Familias disfuncionales

14/02/2025 por Psicología MensActiva S.L.

Últimamente, en Instagram, TikTok y redes sociales en general, todo parece perfecto: vacaciones de ensueño, fiestas increíbles, parejas ideales… Y ahora, en Navidad, vemos un montón de fotos de familias felices, que parecen sacadas de una película.

Pero ¿Qué pasa si tu realidad no es o ha sido así? Desde Mensactiva, queremos hablar de algo que existe, aunque no salga tanto en redes: las familias disfuncionales. Muchas personas han crecido en entornos difíciles, donde la convivencia estaba marcada por conflictos, indiferencia o falta de cuidado, en lugar de un hogar que trasmitiera seguridad y cariño.

¿Qué es una familia disfuncional?

Desde pequeñitos, los seres humanos somos dependientes y sociales: necesitamos que alguien nos alimente, nos abrigue y nos cuide, y esas personas suelen ser nuestras figuras de referencia, normalmente nuestros padres. De ellos aprendemos mucho sobre cómo relacionarnos con el mundo. 

¿Y si estas personas no cumplen su papel? Aquí es donde entra el concepto de familia disfuncional: relaciones familiares donde no se satisfacen necesidades básicas, tanto físicas como emocionales. Esto nos lleva, sin ser conscientes a aprender formas de relacionarnos que no son las más adecuadas, pero que nos están sirviendo para “sobrevivir” y autoprotegernos en ese momento: pensamientos, formas de comunicarnos y reglas mentales, que también son disfuncionales.

En este artículo, exploraremos esos aprendizajes que llevamos arrastrando y cómo nos afectan en la vida adulta, esas inseguridades que no sabes de dónde vienen. Después intentaremos hacer una pequeña reestructuración para soltar, si lo necesitas, esos aprendizajes que te ayudaron en el momento, pero que ahora no es lo mejor para ti.

Características y consecuencias de las familias disfuncionales

Normalización del abuso

Las personas que han vivido en ambientes disfuncionales aprenden que “tienen que perdonar”, o que no tienen nada de malo o dañino esos comportamientos abusivos, o situaciones donde les han tratado mal, menospreciado…

Se aprende que estos comportamientos son inevitables y que no es necesario una disculpa. En este tipo de familias tras un conflicto, se vuelve de nuevo una situación de “calma», como si nada hubiera pasado, donde asumes que eso es lo normal, lo habitual y lo que debemos de esperar con otras personas y otros contextos.

Lo que ocurre también con esto es que, al normalizar el abuso, extrapolamos que las demás personas fuera del contexto familiar nos traten así: amistades, parejas…

Ejemplo: “Si estás acostumbrada/o a que tu madre te critique todo el rato la ropa que llevas, lo poco o muy arreglada que vas, puedes ver normal que tu pareja te controle la forma de vestir, o que tengas amistades que se rían de tu estilo”.

Roles confusos

En las familias disfuncionales encontramos roles desdibujados, personas que han tenido que aprender a cuidarse desde la infancia, asumiendo responsabilidades que no le corresponden a su edad. Os dejamos los siguientes ejemplos:

  • El niño cuida a los adultos (parentalización): Cuando los padres están ausentes emocionalmente o son abusivos, los niños asumen tareas de adultos, como cuidar a sus hermanos o brindar apoyo emocional a los padres. Esto les roba su infancia y puede dificultarles pedir ayuda o delegar responsabilidades en la adultez.
  • El blanco de las críticas:  Este miembro de la familia carga con las culpas de los problemas familiares. Las críticas constantes y la culpabilización afectan su autoestima y les hacen sentir responsables de cosas que no les corresponden, algo que puede acompañarlos toda su vida.
  • El héroe o salvador: Este rol recae en el niño o adolescente que intenta «salvar» a la familia destacándose en todo para desviar la atención de los problemas. Aunque parece algo positivo, puede generar una presión enorme por ser perfecto, miedo al fracaso y una constante sensación de carga.

Estos roles disfuncionales generan confusión y afectan la dinámica familiar, impidiendo que los miembros puedan establecer límites sanos o comunicarse de manera efectiva. A largo plazo, esto puede convertirse en patrones que dificulten las relaciones y el bienestar en la vida adulta.

Aglutinamiento

Otro tipo de familia disfuncional es la llamada «aglutinada«. En este tipo de dinámica, los roles familiares no están claramente definidos, lo que provoca una mezcla confusa de responsabilidades y emociones. Este aglutinamiento genera una sensación de falta de autonomía, donde los miembros de la familia pueden sentirse atrapados o incapaces de desarrollar una identidad propia fuera del grupo.

Por ejemplo, encontramos casos de padres que toman decisiones que sus hijos ya son capaces de hacer por sí mismos, como elegir su ropa, sus actividades extraescolares o incluso sus amistades. Además, dificultan que los hijos interactúen con personas ajenas al núcleo familiar. En la adolescencia, este control se intensifica, imponiendo las preferencias de los padres por encima de las del propio adolescente, lo que puede limitar su crecimiento personal y social.

Chantaje emocional

El chantaje emocional es una estrategia común en familias disfuncionales. Esta dinámica consiste en la manipulación emocional de los miembros para controlar sus decisiones o comportamientos.

Los miembros de familias disfuncionales suelen emplear el miedo al rechazo o al abandono, la culpa («mira todo lo que he hecho por ti») y la obligación («me debes esto por ser tu madre/padre/hermano, o porqué yo he hecho todo esto por ti»).

Dependencia emocional

La dependencia emocional es una de las consecuencias más comunes al crecer en un entorno familiar disfuncional. Se ha visto que cuando las figuras de referencia no proporcionan un cuidado emocional adecuado, los individuos pueden desarrollar un patrón de relaciones donde buscan en otros la validación y el afecto que no recibieron en su infancia. Esto los lleva a establecer vínculos desequilibrados, en los que su bienestar depende casi exclusivamente de la aprobación y atención de la otra persona.

Esto se relaciona fuertemente con los ejemplos puestos anteriormente y explica el porque estas personas no son capaces de poner limites o entender que lo qué les está sucediendo está mal.

Rompiendo patrones y curando heridas

Desde Mensactiva queremos apoyarte, y vamos a dar unos tips, que pueden ayudarte a comenzar o al menos entender mejor este camino hacia el bienestar emocional.

  • Establecer límites saludables: Aprender a decir «no» y priorizar el cuidado personal son herramientas fundamentales para romper con la dependencia emocional y los roles familiares impuestos. Sobre todo, también liberarse de la culpa al poner limite, independientemente de los comentarios que recibas.

Por ejemplo: Mamá aprecio tu preocupación, pero me visto de una manera en la que estoy cómoda y me gusta mi estilo.

  • Reestructurar creencias internas: Identifica que creencias son aquellas que se han instaurado en tu cabeza, por las palabras que te hirieron.

¿No soy suficiente o es que mi padre siempre me exigía ser la mejor?

¿Tengo que hacerlo todo bien por mi o porque era la única forma de que mis padres me dieran cariño?

Trabajar en reemplazarlas por creencias más saludables es parte del proceso de sanación.

  • Aprender nuevas formas de comunicarse y relacionarse: Destacamos la importancia de poder reestructurar todas las creencias sobre la violencia. La violencia no es normal, no es por amor, no es por disciplina en la crianza. Solo deja una huella en nosotros que afecta a nuestra autoestima. Por eso potenciamos la necesidad de reemplazar dinámicas de violencia por habilidades como la comunicación asertiva y la gestión emocional es clave para evitar repetir los mismos patrones en futuras relaciones.                                 
  • Construir una red de apoyo sana: La familia también se elige. Rodéate de personas que te quieran y te cuidan, que aceptan tus defectos y no te criminalizan por ellos, si no que te ayudan a mejorar y te abrazan cuándo has cometido un error.  Por supuesto, esta red de apoyo debe estar alejada del chantaje y la dependencia emocional.                                                                                                          
  • Autocuidado: Muy de la mano de darse prioridad y respetar el bienestar emocional y físico de uno/a misma, reconociendo que esto no es egoísmo, sino que es una necesidad básica para encontrarse bien.

Por ejemplo: Tus padres te piden que acudas a una comida familiar porque no quieren quedar mal con el resto de los familiares, y porque “ellos lo harían por ti” o “porque si no vas, les dejas en ridículo”.

Di NO. Si lo necesitas, quédate en casa descansando, o queda con personas con las que sí te apetezca estar en tu tiempo libre, porque te sientes bien y acogida por ellos, al contrario, tal vez que en esa comida familiar.

Las líneas actuales de la psicología clínica abogan en que sanar las heridas familiares requiere tiempo, autocompasión y disposición para construir una nueva narrativa propia, lejos del daño. que te permita quererte y creer en ti.

Si has crecido en una familia disfuncional y sientes que esto está afectando tu vida personal, queremos recordarte que buscar ayuda profesional o dedicar tiempo a reflexionar sobre tu historia puede marcar la diferencia para sanar esas heridas del pasado.

«Aprender a sanar el pasado no significa borrar la memoria, sino transformar el dolor en aprendizaje para que ya no nos controle”. –  Pepa Horno

Este artículo ha sido redactado por Johanna Tabales durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

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