El niño interior

17/06/2025 por Psicología MensActiva S.L.

Cuando estamos ante una situación desagradable o nos damos cuenta de que estamos reaccionando al entorno de una manera desmesurada, como por ejemplo, una ruptura amorosa, un enfado con alguna de nuestras amistades o una situación traumática por diferentes factores. Y notamos que algo dentro de nosotros se duele, más allá de lo que esperábamos, o nos damos cuenta de que esta situación nos conecta con experiencias del pasado, de cuando éramos pequeños. Y puede que estemos conectando con una sensación de abandono, rechazo, humillación, traición o injusticia. Lo más normal es que esa sensación traspase nuestras defensas y llegue a dañar algo que está en lo más profundo de nuestro ser, nuestro niño interior. 

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¿Qué es el niño interior?

El concepto del niño interior es un término que se está popularizando en los últimos años entre las redes sociales y las consultas de psicología. Pero en el mundo de la psicología tiene su origen en la terapia Gestalt y en psicólogos como Carl Jung, de principios del S. XX.

Este término puede hacer referencia a cosas diferentes para cada persona: para unos puede ser la parte más pura de su ser, para otros el potencial que tenemos en el interior, o el conjunto de sensaciones, emociones, necesidades, deseos e impulsos que están en nuestro interior y que no manifestamos como adultos.  Y con esta última definición vamos a trabajar el resto del artículo. 

No tiene por qué ser una parte solo buena, bondadosa y alegre; también puede tener guardado dolor, rencor y venganza, dependiendo del trato que recibimos en nuestra infancia. Aunque es normal que todo el mundo tenga un niño interior herido. Es muy probable que siempre tengamos alguna experiencia de nuestra infancia en la que nos vimos sobrepasados por las circunstancias, sin herramientas para afrontar la realidad. Y puede que estas carencias estén generando dependencia con otras personas en nuestra actualidad. Hasta que no aprendemos a relacionarnos bien con nosotros mismos, el relacionarnos con los demás lo hacemos desde un nivel superficial y no conseguimos una intimidad auténtica. 

Recuperar al niño interior es revisitar partes de nuestra infancia, darnos cuenta de qué vivimos, qué sentimos y cómo lo manejamos con las herramientas que teníamos. Poder conectar con esas emociones bloqueadas, dejarlas salir y proporcionarnos el amor que en nuestra infancia no recibimos por la circunstancia que fuese. No se trata de buscar culpables, el objetivo es sanarnos sin buscar protagonistas.

Puede que nuestros padres, profesores, cuidadores, etc. hayan actuado mal, nos hiciesen daño, no estuviesen ahí para nosotros de la manera que a nosotros nos hubiese gustado. No pasa nada. El objetivo es centrarse en la emoción, en la sensación que nos produce y darle su espacio. 

Ejercicios para sanar nuestro niño interior

Y para ello podemos valernos de diferentes ejercicios con los que acercarnos a nuestro niño interior desde nuestra posición actual como adultos. Ser adulto no tiene que significar que damos la espalda a este niño interior, que es parte de nosotros mismos. Para ello podemos empezar por volver a tener un diálogo sano y reparador con nosotros mismos. Cuando tengamos recuerdo de situaciones pasadas de la infancia o actuales, tratarnos con cariño, con ternura, con paciencia y con amor. Hay que recordar, que por mucho que cueste llevarlo a la práctica, en momentos de bajón lo que necesitamos de nosotros mismos es un abrazo, no una riña. 

Podemos comenzar realizando una carta escrita desde nuestro yo adulto dirigida a nuestro niño interior, una que promueva la sanación y abordar emociones no resueltas de las que he hablado. El objetivo es tratar las mismas situaciones con una mentalidad y un punto de vista adulto. Entendiendo que la experiencia y los recursos que posees ahora no los tenía tu niño/a interior en el momento. 

También es buena idea, si nos gusta la escritura, retomar o empezar el ejercicio de escribir en nuestro propio diario, y poco a poco ir reflejando cómo ciertos eventos actuales activan emociones o patrones que teníamos en la infancia. Con la intención de ser conscientes de las conexiones que hay entre lo que nos pasa ahora y lo que nos pasaba cuando éramos pequeños. 

Podemos recuperar hobbies que teníamos cuando éramos pequeños y que hemos dejado de hacer categorizándolos como infantiles. Bailar, cantar, pintar, escribir, jugar con los juguetes que teníamos de nuestra infancia. Todas estas actividades pueden conectarnos con nuestro niño interior y despertar la misma alegría o paz que sentíamos al practicarlas en el pasado. 

Y por último, algo ya más terapéutico, podemos hacernos las siguientes preguntas para conectar con nuestro niño/a interior:

  • ¿Qué necesidades emocionales crees que podrían haber quedado insatisfechas en tu infancia?,
  • ¿Qué emociones o heridas de tu niño interior aún necesitan ser sanadas?
  • ¿Cómo puedes proporcionar apoyo y cuidado a tu niño interior en tu vida adulta?
  • ¿Qué actividades o pasatiempos podrías incorporar en tu vida actual parar reconectar con tu niño interior?
  • ¿Qué cualidades o características te gustaría rescatar de tu niño interior?

Para realizar este ejercicio es preferible tomarse un tiempo para que las respuestas sean sentidas y no razonadas, puede que en un primer momento con alguna de las preguntas nos quedemos en blanco, es normal. Lo importante es que las preguntas resuenen en nuestro interior. 

La importancia de tomárselo con calma y pedir ayuda si es necesario.

Y para terminar, nos gustaría hacer una advertencia. En este artículo nuestra intención ha sido presentar el concepto de niño interior y cómo podemos contactar de nuevo con él. Pero al ser una parte muy profunda de nosotros mismos, puede guardar muchas emociones, y es posible que nos sintamos desbordados al realizar los ejercicios propuestos. Hay que tener cuidado y darle la importancia que tiene el revocar situaciones, emociones y sensaciones del pasado. Si ves que es muy fuerte para ti, lo mejor es pedir ayuda, no hay que tratar de entenderlo todo. Y con el acompañamiento de un terapeuta que nos ayude a tratar estos recuerdos de la mejor manera posible y con herramientas para controlar el exceso de emoción, la experiencia puede ser totalmente diferente pudiendo conseguir el objetivo de contactar con nuestro niño interior de forma segura.

Este artículo ha sido redactado por Miguel García durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

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