La violencia de género se trata de un tipo de violencia que ejerce el hombre sobre la mujer por el mismo hecho de ser mujer, ya que es considerada por su agresor como inferior, carente de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión(Ley Integral contra la violencia de género, 2004). Incluye tanto el maltrato físico, como el psíquico o sexual, ejercido por el hombre con quien la mujer mantiene una relación íntima.
Desde la perspectiva de género, esta violencia actúa como mecanismo de control social para lograr la subordinación femenina y es producto de la desigualdad social, perpetuando las diferencias de poder entre hombres y mujeres. No es un problema particular o privado, sino estructural.
Los hijos/as de mujeres víctimas de violencia de género también son víctimas de la violencia que se ejerce en el núcleo familiar. Son receptores directos de la violencia contra sus madres, aunque nunca lleguen a recibir un solo golpe. La Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, reconoce que las situaciones de violencia sobre la mujer afectan también a los menores que se encuentran dentro de su entorno familiar, ya que son víctimas directas o indirectas de esta violencia. Esta exposición causa numerosos efectos negativos en los menores y es considerada “maltrato infantil” en el artículo 19 de la Convención Internacional de los Derechos del Niño.
¿Cómo afecta la violencia de género a los menores?
Los menores expuestos a este patrón relacional sufren continuamente a causa de la violencia psicológica y/o física, siendo testigos de la violencia hacia sus madres, que presentan niveles muy elevados de angustia, miedo y tristeza. Esto produce en los niños muchísima confusión e inseguridad, que desembocan en distintos trastornos a corto y a largo plazo en su desarrollo físico, psicológico y emocional. Suelen presentar una combinación de limitada tolerancia a la frustración, control pobre de impulsos y angustia.
En la violencia de género nunca hay una sola víctima. Los menores son seres vulnerables que precisan de apoyo institucional, social y sanitario.
Variables personales
El impacto depende de diferentes factores personales como:
- La edad, el género, la vulnerabilidad o el estadio de desarrollo.
- Las circunstancias del maltrato(tipología, cronicidad, frecuencia, severidad y tiempo de exposición a la violencia) y el tipo de intervención judicial.
- El contexto familiar, el apoyo y la protección recibida por parte de la madre o del entorno del menor
- La personalidad, estrategias de afrontamiento y acumulación de otros factores estresantes.
Consecuencias
Los niños/as no suelen expresar sus pensamientos y emociones verbalmente, sino con el comportamiento. Entre las consecuencias más comunes, encontramos:
- A nivel físico: efectos directos de violencia física, alteraciones del sueño, pesadillas, miedo a dormir solo/a, insomnio, problemas alimentarios (inapetencia, anorexia, bulimia), enuresis, regresiones, síntomas psicosomáticos (dolor de barriga, de cabeza, eczemas, alergia, migraña), menos habilidades motoras…
- A nivel emocional: ansiedad, depresión, ira, estrés, miedo(a la oscuridad, a los monstruos, a la muerte, miedos no específicos, miedos generalizados, presentimiento de que algo malo va a ocurrir…), irritabilidad, preocupación, aislamiento, baja autoestima, dependencia, soledad, falta de empatía, inestabilidad emocional (cambios repentinos de humor), ataques de pánico, estrés postraumático…
- A nivel cognitivo: problemas de concentración, memoria y atención, retraso del desarrollo, retraso en el lenguaje, fracaso escolar, absentismo escolar, indefensión aprendida…
- A nivel conductual: problemas de autocontrol, rabietas, agresiones, crueldad, inmadurez, desinhibición, adicciones, delincuencia, parentalización (asumen roles adultos de protección hacia la madre o hermanos), conductas autodestructivas…
- A nivel social: falta de habilidades sociales, introspección, aislamiento, rechazo, falta de empatía, agresividad hacia otros y/o hacia ellos mismos, conductas desafiantes, pobre definición de los límites personales y violación de los límites de los demás, trastornos de personalidad, modelos de vinculación erróneos (entienden que la violencia y el amor van de la mano), riesgo de revictimización…
El bienestar infantil depende del bienestar de los cuidadores. Los menores expuestos a violencia de género pueden sufrir situaciones de negligencia y abandono, y/o problemas de vinculación afectiva y apego, como consecuencia de la incapacidad de las madres para atender sus necesidades básicas debido al elevado estrés presente en el proceso vincular con su hijo/a. También se da una incapacidad por parte del agresor para establecer una relación cálida, cercana y de afecto.
La gran mayoría de estos/as niños/as presencian actos violentos, gritos, insultos, ruidos de golpes, ven las marcas que dejan las agresiones, perciben el miedo y el estrés en la mirada de la madre y están inmersos en el ciclo de violencia (tensión creciente, estallido, arrepentimiento). Además, presentan una probabilidad 15 veces mayor de padecer maltrato físico, abusos sexuales y negligencia.
La violencia de género en el ámbito familiar es una de las principales causas del trastorno de estrés post-traumático en niños. Pueden presentar mucha confusión debido a los sentimientos contradictorios de amor/odio y sentirse responsables de las discusiones entre sus padres, preocuparse por no haber hecho lo suficiente para evitarlas o por no haber defendido mejor a su madre del agresor.
¿La violencia se aprende?: Modelo de Aprendizaje Relacional
Los menores internalizan la violencia y el abuso de poder como algo cotidiano y propio de la convivencia. Tienden a normalizar la situación y crecen creyendo que es una manera de relacionarse normal entre adultos. No discriminan lo que es injustificable y es muy probable que repitan los patrones disfuncionales que han tenido como modelo en sus relaciones futuras, perpetuando los ciclos de violencia.
Según la Academia de la Ciencia de los Estados Unidos, la tercera parte de estos niños se convierten en adultos violentos porque aprenden a definirse, a entender el mundo y a relacionarse con él, a partir de lo que observan en su entorno más próximo. Se da por lo tanto, un problema de transmisión transgeneracional debido a que están en fase de crecimiento y desarrollo madurativo, conformando su personalidad en torno a roles de maltratador/maltratada.
La familia es el primer agente socializador y puesto que la agresión ocurre entre sus figuras de referencia principales, asumirán el rol según se identifiquen con el padre o la madre e incorporarán un modelo de relación basado en comportamientos violentos, sexistas y patriarcales al relacionarse con los demás, concretamente en futuras relaciones de pareja. No saben cómo aplicar estrategias más adecuadas para solucionar conflictos, ser flexibles, dialogar y respetar.
Entre las creencias y valores negativos que aprenden, se encuentran estereotipos, desigualdades de género y legitimización del uso de la violencia donde el hombre es el que manda en la familia, la mujer es inferior al hombre, una mujer es golpeada porque se lo merece o lo provoca siendo algo normal, frecuente y sin repercusiones, y la violencia es la manera de imponer respeto.
¿Cómo ayudar a los niños en la violencia de género?
En primer lugar, es importante desmontar el mito de que la violencia de género se limita a los conflictos de pareja. Es crucial prevenir esta forma de maltrato infantil mediante programas de prevención y apoyo a las víctimas.
Por otro lado, es esencial la intervención terapéutica y un sólido apoyo familiar y social para abordar sus experiencias y emociones de manera que el niño pueda sentirse seguro y respaldado. También ofrecerle estrategias y recursos para que puedan adaptarse a la vida diaria, fortalecer su autoestima con actividades que refuercen su autoconfianza asegurándole que no es responsable de la violencia que presencia, desarrollar habilidades de comunicación para expresar sus sentimientos y preocupaciones de manera efectiva, fomentar la resolución de problemas de manera constructiva, enseñar resiliencia para que pueda afrontar situaciones difíciles, educar sobre la violencia de género, involucrar a instituciones que ofrezcan prevención y apoyo a las víctimas, y por último, crear un plan de seguridad con el niño para que pueda sentirse más seguro en su entorno.
Un entorno familiar o comunitario que brinde afecto, comprensión y recursos adecuados puede marcar la diferencia. La intervención temprana, el acceso a terapia y programas de apoyo son fundamentales para ayudar a estos menores a procesar lo que han vivido y a construir una visión más saludable de las relaciones interpersonales. Es esencial que la sociedad se comprometa a crear espacios seguros donde estos niños puedan expresar sus emociones y encontrar apoyo.
Al abordar la violencia de género desde una perspectiva integral, podemos trabajar hacia un futuro en el que los menores no solo sean protegidos de la violencia, sino que también sean empoderados para romper el ciclo y promover relaciones basadas en el respeto y la igualdad.
Para cualquier consulta relacionada con un/a menor de edad, se puede contactar con Fundación ANAR mediante el número de teléfono 91 726 27 00. Se trata de una organización sin ánimo de lucro que ayuda a niños/as y adolescentes en riesgo, defendiendo sus derechos en situación de riesgo y desamparo.
Este artículo ha sido redactado por Isabel Parra durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
