El uso popular de etiquetas en la salud mental

04/12/2024 por Psicología MensActiva S.L.

En los últimos años, etiquetas diagnósticas como “bipolar”, “depresión” o “disociar”, se han ido infiltrando en nuestro lenguaje cotidiano, siendo usadas como adjetivos para describir estados emocionales pasajeros o reacciones habituales ante situaciones del día a día. Por ejemplo, decir que una persona “está depresiva” para referirse a que se siente triste o está teniendo un mal día, o decir que alguien “tiene hiperactividad” cuando muestra mucha energía. Pero, al usar esta terminología, ¿realmente nos damos cuenta de su verdadero significado?¿Qué impacto tiene esta práctica en nuestra visión de la salud mental y en quienes verdaderamente se enfrentan a esas condiciones?

Si bien es muy probable que alguna vez hayas llegado a pensar que tu ex encaja en ese “patrón dominante de grandeza, necesidad de admiración y falta de empatía…”, tal y como dice el  Manual diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), no significa que realmente sea un narcisista en el sentido clínico de la palabra. El uso habitual de términos vinculados a trastornos mentales ha contribuido en muchos casos a etiquetar a las personas de manera crítica o dañina, sin contar con el respaldo de una evaluación profesional que lo justifique.

¿Por qué esto puede resultar perjudicial?

Emplear estas etiquetas puede resultar perjudicial, no solo porque suelen aplicarse sin una comprensión adecuada o real de su significado clínico, sino también porque contribuyen a perpetuar estigmas negativos en torno a la salud mental, trivializando trastornos complejos que tienen un impacto significativo en la vida de quien los padece, deslegitimando sus experiencias y minimizando la gravedad de estas condiciones.

Sobre el estigma…

Como señaló Eric Goffman, el estigma es el resultado de un proceso social en el que ciertos atributos de un individuo provocan rechazo, infravaloración o devaluación por parte de la sociedad. Esto no sólo afecta a cómo la persona es percibida externamente, sino que también hay un impacto en su autoimagen, pudiendo generar sentimientos de vergüenza, complejo de inferioridad, aislamiento, o incluso internalización de actitudes negativas hacía sí mismo. En este sentido, el estigma desempeña un papel que puede resultar profundamente perjudicial, convirtiéndose en una barrera tanto social como psicológica.

Del estigma a la concienciación ¿Cuál es el valor positivo?

En la era de las redes sociales, este fenómeno ha adquirido nuevas dimensiones. A través de internet y las plataformas digitales, la tendencia a la etiquetación ha ido aumentando de manera significativa. Esto ocurre en un contexto en el que el acceso a la información sobre salud mental es más fácil que nunca, brindando a millones de personas la posibilidad de aprender sobre temas que antes eran desconocidos o incluso tabú. De igual manera, la producción científica ha ido creciendo exponencialmente, poniendo a nuestra disposición un extenso volumen de artículos, investigaciones y recursos en línea que han enriquecido el conocimiento disponible al público general.

Este acceso ha supuesto importantes beneficios, al crear conciencia y dar visibilidad sobre aspectos de patologías que antes tendían a mantenerse en el ámbito privado, o eran mal entendidas, ayudando a promover un mayor reconocimiento de la importancia del bienestar emocional, acabando con mitos de ciertas afecciones y  deconstruyendo estigmas perniciosos. Las campañas digitales, colaboraciones o testimonios personales en distintas redes sociales han permitido que las personas puedan llegar a identificar problemas en sí mismas o en sus seres queridos, animándolas a buscar ayuda profesional en casos en los que fuese necesario.

Concienciación y contrastes ¿Cuáles son los riesgos?

Sin embargo, esta misma accesibilidad y proliferación de la información también ha dado lugar a una serie de problemas notables. En las redes sociales, el contenido tiende a simplificarse y dramatizarse para resultar atractivo y captar la atención de todo quien consume este tipo de contenido, describiendo conceptos complejos de forma  simplificada para una mayor accesibilidad, produciéndose generalizaciones de temas relacionados con la salud mental, que en muchas ocasiones, acaban por presentarse fuera de contexto. Esto ha fomentado la desinformación y viralización de información poco precisa, o incluso errónea, acerca de diversos temas sobre trastornos mentales.

Otro efecto directo es la tendencia al autodiagnóstico, basado en listas de síntomas superficiales de posts que carecen de rigor científico. Aunque estas publicaciones pueden servir como primer paso para la reflexión individual, también pueden llevar a las personas a identificarse erróneamente con trastornos que no padecen, generando confusión, hipocondría o ansiedad, o cayendo en el uso desacertado de términos como “bipolar”, “tóxico” o “esquizofrénico” para describir comportamientos comunes o transitorios que acaban por perpetuar estigmas, dificultando la construcción de un entorno de comprensión y apoyo para quienes realmente necesitan ayuda.

La solución está en la responsabilidad colectiva

Es fundamental promover un diálogo sobre la salud mental que fomente el uso respetuoso y adecuado del lenguaje, y que contribuya a construir un entorno más empático y comprensivo. La banalización de términos clínicos, la propagación de la desinformación y el incremento del autodiagnóstico sin bases científicas, acaban por infravalorar los diagnósticos reales de quienes verdaderamente padecen estos trastornos.

La accesibilidad a toda esta información, potenciada por el auge de las redes sociales, ha transformado la forma en la que entendemos y abordamos estos temas. Sin embargo, con este poder de difusión viene una gran responsabilidad, tal y como decía el Tío Ben en la película de Spiderman: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Está en nuestras manos hacer de éste un mundo mejor, donde prevalezcan el respeto, la empatía y la educación. Cada uno de nosotros tiene el poder de influir en cómo se percibe la salud mental, y por lo tanto, la responsabilidad de utilizar esa influencia de manera cuidadosa y consciente.

Este artículo ha sido redactado por Raquel Hernando Reyes durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

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