Trastorno de ansiedad por separación

07/06/2025 por Psicología MensActiva S.L.

El miedo es una emoción básica, universal y adaptativa. Gracias a él, tanto niños como adultos podemos detectar posibles peligros y prepararnos para enfrentarlos. En el caso de los niños, los miedos evolucionan a lo largo del desarrollo: miedo a los ruidos fuertes, a la oscuridad, a los extraños, o a separarse de sus padres son ejemplos de miedos evolutivos que, en general, son transitorios y no interfieren con su desarrollo. Estos miedos suelen disminuir a medida que el niño crece, adquiere herramientas de afrontamiento y se expone progresivamente a situaciones nuevas.

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El miedo como parte del desarrollo… ¿y cuándo deja de serlo?

No todos los miedos infantiles son inofensivos o pasajeros. Cuando esa reacción emocional se presenta de forma intensa, desproporcionada a la situación real y afecta la vida diaria del niño, podemos estar ante un trastorno de ansiedad.

En términos psicológicos, hablamos de miedo fóbico (desproporcionado) cuando:

  • La intensidad de la reacción es excesiva o irracional en relación con el estímulo (ej. la sangre) o el riesgo de daño (ej. un perro con correa en la acera de enfrente). 
  • Provoca un deterioro significativo en la adaptación del niño a su entorno familiar, escolar o social (por ejemplo, negarse a ir al colegio por miedo a separarse de sus padres).

Uno de los miedos más comunes durante la infancia es el miedo a la separación de las figuras de apego. En edades tempranas es completamente normal que los niños no quieran separarse de sus padres, lloren al quedarse en la escuela o busquen constantemente la cercanía de un adulto. El problema surge cuando ese miedo no disminuye con el tiempo o se intensifica hasta el punto de convertirse en una barrera que interfiere en su vida diaria. Es aquí donde hablamos del Trastorno de Ansiedad por Separación, un trastorno que requiere atención y tratamiento especializado.

¿Qué es el Trastorno de Ansiedad por Separación (TAS)?

El Trastorno de Ansiedad por Separación es una condición en la que el niño experimenta un miedo excesivo e inapropiado al nivel de desarrollo ante la separación de las figuras de apego, generalmente los padres o cuidadores principales.

Este temor no es una simple etapa: es persistente (dura al menos 4 semanas), interfiere con la vida diaria del niño, afecta su rendimiento escolar, sus relaciones sociales y puede causar un elevado sufrimiento emocional tanto en él como en su entorno.

Los niños con TAS sienten un malestar intenso cuando anticipan, viven o incluso imaginan una separación. Pueden negarse a dormir solos, evitar ir al colegio, tener pesadillas sobre perder a sus padres o experimentar síntomas físicos cuando deben separarse de ellos.

Síntomas del Trastorno de Ansiedad por Separación

Los síntomas del TAS pueden clasificarse en tres niveles: cognitivo, conductual y fisiológico.

Cognitivos

  • Pensamientos catastróficos (“algo malo le pasará a mi mamá”).
  • Miedo a perderse o ser secuestrado.
  • Preocupaciones relacionadas con la muerte, enfermedad o accidentes de la figura de apego, o de ellos mismos (si esto significa separarse de dicha figura de apego) 
  • Dificultad para concentrarse por la ansiedad anticipatoria.

Conductuales

  • Negativa persistente a ir al colegio, excursiones o dormir fuera de casa.
  • Búsqueda constante de proximidad con los cuidadores.
  • Llanto excesivo o rabietas ante la separación.
  • Vigilancia constante de los movimientos de los padres.

Fisiológicos

  • Dolor de estómago, cabeza, náuseas.
  • Tensión muscular.
  • Palpitaciones o sensación de ahogo.
  • Problemas de sueño (insomnio, pesadillas, terrores nocturnos).

Factores de riesgo

Existen ciertos factores que aumentan la probabilidad de que un niño desarrolle ansiedad por separación:

  • Vínculos de apego inseguros (sobreprotección, abandono, ansiedad parental).
  • Eventos traumáticos o estresantes (hospitalizaciones, cambios de residencia, separación de los padres).
  • Historia familiar de ansiedad u otros trastornos emocionales.
  • Temperamento ansioso o inhibido desde edades tempranas.
  • Estilo educativo restrictivo, poco previsible o hipervigilante.
  • Falta de oportunidades para practicar la autonomía: si el niño no ha tenido experiencias progresivas de independencia, puede desarrollar un miedo excesivo a estar solo o separado.
  • Acoso escolar

Consecuencias del TAS en la vida del niño (y de la familia)

El trastorno de ansiedad por separación (TAS) puede parecer una preocupación temporal que se resuelve con el tiempo, especialmente durante la infancia. Sin embargo, si no se aborda de manera adecuada y profesional, sus efectos pueden perdurar en el tiempo y afectar de manera significativa el desarrollo emocional, social y académico del niño.

Consecuencias emocionales: baja autoestima y tristeza constante

Emocionalmente, el TAS puede tener un impacto devastador. Los niños que experimentan este trastorno tienden a sentirse incapaces de manejar la ansiedad y a desarrollar una baja autoestima. La constante sensación de vulnerabilidad y el miedo irracional a estar separados de sus padres o cuidadores pueden hacer que el niño se sienta incapaz de enfrentar el mundo sin la ayuda de sus seres cercanos.

Además, el miedo constante a la separación genera un ambiente de inseguridad emocional que puede llevar a sentimientos de tristeza, frustración o irritabilidad constante. La ansiedad puede hacer que el niño se sienta constantemente abrumado por las situaciones cotidianas, y su capacidad para disfrutar de experiencias de la vida diaria puede verse gravemente limitada. La falta de control sobre la situación contribuye a una sensación de impotencia y desamparo.

Consecuencias sociales: aislamiento y dependencia de los adultos

El impacto del TAS en el ámbito social también puede ser profundo. Los niños con este trastorno suelen tener dificultades para hacer amigos y para participar en actividades sociales fuera del entorno familiar. El miedo a la separación no solo se limita al momento de ir a la escuela, sino que también puede hacer que el niño se niegue a participar en eventos sociales, excursiones, o juegos en grupo.

Este aislamiento social puede generar sentimientos de soledad e inseguridad, lo que agrava aún más la ansiedad del niño. Además, al no poder relacionarse fácilmente con sus compañeros, el niño puede volverse dependiente de los adultos para obtener consuelo y apoyo constante. Esto refuerza su falta de autonomía emocional y dificulta el desarrollo de habilidades sociales adecuadas para la vida en grupo.

La dinámica familiar también puede verse afectada. Los padres, al enfrentarse a la ansiedad constante de su hijo, pueden experimentar estrés emocional y sentirse frustrados al no saber cómo ayudar al niño a superar sus miedos. Este estrés debido a la preocupación de los padres por el bienestar de su hijo también puede afectar a las relaciones entre los miembros de la familia.

Consecuencias escolares: absentismo y bajo rendimiento

Otro de los ámbitos donde el TAS puede tener un impacto significativo es en la escuela. La ansiedad por separación puede llevar al niño a desarrollar una resistencia constante a ir al colegio o a experimentar una fobia escolar. Esto puede manifestarse en comportamientos como absentismo escolar o, en el caso de que asista, en un bajo rendimiento académico. La ansiedad no solo afecta la disposición del niño a participar en clases, sino que también interfiere con su capacidad de concentración, pues gran parte de su energía está enfocada en gestionar sus miedos y preocupaciones relacionadas con la separación.

Además, la ansiedad puede dificultar la organización escolar y la gestión del tiempo, lo que contribuye a un bajo rendimiento académico. En algunos casos, los niños con TAS se sienten incapaces de afrontar tareas escolares o proyectos grupales, ya que su mente está ocupada por el temor a la separación, lo que afecta negativamente su aprendizaje.

Evolución a otros trastornos: fobias y trastornos de ansiedad

Si el TAS persiste sin tratamiento o intervención adecuada, las consecuencias pueden ir más allá de la infancia. Con el tiempo, la ansiedad por separación no resuelta puede evolucionar hacia otros trastornos, como fobias, trastornos de ansiedad generalizada (TAG) o trastornos de pánico. En la adolescencia y la adultez, la ansiedad anticipatoria puede hacerse más generalizada y afectar diversos aspectos de la vida cotidiana, como la relación con otras personas, el rendimiento laboral o las interacciones sociales

En algunos casos, el niño que ha sufrido de TAS puede desarrollar depresión o experimentar aislamiento social crónico, ya que su capacidad para establecer relaciones saludables o funcionar de manera autónoma se ha visto obstaculizada, impidiendo desarrollar habilidades sociales y experiencias positivas.

No solo el niño sufre las consecuencias del TAS, sino que el impacto de este trastorno también recae sobre la familia. El estrés constante puede generar un agotamiento emocional en los padres, quienes se sienten atrapados entre la necesidad de proporcionar consuelo a su hijo y la presión de cumplir con sus responsabilidades diarias. Además, la constante atención que el niño requiere puede interferir con las rutinas familiares, generar tensiones en las relaciones con los otros hijos o entre los propios padres, y dificultar el manejo de la vida cotidiana.

¿Cuándo acudir a un profesional?

Todos los niños sienten miedo en algún momento, y es parte de su crecimiento. Pero cuando el miedo les impide disfrutar, aprender y relacionarse con normalidad, es momento de actuar. La ansiedad por separación puede abordarse con éxito mediante terapia psicológica, apoyo familiar y herramientas adecuadas.

Es importante acudir a terapia cuando:

  • El miedo a la separación dura más de lo esperable para la edad.
  • Afecta significativamente la vida del niño o de la familia.
  • El niño sufre intensamente o desarrolla síntomas físicos asociados.
  • Las estrategias familiares ya no son efectivas para calmarlo o manejar la situación.

Este artículo ha sido redactado por Andrea Pérez durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

 

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