y otras autoras, como el miedo, la aversión irracional, la discriminación o el odio hacia las personas homosexuales, es decir, hacia aquellas atraidas por personas de su mismo género. Del mismo modo, hablamos de bifobia para personas bisexuales, de transfobia para personas trans y de LGTBfobia para personas del colectivo.
En la evaluación psicológica de la homofobia, como en la Escala de Homofobia Sutil y Manifiesta (EHMS) de Quiles et al (2003) se suelen distinguir estos dos tipos de homofobia: “Un estilo tradicional, que muestra el prejuicio a través de conductas hostiles y de claro rechazo hacia las minorías, y un estilo moderno que expresa el prejuicio de una forma sutil y encubierta”.
El rechazo hacia la propia homosexualidad se puede expresar tanto de la primera forma en actitudes y acciones hostiles como en la segunda hacia los valores y costumbres de las personas homosexuales. Como recoge Gabriel J. Martín en su libro Quiérete mucho, maricón esta actitud de rechazo hacia la propia homosexualidad se denomina homofobia interiorizada o internalizante:
“Es la aversión hacia los propios sentimientos y comportamientos homosexuales, pero también la actitud hostil y de rechazo hacia otras personas homosexuales, la denigración de la propia homosexualidad como estilo de vida aceptable, la falta de voluntad para revelar a los demás la propia homosexualidad, la percepción del (y miedo al) estigma asociado con ser homosexual y la aceptación de los estereotipos sociales sobre la homosexualidad. (…) En un lenguaje sencillo, sería la presencia de homofobia dentro de una persona homosexual (por eso se llama “interiorizada”) (Página 121, Quiérete mucho, maricón, Expréss).
La homofobia interiorizada
La homofobia interiorizada (en adelante, IH, internal homse) expresa a través de pensamientos, acciones y emociones dañinas que afectan la salud mental de las personas homosexuales.
Creencias asociadas
Algunas de las creencias de las personas homosexuales que sufren homofobia interiorizada sobre el resto de personas de su colectivo son:
- Las personas gays son desviadas y padecen desórdenes mentales.
- Las personas gays están enfermas.
- El orgullo gay da una imagen pésima de los homosexuales porque solo enseñan carne y purpurina.
- En el ambiente gay no hay más que alcohol, drogas y sexo.
- Los gays son superficiales y promiscuos.
- Los gays afeminados (con pluma) son unos exagerados, buscan llamar la atención o dan mala reputación a todos los demás.
Desde el modelo cognitivo-conductual, podríamos identificar estos pensamientos como irracionales y atravesados por un un sesgo negativista contra las personas homosexuales: hiperfocalización en los atributos negativos de las personas homosexuales.
Si pusiéramos a prueba estas creencias siguiendo el modelo ABCDE, el psicólogo Gabriel J. Martín nos propone: ¿Por qué nunca dices que “En el carnaval de Río de Janeiro se da una imagen pésima de los heterosexuales porque allí no hay más que carne o purpurina” o que “en el mundo de la noche de las discotecas hetero es fácil encontrar todo tipo de sustancia y gente buscando sexo”?”. Esta diferencia de atribuciones negativas hacia lo homosexual frente hacia lo hetero es un cariz importante a tener en cuenta en el abordaje psicológico de la homofobia interiorizada.
Manifestaciones conductuales
Además de las creencias que acabamos de exponer, la homofobia interiorizada se puede manifestar conductualmente (“en lo que hacemos”). Entre algunas de las conductas más habituales están:
- Los comportamientos autodestructivos. Abuso de sustancias y prácticas sexuales de alto riesgo como el chemsex, las autolesiones y la elección de actividades peligrosas para la vida.
- Aislamiento social. Reducción y deterioro de las redes sociales, especialmente de los contextos LGTB friendly. Evitar situaciones donde la orientación sexual pueda ser revelada.
- Emitir comportamientos explícitamente homófobos. El rechazo hacia la propia homosexalidad se puede manifestar atacando verbal, física y psicológicamente a otras personas homosexuales o ser cómplice de ello.
- Passing behaviour. Se habla de “ser passing” cuando adoptas una masculinidad o feminidad prototípica de modo que elimines cualquier comportamiento, vestimenta o entorno que pueda hacerte parecer femenino si te identificas como hombre o masculina si te identificas como mujer.
Además de los componentes conductuales y cognitivos, la homofobia interiorizada también se manifiesta emocionalmente. Entre algunos de los signos emocionales habituales están la vergüenza, la ansiedad, la culpa, la depresión, la ansiedad, así como sentimientos de soledad y desesperanza.
El proceso de terapia en la homofobia interiorizada
Si bien se ha demostrado la eficacia de varios modelos psicológicos para evaluar e intervenir la homofobia interiorizada, existe un enfoque terapéutico predilecto que aborda la homofobia interiorizada desde una perspectiva despatologizante, validante y normalizadora, cuyo objetivo principal es la aceptación de la propia orientación e identidad sexual. Se trata de la Psicología Afirmativa LGTBIAQ+ que, además, tiene entre otros objetivos tratar las secuelas de la homofobia (sufrida y/o interiorizada), lograr la identificación plena y feliz con la propia orientación sexual (frente a lo que proponen las terapias de conversión) y crear un ambiente seguro donde la persona pueda expresarse y conocerse en libertad.
Este artículo ha sido redactado por Pablo Borrega durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
