El estrés es una respuesta adaptativa ante las demandas del entorno e implica una movilización inmediata y máxima de recursos para poder hacer frente a esas demandas. Normalmente se manifiesta a través de síntomas fisiológicos, conductuales y psicológicos. Ocurre que cuando esa respuesta normal y adaptativa se ve sobrepasada por los acontecimientos y supera el umbral de nuestro nivel de estrés, provoca una serie de efectos negativos tanto a nivel psicológico (pensamientos desadaptativos, como físico (evitaciones a determinados estímulos) y fisiológico (alteración del sueño, por ejemplo). En el caso de los profesionales sociosanitarios los efectos y riesgos se manifiestan también a estos tres niveles. En este artículo exploramos el estrés en profesionales sociosanitarios.
Fuentes de estrés en el ámbito sociosanitario/psicosocial
El compromiso emocional inherente al trabajo con personas que necesitan ayuda puede generar estrés. Factores como la sobre identificación con usuarios, la exposición a tragedias, o mantener expectativas poco realistas y sentimientos de culpa suelen ser comunes en estos profesionales. Asimismo, otras fuentes de estrés suelen estar en el hecho de asumir el rol de salvador/a, o creer en el mito de la invulnerabilidad que hace que muchos de estos profesionales no suelan pedir ayuda.
Identificación de riesgos psicosociales
Examinar los efectos a largo plazo revela riesgos y consecuencias como el síndrome de burnout, caracterizado por un agotamiento físico y mental, pérdida de empatía y baja realización personal. La fatiga por compasión es otra consecuencia que hace referencia al malestar que experimenta cualquier profesional a consecuencia del trabajo que realiza en un servicio de apoyo.
Por último la traumatización vicaria que refiere a la experimentación por parte del profesional de algunos de los efectos negativos que la persona usuaria ha traído a consulta y la secundaria donde muchas veces los profesionales han sido testigos del incidente traumático ( por ejemplo un atraco en el propio dispositivo) son también posibles consecuencias de la exposición continua a situaciones emocionalmente demandantes.
El cuidado de los profesionales sociosanitarios: estrategias y habilidades de autocuidado
La dinámica del estrés no solo afecta a individuos, sino también a equipos de trabajo. Equipos «quemados» pueden manifestar desinterés, resignación y pérdida de confianza en los demás. En este sentido contar con estrategias de autocuidado se hace algo esencial en el ámbito laboral, y no solo a nivel individual. La gestión de equipos debe considerar la provisión de espacios y condiciones que promuevan el bienestar colectivo.
Abordando el desgaste laboral
Si tomamos el burnout como el resultado de una exposición cotidiana al desgaste, entonces es fundamental que los encargados de la gestión de equipos prioricen el bienestar del mismo. Se proponen estrategias en cuatro niveles: individual, equipos de trabajo, redes profesionales y formación continua de los profesionales.
La transversalidad del cuidado implica no solo acciones para el autocuidado, sino también modos de trabajo que incorporen la preocupación por el bienestar colectivo. Algunos ejemplos de ello pueden ser:
- Asegurar condiciones mínimas de resguardo de la integridad personal en el trabajo
- Generar espacios de vaciamiento y descompresión cotidianos y estructurados.
- Co-responsabilidad ante decisiones que afectan la vida o integridad de los/as usuarios/ as y/o a integrantes del equipo.
- Generación de relaciones de confianza entre integrantes del equipo.
- Fomentar estilos de liderazgo democrático
Diez tips o recomendaciones de autocuidado personal
Vistas las estrategias a nivel de equipos nos gustaría señalar también algunas estrategias o habilidades que se pueden hacer a nivel individual.
- Atiende tus necesidades: Conéctate con tus emociones y compártelas.. Permítete sentir y expresar emociones difíciles.
- Descansa y desconecta: Mantente desconectado del trabajo fuera de tu horario laboral. Prioriza el descanso para enfrentar las demandas asistenciales.
- Practica la empatía: Trátate con amabilidad, aceptando tus debilidades y fortalezas. Aplica la empatía hacia ti mismo.
- Promueve el contacto emocional: Mantén el contacto con personas importantes y comparte tus necesidades.
- Cuida tu cuerpo: Prioriza hábitos saludables como dormir, descansar, alimentarte bien y realizar actividad física.
- Piensa en lo que puedes controlar: Reconoce y actúa sobre lo que puedes controlar. Evita el «síndrome de superhéroe».
- Aprende estrategias de regulación emocional: Realiza pausas cortas y prácticas de relajación. Incorpora estrategias como la meditación para liberar tensión.
- Selecciona tus fuentes de información: Evita la sobreinformación. Elige fuentes y momentos específicos para informarte.
- Fomenta la relación con los equipos de trabajo: Colabora con tu equipo y comparte logros y dificultades. Confía en el equipo y pide ayuda cuando sea necesario.
- Busca Ayuda profesional en caso de necesitarlo. Cuando veas que ninguna de estas estrategias es suficiente mira la posibilidad de pedir ayuda profesional. Aunque seas profesional, ante todo eres también un ser humano. Nuestro equipo de psicólogas puede ayudarte a través de terapia presencial u online. Contacta con nosotras si lo necesitas.
De manera complementaria a este artículo te recomendamos ver nuestro taller gratuito de autocuidado. Aquí podrás encontrar más herramientas prácticas para el manejo del estrés y aprender a cuidarte más.
Conclusiones
En resumen, el reconocimiento y manejo del estrés en el ámbito sociosanitario son esenciales para preservar la salud y el rendimiento de los profesionales. Abordar este desafío no solo recae en prácticas individuales, sino también en la creación de entornos laborales que promuevan el cuidado y bienestar colectivo.
Las estrategias y habilidades de autocuidado de estos profesionales y de los equipos , han demostrado ser factores de protección que aseguran su bienestar y permiten la continuidad asistencial, Por ello, es importante identificar señales de alerta, y conocer las reacciones: físicas, emocionales, cognitivas y conductuales más habituales, así como recursos para su afrontamiento. De esta forma podemos prevenir problemas futuros y ayudaremos a cuidar a quienes nos cuidan.
Este artículo ha sido redactado por Christian Escobar durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

