La forma en la que hablamos dice mucho de nosotros: no solo comunica pensamientos, también transmite emociones, necesidades y deseos. Sin embargo, en algunas personas (especialmente durante la infancia) este proceso puede verse afectado por lo que se conoce como dislalia.
Aunque muchas veces se cree que los errores al hablar son una fase normal del desarrollo, es importante conocer en qué momento estos errores dejan de ser “esperables” para convertirse en señales de que algo no va del todo bien.
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¿Qué es la dislalia y cómo afecta al habla?
La dislalia es un trastorno del habla que se caracteriza por la dificultad para articular correctamente uno o varios sonidos, sin que exista un daño neurológico o físico que lo justifique. Es decir, la persona sabe qué quiere decir, pero tiene dificultades para pronunciar ciertos fonemas de forma clara.
Esto puede reflejarse en omisiones, sustituciones, distorsiones o adiciones de sonidos al hablar. Por ejemplo, un niño puede decir “tasa” en lugar de “casa” o “tepillo” en lugar de “cepillo”.
En la infancia, estas dificultades pueden ser comunes y formar parte del desarrollo normal del lenguaje. Sin embargo, si se prolongan en el tiempo más allá de ciertas edades, podrían estar indicando la presencia de una dislalia que debe tratarse.
En adultos, aunque es menos frecuente, la dislalia puede persistir si no fue tratada durante la infancia, o surgir debido a problemas auditivos o tras ciertos daños físicos como una intervención quirúrgica oral.
Los diferentes tipos de dislalia
Identificar el tipo de dislalia es clave para poder establecer el mejor tratamiento. Existen varios tipos de dislalia, y cada uno tiene características y causas distintas.
Dislalia evolutiva
Es habitual en niños pequeños que están en proceso de adquirir el lenguaje. Suelen tener errores al pronunciar ciertas palabras o sonidos, como decir “gato” por “dato”. En la mayoría de los casos, estos errores desaparecen por sí solos con el tiempo, a medida que maduran y mejoran su coordinación motora oral.
No se considera patológica, pero si persiste más allá de los 4 o 5 años, es recomendable una valoración logopédica.
Dislalia funcional
Aquí no hay ninguna causa física aparente, pero la persona presenta dificultades en la articulación de fonemas por un mal aprendizaje del movimiento necesario para producirlos. Es una de las formas más frecuentes y puede afectar a uno o varios sonidos del habla.
Suele tratarse con ejercicios específicos de logopedia que entrenan la correcta posición de los órganos fonadores (lengua, labios, paladar…).
Dislalia orgánica
En este caso, sí existe una causa física o estructural que interfiere en la pronunciación. Puede deberse a alteraciones en los órganos implicados en el habla, como el frenillo lingual corto (anquiloglosia), malformaciones en el paladar o labios, o problemas musculares.
Es importante un enfoque multidisciplinar que incluya a logopedas y, en algunos casos, también cirujanos maxilofaciales u ortodoncistas.
Dislalia audiógena
Este tipo está relacionado con problemas de audición. Si el niño no percibe correctamente ciertos sonidos, es lógico que no los articule bien. La falta de un input auditivo claro afecta al aprendizaje de la pronunciación.
El abordaje aquí requiere coordinación entre otorrinos y logopedas para mejorar tanto la percepción auditiva como la producción del habla.
¿Cuáles son las causas de la dislalia?
Las causas de la dislalia pueden ser muy variadas y dependen del tipo. Algunas de las más comunes incluyen:
- Maduración lenta del sistema neuromotor del habla.
- Malos hábitos orales como succión del pulgar, uso prolongado del chupete o biberón.
- Frenillo lingual corto o malformaciones orales.
- Déficit auditivo no detectado.
- Falta de estimulación del lenguaje en el entorno.
- Factores emocionales, como ansiedad o timidez extrema.
¿Y cuáles son los síntomas más frecuentes de la dislalia?
Algunos signos que pueden hacernos sospechar de dislalia incluyen:
- Sustitución constante de sonidos (“pato” por “gato”).
- Dificultad para pronunciar palabras con determinados fonemas (la “r”, la “s”, la “l”).
- Omisión de sonidos en las palabras.
- Alteraciones en la entonación o fluidez del habla.
- Problemas de comprensión por parte de personas que no son del entorno familiar.
Es importante no minimizar estos signos, especialmente si persisten a medida que el niño crece.
¿Cuándo debemos acudir a un logopeda por dislalia?
La intervención temprana es clave. Se recomienda acudir a un logopeda si:
- El niño tiene más de 4 años y aún presenta errores frecuentes de pronunciación.
- Tiene dificultades para hacerse entender fuera del entorno familiar.
- El habla interfiere en su autoestima o relaciones sociales.
- Hay antecedentes de problemas de audición o desarrollo del lenguaje.
En adultos, se debe consultar si existen dificultades persistentes para hablar con claridad, especialmente si interfieren en su vida laboral o social.
¿Qué tratamiento existe para la dislalia?
El tratamiento siempre debe ser personalizado, según el tipo y grado de dislalia. La intervención logopédica suele incluir:
- Ejercicios de articulación para aprender el correcto movimiento de los órganos fonadores.
- Técnicas de conciencia fonológica para mejorar la percepción y discriminación de sonidos.
- Actividades lúdicas y motivadoras adaptadas a la edad.
- Reeducación de hábitos orales, si fuera necesario.
- Apoyo emocional y familiar, especialmente si hay frustración o inseguridad.
La duración del tratamiento puede variar, pero con constancia y apoyo, los resultados suelen ser muy positivos.
Servicio de logopedia en Mensactiva
En Mensactiva, contamos con un equipo de profesionales especializados en el abordaje de la dislalia en niños, adolescentes y adultos. Nuestro enfoque integrador y cercano busca no solo mejorar la pronunciación, sino también reforzar la confianza en uno mismo y facilitar una mejor comunicación en el entorno familiar, escolar o laboral.
Si crees que tú o tu hijo puede estar enfrentando dificultades en el habla, te animamos a contactar con nosotras. Juntos, podemos ponerle nombre a lo que ocurre y trabajar paso a paso hacia una comunicación más clara, segura y natural.
