Cuidar implica mucho más que atender necesidades físicas. Es un acto continuo que combina responsabilidad, afecto, entrega y acompañamiento emocional. Supone estar disponible para otra persona que depende, parcial o totalmente, del cuidado ajeno para desenvolverse en su vida diaria. Esto, a veces, hace que se nos olvide que también es muy importante cuidar al que cuida.
Dimensiones del cuidado
El cuidado tiene dos dimensiones:
- Una Dimensión Práctica: Aseo, alimentación, medicación, gestión de citas.
- Una Dimensión Emocional: Estar, sostener, escuchar, contener.
Ambas son igual de importantes, aunque muchas veces la parte emocional se invisibiliza, sobre todo cuando los cuidadores son de tipo informal (familia).
¿Qué tipos de cuidadores existen?
Por un lado están los cuidadores formales, que son aquellos que desempeñan profesionalmente la tarea de cuidar, cuentan con formación específica y remuneración. Ellos también pueden experimentar desgaste emocional o sobrecarga.
Por el otro tenemos a los cuidadores informales, que son familiares o personas del entorno afectivo. Estos no reciben remuneración por los cuidados y suelen asumir el rol de forma progresiva, a veces sin haberlo elegido conscientemente. Son el principal pilar del sistema de atención a la dependencia. Su implicación emocional es alta y la carga suele recaer en una sola persona, con riesgo de aislamiento o agotamiento.
¿Qué aspectos trataremos en este taller?
Las psicólogas Natalia Gutiérrez y Raquel Sanz, tratarán a través de este taller gratuito de una hora de duración los siguientes puntos:
- Analizar la evolución del rol de cuidador a lo largo del tiempo.
- Dilemas y ambivalencias que se generan a consecuencia del cuidado a otros.
- Fatiga por el síndrome del cuidador y estrategias para afrontarlo.
- Plan de autocuidado: Cuidar al que cuida.
