¿Y si no lo hago bien?: El miedo silencioso de las madres primerizas

08/06/2025 por Psicología MensActiva S.L.

La llegada de un bebé representa uno de los cambios más significativos en la vida de una madre, sobre todo si se trata del primer bebé, lo que genera una transformación profunda a nivel emocional, social y fisiológico. Es cierto que este periodo lleva asociadas experiencias emocionales positivas, pero también puede activar respuestas de estrés adaptativo vinculadas a la nueva responsabilidad, dando lugar a miedos, inseguridades y sentimientos de culpa. Esto último se encuentra muy relacionado con el temor a no estar a la altura como madre, cometer errores o causar, sin querer, un daño al bebé. La ansiedad que pueden llegar a generar estos pensamientos, asociado a la adaptación de las nuevas responsabilidades y necesidades del bebé, puede afectar significativamente psicológica y emocionalmente a la madre, por ello es importante que sea acompañada y conste de herramientas eficaces.

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Miedos comunes en la maternidad primeriza 

Como se comentaba anteriormente, la transición a la maternidad lleva asociada un espectro de miedos y preocupaciones, distintas en cada madre, sin embargo, el núcleo común de todas ellas es “la autopercepción de competencia maternal”, es decir, el miedo a no estar siendo buena madre. 

Miedos más frecuentes: 

  • Incertidumbre interpretativa, es decir, ese miedo a no saber interpretar las “señales” del bebé, así como el llanto, los gestos, los movimientos…
  • Temor a la negligencia involuntaria, que sería ese miedo a hacerle daño sin querer. Como por ejemplo, miedo a hacerle daño al bañarle, darle de comer o vestirse, incluso, existe la gran preocupación por cometer olvidos o errores en esa “rutina perfecta” de cuidados. Además, del miedo de no saber actuar ante alguna posible situación de emergencia. 
  • Conflictos en la lactancia, en aquellas madres que deciden dar el pecho, pueden surgir dudas sobre si la producción y calidad está siendo la correcta, miedo a no establecer un vínculo adecuado durante la alimentación. 
  • Culpa anticipada y autoexigencia, llegan a surgir estos sentimientos al pensar que no se está disfrutando como debería de la maternidad e, incluso, culpa por necesitar tiempo para sí misma. 
  • Miedo de los pensamientos, en ocasiones el nivel de estrés de las madre es tan elevado que pueden llegar a tener, lo que se denominan como “pensamientos negativos intrusivos”, como por ejemplo pensar que “quiere asfixiar al bebé”, algo que les hace sentir muy culpables y tener mucho miedo, ya que creen que si lo han pensado lo pueden llegar a hacer. 

Factores que influyen en los miedos de la maternidad:

  • Perfeccionismo: aquellas madres con altos niveles de autoexigencia tienden a presentar mayor ansiedad por cumplir con su rol, lo que hace que se genere un ciclo de insatisfacción. 
  • Modelos de apego: madres con historial de relaciones inseguras o experiencias traumáticas en la infancia, pueden proyectar sus miedos al vínculo con el menor. 
  • Brecha de experiencia: la falta de experiencia previa en el cuidado con recién nacidos genera dudas sobre las propias capacidades, ya que hay una creencia errónea de que se necesitan habilidades especiales innatas “una nace para ser o no ser madre”. 
  • Mitos: la sociedad promueve un ideal de “la madre perfecta”, algo realmente inalcanzable y nada realista. Sin embargo, las redes sociales ayudan a promover este falso mito, en el que se pueden ver madres con gran dedicación, constantemente alegres… Lo que hace que haya una comparación constante con un ideal erróneo, haciendo que lo que hagamos siempre deje que desear frente a lo que hacen las madres “ideales”. 
  • Apoyo social:  la ausencia familiares cercanos o apoyo social, influye en la sobrecarga de tareas de cuidado, no teniendo tiempo para el autocuidado de la madre. 
  • Disparidad de roles: cuando hay un desequilibrio en la repartición de tareas de cuidado, haciendo que caigan únicamente en la madre. 

Cómo reducir el impacto en la salud mental

Todas las cuestiones anteriores, hace que las madres, sobre todo las primerizas, puedan presentar altos niveles de estrés tanto antes como después del parto, pudiendo en ocasiones presentar depresión postparto (pincha aquí si quieres leer más sobre la depresión postparto): 

Sentir algo de estrés y estar nerviosas por sí haremos las cosas bien, es normal, ya que el estrés en pequeñas cantidades es funcional y nos ayuda a estar alerta. Sin embargo, podemos contar con algunas herramientas para evitar que este nos afecte más de lo que debería. 

Gestionar la autoexigencia

  • Generar un autodiálogo, normalizando que no todo lo vamos a poder a hacer bien pero aprenderemos a hacerlo mejor, aunque nunca perfecto. Este autodiálogo se basará en frases como “Estoy haciendo lo mejor que puedo”, “No puedo controlar todo”.
  • Establecer metas realistas por pasos, por ejemplo, aprender a realizar un biberón a buena temperatura, otro día a cambiar los pañales sin prisa…
  • Crear un diario de logros, para poder reforzar todo lo anterior y poder recordarnos qué hemos aprendido a hacer cosas que antes no podíamos, ya que es algo que olvidamos con frecuencia. 
  • Ante momentos de mucha ansiedad, realizar respiraciones sencillas como la respiración cuadrada, se trata de inhalar 4” – retener 4”- exhalar 4”- mantener pausa 4”

Crear seguridad

  • Aprender de manera progresiva las señales básicas del bebé, aunque los libros hablen de señales comunes en los bebés no todos son iguales, lo cual puede generar mucha frustración sino identificamos las señales que hemos visto en la teoría, por ello siempre será mejor basarnos en la práctica. 
  • Crear un kit de emergencia, tener siempre preparada con imprescindibles del bebé por si hubiese que salir por alguna urgencia y tener a mano números de profesionales o apoyos, por si en algún momento lo necesitamos. 
  • Normalizar que no podemos controlar que el menor sufra pequeños accidentes.
  • Acudir a talleres en los que puedas relacionarte con otras madres, de esta manera podrás mantenerte segura de ver otras madres en tu situación e incluso apoyarte en ellas. 

Fomentar el autocuidado

  • Programar 10 minutos de microdescanso cada 1-2 horas para estirar el cuerpo, hidratarte…
  • Poner en práctica la regla del 20%, es decir, no necesitas hacer todo perfecto, sino lo suficientemente bien. 
  • Mantener las redes de apoyo social es fundamental, al igual que pedir ayuda cuando lo necesitamos, no es algo malo ni de debilidad, al contrario es un acto de amor maternal, ya que para cuidar bien de los que queremos tenemos que nosotros también estar bien. 

Estas herramientas nos ayudarán a sentirnos un poco mejor con el proceso, sin embargo, en caso de presentar señales como pensamientos intrusivos, ansiedad constante y generalizada, insomnio o cualquier otro síntoma intenso que se prolongue en el tiempo, es importante que puedas acudir a un profesional de la salud mental para que pueda ayudarte y ofrecerte herramientas de manera más personalizada. Si te planteas comenzar terapia y quieres resolver tus dudas sobre este tema, no dudes en contactar con nosotras. 

Este artículo ha sido redactado por Sofía Moruzi Lobato durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

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