El individualismo y el vínculo fantasma en la pareja

17/10/2024 por Psicología MensActiva S.L.

En un mundo que se encamina vertiginosamente a la individualización, las relaciones parecen haberse convertido en meros lazos superfluos de personas anhelantes de seguridad afectiva, pero reacias a un compromiso que les suponga separarse del foco individualista y la carga de ver comprometida una libertad necesaria para, precisamente, seguir relacionándose.

De esta forma, la vinculación emocional, considerada una de las mayores virtudes humanas, ha pasado a ser una moneda de doble cara, y, aunque virtuosa, también resulta tortuosa.

¿Cómo son las relaciones que predominan en la actualidad?

En la actualidad, las relaciones intermitentes se han vuelto cada vez más comunes, dándose ciclos recurrentes de idas y venidas, que  perpetúan una “no relación” en donde no existe un compromiso a invertir el esfuerzo necesario para construir una conexión estable, pero que, paradójicamente, se mantienen en un círculo aparentemente desinteresado en el que no se consigue cuadrar.

Resulta interesante reflexionar sobre la cantidad de historias corrientes que parecen presentar el mismo patrón, en las que se experimenta la fragilidad de los lazos humanos modernos y la facilidad contemporánea de deshacerse de aquello que expone cualquier tipo de inseguridad, y que desacreditan cada asociación sentimental que ponga en riesgo “acabar descubriendo” la necesidad innata de vinculación afectiva.

Como seres humanos, nos vemos inmersos en un complejo tejido de emociones desde nuestro primer suspiro al nacer, hasta nuestro último aliento. Vincularnos a nuestras figuras de apego desde la infancia nos permite generar un marco de referencia a través del cual mirar al mundo, un esquema latente y particular que guía el aprendizaje y la regulación de las interacciones sociales a lo largo de nuestra vida, así como el manejo de las propias experiencias internas.

La tendencia al individualismo en la sociedad actual

¿Cómo puede ser la vinculación el precio de una vida no alineada con los estándares sociales? ¿de verdad estamos romantizando el individualismo en una sociedad que no existiría si no fuese por la comunidad? Parece un sinsentido. Un sinsentido que se ha ido acomodando sigilosamente hasta penetrar en las capas más profundas del trato humano, haciéndonos pasar a ver las relaciones como transacciones donde sólo se debe ganar, y por las que nadie parece estar dispuesto a pagar ningún precio.

Precisamente, toda decisión de construir un vínculo implica un cambio. Un cambio en el ajuste hacia la otra persona, un cambio en las prioridades, incluso un cambio en las metas vitales. Pero la idea sobre los compromisos, como bien dice Juan Ortega Rojas en su artículo: El vínculo de pareja: una posibilidad afectiva para crecer”, es que si no se está en disposición de asumirlos no es el momento de construir un vínculo.

De aquí el término de este título, que hace referencia a aquella inversión emocional que termina estancándose a expensas de ser reconocida en una relación en la que se está “con un pie dentro y otro fuera”: querer una relación pero rechazar cualquier carga que suponga estar relacionado. Un vínculo que no existe, pero se mantiene. Un vínculo fantasma.

Pero si bien esto supone un problema actual, claramente hay una solución para prevenirlo. Y la respuesta, como si de una frase de Disney se tratase, está en nuestro interior.

Por ello hablaremos de los siguientes puntos clave que debemos ajustar a la hora de empezar una relación, para protegernos y evitar caer en las inoportunas y complicadas redes de un vínculo confuso:

La importancia de las expectativas en las relaciones

Suelen reflejar lo que cada persona espera recibir y aportar en la relación. Muchas personas construyen estas expectativas en base a esquemas de referencia particulares, construidos de acuerdo a experiencias y aprendizajes previos que trasladan a nuevas relaciones. Este fenómeno, como menciona Bernard (1988), se denomina sobreposición del mundo interno sobre el mundo externo, donde se proyectan los deseos y expectativas propios sobre los demás, esperando que actúen en base a esos patrones internos.

Sin embargo, las expectativas no siempre coinciden entre ambos, ya que cada uno trae consigo su propio “mundo particular”. Por lo tanto, el reto está en reconocer esas diferencias y mantener una comunicación clara y flexible sobre lo que esperamos y lo que la otra persona puede ofrecer.

Realidad vs. Idealización

Cuando conocemos a alguien nuevo, es muy fácil fijarnos sólo en sus cualidades positivas. Una carta de presentación atractiva rápidamente nos lleva a imaginar casi inconscientemente escenarios de un futuro perfecto, en los que proyectar nuestros deseos y jugar a combinar apellidos. Una etapa emocionante, y en cierto sentido necesaria, ya que cimenta el vínculo emocional. Sin embargo, la idealización nos puede llevar a minimizar o pasar por alto aspectos importantes de la otra persona, creando expectativas poco realistas que, a largo plazo, pueden suponer una complicación o incluso una amenaza a nuestra integridad.

El equilibrio entre la realidad y la fantasía resulta clave a la hora de optar por mantener un vínculo, ya que elegir a una persona, también es aceptar sus cualidades menos deseables.

Pero, a nuestro favor, poner los pies en la tierra es también una oportunidad valiosa para construir una relación más auténtica y sólida.

Autoestima y amor propio

La autoestima es el amor y la consideración que una persona tiene hacia sí misma. Se trata del grado de aceptación que sentimos con lo que vemos de nosotros mismos en base a nuestras propias creencias internas y la influencia de un contexto en el que también se nos atribuye un valor, pudiendo ser este un balance positivo o negativo.

Resulta valioso tener presente el amor propio en cuanto a que es la base para construir nuestra propia personalidad, y distinguir las fortalezas y limitaciones individuales. Conocerse a uno mismo es el primer paso para expresar nuestras necesidades a los demás, y determinar aquellas cosas por las que no se está dispuesto a pasar. Por eso, en las relaciones, sentirse seguro parte del autoconocimiento y la autoaceptación, y la puesta en común de factores como la comunicación, la empatía o el apoyo mutuo.

El poder de estos elementos requiere constancia y conocimiento, pero actúan como herramientas clave a la hora de formar vínculos sanos, y nos ayudan a discernir los momentos adecuados para poner fin a una situación, evitando quedar atrapados en un indeseable inframundo emocional.

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Este artículo ha sido redactado por Raquel Hernando durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

 

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