Sistema de recompensa en niños

30/11/2024 por Psicología MensActiva S.L.

Qué son los sistemas de recompensa

El desarrollo en la infancia está influenciado significativamente por los sistemas de recompensa. Se trata de un conjunto de mecanismos relevantes en la adquisición de hábitos, aprendizajes y conductas en el entorno social. Dan estructura a las motivaciones y emociones de los niños, además de influir en su toma de decisiones.

Los sistemas de recompensa están influenciados por los mecanismos neuronales que regulan las emociones, la motivación y la toma de decisiones. La forma en que estos mecanismos se activan está relacionada con una serie de neurotransmisores o, coloquialmente, mensajeros neuronales, como la dopamina.

Mecanismo cerebral de los sistemas de recompensa

El cerebro en la infancia se caracteriza, entre otras cosas, por una elevada plasticidad, lo que quiere decir que los sistemas de recompensa influyen en gran medida en la adquisición de conductas y hábitos en función de si estas conducen a resultados placenteros o, en cambio, frustrantes.

La atención, la memoria de trabajo y otros procesos cerebrales comienzan a desarrollarse en esta etapa del desarrollo, consolidándose al finalizar la adolescencia. Un adecuado uso de recompensas ayuda a que los niños adquieran a lo largo de esas edades mayor capacidad de concentración y una mejor planificación de sus acciones.

Por otro lado, el área cerebral responsable del control de las conductas y de la toma de decisiones, la corteza prefrontal, está en desarrollo en esta etapa, por lo que en estas edades el ser humano no es capaz de prever las consecuencias de sus conductas más allá de los resultados inmediatos. Es por esto por lo que es clave la aplicación de sistema de recompensa externos funcionales por parte de las personas del entorno del niño que ayuden a que este poco a poco internalice el control de aquello que hace. A través del refuerzo o apreciación de las conductas, los niños aprenden a discernir qué acciones son las que les dan buenos resultados, ya sean físicos como emocionales, siendo uno de los más importantes la presencia de validación o aprobación por parte de los padres.

Baumrind ejemplifica en su modelo tres estilos de crianza: autoritativo o democrático, permisivo o autoritario. Se ha observado que los niños que llegan a ser más competentes y seguros en cuanto a gestión emocional son aquellos que se han criado en hogares con un estilo de crianza democrático, debido a que este permite adquirir normas de relación social y automanejo mediante la consistencia en las recompensas y los castigos. Se promueve de esta manera en ellos la autodisciplina.

Sin embargo, los estilos autoritarios o permisivos se caracterizan por presentar disfunciones en los sistemas de recompensa. Tener pocas restricciones puede llevar a que el niño tenga un desarrollo deficitario de su autocontrol, mientras que un sistema basado en castigos con déficit en recompensas adecuadas puede llevar a emociones como resentimiento y conductas de evitación. Es necesario que los niños asocien las recompensas con sus conductas adecuadas y su esfuerzo. En definitiva, es necesario que haya un equilibrio entre control de la conducta y apoyo emocional.

Aspectos importantes para padres y docentes

Para poner en marcha sistemas de recompensa adecuados es importante analizar la frustración que aparece en el niño cuando un refuerzo es eliminado o reducido. Se ha encontrado en estudios experimentales que la frustración desencadena respuestas en el cerebro similares en cuanto a intensidad a las que se producen en situaciones de estrés. Además, la respuesta a la frustración también está influenciada por el estilo de crianza en el hogar.

Amsel propone en su teoría que ante la respuesta emocional que se produce por la frustración, los niños pueden llevar a cabo conductas impulsivas o agresivas. Este aspecto es importante tenerlo en cuenta no sólo en el contexto familiar, sino también en otros entornos como el educativo. Un niño a quien no se esté aplicando un adecuado sistema de recompensa puede llegar a desarrollar aversión al aprendizaje. Para tener hijos o alumnos resilientes y con éxito académico es esencial que haya una adecuada gestión de la frustración.

La capacidad de suprimir conductas impulsivas, también denominado control inhibitorio, también está influenciado por los sistemas de recompensa.  Las recompensas han de ser tangibles e inmediatas para que sean más efectivas a largo plazo que las promesas de que habrá una recompensa. Los sistemas de recompensa han de dar una retroalimentación positiva y rápida

Para fomentar el desarrollo cognitivo y emocional adaptativo, es esencial que las familias y docentes hagan uso de sistemas de recompensa funcionales. El cerebro infantil es sumamente receptivo a las recompensas, por lo que es clave diseñar entornos en los que los niños reciban refuerzos positivos por sus conductas deseables. Además, no podemos olvidar que para que aprendan a manejarse en las complejidades de los contextos sociales y escolares, es indispensable una adecuada gestión de la frustración y buen control de los impulsos.

Familias y docentes han de ser conscientes de que las recompensas no sólo implican objetos materiales o privilegios, sino que también ha de estar presente el afecto, la validación emocional y la autonomía. Ha de crearse un equilibrio entre autonomía y control, entre castigo o corrección y refuerzo positivo. Sólo así conseguiremos personas resilientes.

Este artículo ha sido redactado por Raquel Menoyo durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

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