Trastorno por Atracón: qué es, cómo se manifiesta y cómo tratarlo

12/09/2025 por Psicología MensActiva S.L.

En los últimos años, los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) como la anorexia y la bulimia han comenzado a recibir mayor atención. Sin embargo, uno de los más prevalentes y menos reconocidos sigue siendo el Trastorno por Atracón (TA). Este artículo busca aclarar dudas comunes e invitar a reflexionar sobre la importancia de pedir ayuda.

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¿Cómo saber si tengo Trastorno por Atracón?

Vamos a contarte una historia. Silvia tiene 30 años y siempre ha disfrutado de la comida. Creció en un entorno familiar que daba gran valor a la delgadez y al ejercicio físico. Desde niña tuvo sobrepeso, lo que le generaba vergüenza y evitación social. En distintas etapas intentó perder peso con dietas estrictas, logrando resultados rápidos, pero también rebotes constantes.

¿Te resulta familiar? Sigamos…

Su relación con la comida se deterioró aún más al iniciar un trabajo estresante. Comenzó a comprar grandes cantidades de comida y a comer rápidamente, incluso antes de llegar a casa. Lo hacía en secreto, sintiéndose después culpable y avergonzada, lo que reforzaba el ciclo de atracones.

Silvia probablemente padece Trastorno por Atracón, un TCA caracterizado por episodios de ingesta excesiva con sensación de pérdida de control y gran malestar emocional.

¿Te resuena la historia de Silvia? Entonces, te invitamos a seguir leyendo.

¿Qué tipo de personas padecen Trastorno por Atracón?

Tradicionalmente, se ha asociado los TCA con mujeres, pero esto está cambiando. Los varones muestran un aumento en los diagnósticos, aunque con manifestaciones distintas: enfocados más en la musculatura y en ocasiones acompañados por el uso de esteroides, lo que dificulta su detección.

A diferencia de la anorexia o la bulimia, el Trastorno por Atracón no siempre implica una distorsión de la imagen corporal ni una fuerte insatisfacción con el cuerpo. Esto hace que muchas personas no lo identifiquen como un trastorno.

El TA puede afectar a personas de cualquier edad, origen o condición social, aunque adolescentes y adultos jóvenes son particularmente vulnerables. La edad media de inicio ronda los 20 años, pero tiende a presentarse cada vez más temprano. También es más frecuente en personas con sobrepeso u obesidad, lo que agrava el estigma y dificulta el acceso a tratamiento.

¿Estoy teniendo un atracón? Señales o síntomas del Trastorno por Atracón

Un atracón es un episodio donde se consume una gran cantidad de comida acompañada de una intensa sensación de pérdida de control. Suele estar desencadenado por emociones difíciles, consumo de alimentos “prohibidos” o sentimientos como la soledad. A diferencia de la bulimia, en el TA no hay conductas compensatorias para contrarrestar el aumento de peso.

Algunas señales que pueden ayudarte a identificar un atracón son:

  • Comer muy rápido o hasta sentirse incómodamente lleno.
  • Sensación de conciencia alterada o desconexión.
  • Comer a escondidas.
  • Culpa, ansiedad o tristeza posterior.

El papel de las emociones: Trastorno por Atracón en adolescentes

El TA rara vez está motivado únicamente por el hambre. Muchas personas que lo padecen tienen dificultades para identificar señales internas de hambre y saciedad, y utilizan la comida para regular emociones como tristeza, ansiedad o frustración.

Esta relación entre emociones y conducta alimentaria es especialmente relevante durante la adolescencia, una etapa caracterizada por una intensa reactividad emocional y cambios significativos en la identidad personal. En este contexto, la comida puede convertirse en una estrategia para gestionar el malestar emocional.

Estudios recientes señalan que los adolescentes con mayores dificultades para regular sus emociones tienden a presentar más conductas de alimentación emocional, atracones, ingesta descontrolada y alimentación externa —es decir, comer en respuesta a estímulos del entorno más que por hambre fisiológica—. Esta relación es aún más fuerte en jóvenes con sobrepeso u obesidad.

Una de las habilidades emocionales más comprometidas en personas con Trastorno por Atracón es la conciencia emocional, es decir, la capacidad para identificar y comprender lo que se está sintiendo. Cuando esta habilidad falla, se hace más difícil gestionar de forma saludable los estados emocionales, lo que puede derivar en atracones como forma de alivio inmediato.

A largo plazo, sin embargo, esto perpetúa el ciclo de malestar, culpa y pérdida de control. Además, muchas personas con TA emplean estrategias de regulación emocional desadaptativas, como la rumiación (darle vueltas a los pensamientos), la supresión emocional o la autocrítica. Estas estrategias, lejos de aliviar el sufrimiento, lo intensifican y se asocian con un mayor número de episodios de atracón.

Comprender el papel que juegan las emociones en el TA no solo ayuda a explicar por qué se produce, sino que también es fundamental para orientar un tratamiento eficaz

Romper el silencio: la importancia de un diagnóstico a tiempo del Trastorno por Atracón

Aunque el Trastorno por Atracón es uno de los TCA más prevalentes, sigue siendo uno de los menos reconocidos y tratados. Se estima que solo entre el 20% y el 25% de las personas que lo padecen buscan ayuda profesional. Esta baja tasa de consulta se debe, en gran parte, a la vergüenza, el estigma social y la falta de información sobre el trastorno.

Muchas personas no identifican su malestar como un problema de salud mental o minimizan sus síntomas porque creen que “simplemente les falta fuerza de voluntad”. Otras sienten culpa o miedo de ser juzgadas por sus hábitos alimentarios. Esta invisibilización no solo retrasa el diagnóstico, sino que también incrementa el sufrimiento y favorece la cronificación del trastorno.

El TA, además, suele coexistir con otras condiciones físicas como la obesidad, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares, así como con trastornos del estado de ánimo, especialmente la depresión. Cuando no se aborda de forma integral, puede afectar de manera significativa la calidad de vida, el bienestar emocional y las relaciones personales.

Es importante recordar que la gravedad del trastorno no se mide únicamente por la frecuencia de los atracones, sino por el grado de interferencia que estos generan en la vida diaria: aislamiento social, baja autoestima, deterioro emocional, dificultad para concentrarse o rendir en el trabajo o los estudios. Como en otros TCA, el impacto va mucho más allá de la comida.

Buscar ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía. Reconocer el problema es el primer paso para salir del aislamiento y empezar un proceso de recuperación.

Tratamiento del Trastorno por Atracón

El tratamiento del Trastorno por Atracón debe ser integral y multidisciplinar, abordando no solo la alimentación, sino también los aspectos emocionales, cognitivos y sociales implicados. Aunque los cambios en la dieta pueden ser útiles al principio, sin intervención psicológica el riesgo de recaída es alto. Por eso, los enfoques más eficaces combinan terapia psicológica, nutricional y, en algunos casos, apoyo médico o farmacológico.

Las terapias más efectivas son:

  • Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): ayuda a modificar pensamientos disfuncionales, mejorar la relación con la comida y reducir la frecuencia de los atracones.
  • Terapia Interpersonal (TIP): se enfoca en mejorar las relaciones personales y manejar conflictos emocionales que puedan estar en el origen del trastorno.
  • Terapia Dialéctico-Conductual (TDC): integra la atención plena (mindfulness) con herramientas para regular emociones intensas y controlar impulsos. Es especialmente útil cuando el TA está ligado a emociones difíciles de gestionar.

La recuperación es posible. Muchas personas logran romper el ciclo del Trastorno por Atracón, mejorar su autoestima y construir una relación más amable con su cuerpo y su alimentación.

Si sientes que el problema se ha vuelto difícil de controlar, es el momento de pedir ayuda. Buscar apoyo profesional es el primer paso hacia una vida con más equilibrio, bienestar y libertad.

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Este artículo ha sido redactado por Candela Macarro durante la realización de sus prácticas del Máster en Psicología General Sanitaria.

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