¿Alguna vez has sentido que la tristeza te ha impedido pensar con claridad, recordar datos comunes o concentrarte en las tareas del día a día? Esto no es casualidad, ya que la depresión y el deterioro cognitivo son dos fenómenos clínicos que están estrechamente relacionados.
A pesar de que en principio son problemáticas distintas, actualmente sabemos que una puede influir en la otra, por lo que comprender esta interrelación nos puede ayudar a observar la salud mental desde una perspectiva más completa, donde el ánimo y las funciones cognitivas van de la mano.
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La depresión: manifestaciones más allá del estado de ánimo
La depresión es un trastorno mental que se caracteriza sobre todo por sentir una profunda tristeza de forma prolongada en el tiempo, aunque este es tan solo uno de los síntomas de esta condición. Además de la tristeza, las personas con depresión experimentan otros síntomas anímicos como la irritabilidad, el sentimiento de vacío, el nerviosismo, la dificultad de experimentar emociones positivas o la anhedonia (pérdida de la capacidad de disfrutar de situaciones placenteras).
Por otra parte, estas también presentan síntomas motivacionales y conductuales como la apatía o el enlentecimiento de las respuestas motoras; síntomas físicos como los problemas de sueño, la fatiga, la pérdida de apetito o la disminución del deseo sexual; y síntomas interpersonales como el deterioro de las relaciones sociales, la pérdida del interés en la vida social y el rechazo por parte de las personas de su entorno.
No obstante, muchas veces son los síntomas cognitivos los que dan la sensación de enfermedad, debido a la propia percepción de incapacidad para completar tareas que anteriormente podía llevar a cabo con normalidad, merman la autoestima del individuo.
El deterioro cognitivo: qué es y cómo se manifiesta
El deterioro cognitivo no se considera un diagnóstico clínico oficial en ninguna de las clasificaciones internacionales de trastornos mentales o de enfermedades, sino que constituye un conjunto de dificultades en los procesos cognitivos (atención, memoria, percepción, lenguaje, funciones ejecutivas…).
Las funciones ejecutivas son todas aquellas capacidades complejas que posee el ser humano para planificar y organizar información y adaptar sus conductas con el objetivo de alcanzar una meta. Funcionan como una especie de “director de orquesta” del cerebro, siendo algunas de ellas la memoria de trabajo, el control de impulsos, la toma de decisiones o la flexibilidad cognitiva.
El término de deterioro cognitivo se ha empleado durante años como “un estado de transición entre el envejecimiento normal y una enfermedad de Alzheimer muy leve”, pero es importante destacar que no es exclusivo de las personas mayores.
¿Qué le pasa a nuestras funciones cognitivas cuando aparece la depresión?
Diversos estudios demuestran que las personas con un primer episodio depresivo rinden peor en tareas cotidianas de memoria, atención y concentración que aquellas que no presentan depresión. En concreto, las funciones que se ven más afectadas son la velocidad psicomotora, la atención, el aprendizaje, la memoria visual y las funciones ejecutivas.
Además, pacientes que han usado antidepresivos clásicos presentan déficits en la inhibición, la fluidez verbal y la memoria de trabajo visoespacial. Sin embargo, es difícil especificar si esta correlación se debe al propio trastorno o es un efecto secundario de los fármacos. Aun así, parece que estas dificultades ocurren por el bajo estado de ánimo, la falta de motivación y la fatiga mental de la persona y no por un descenso de sus funciones cognitivas como tal.
Por lo tanto, cuando la persona se recupera del episodio depresivo la mayoría de estas funciones mejoran, aunque algunas (como la velocidad de procesamiento de la información) pueden tardar más en normalizarse.
¿Qué le pasa a nuestro estado de ánimo cuando aparece el deterioro cognitivo?
Del mismo modo que la depresión normalmente afecta a nuestras capacidades cognitivas, una percepción del descenso de estas capacidades suele influir en el estado de ánimo. Cuando la persona nota que empieza a olvidar cosas con frecuencia, que le cuesta más organizarse y que hay tareas que no puede realizar con la misma facilidad que antes puede experimentar tristeza y frustración.
La conciencia de pérdida de capacidades genera inseguridad y miedo al futuro. Por ello, la mayoría de adultos de la tercera edad desarrolla síntomas depresivos relacionados con la soledad, la disminución de la autonomía y el padecimiento de enfermedades físicas.
Para que esto no ocurra es esencial mantener una red de apoyo social que ayude a la persona a mitigar los efectos del deterioro cognitivo y además sería idóneo que la persona mantuviera una constante actividad tanto física como mental para poder equilibrar su estado emocional.
Consejos prácticos para cuidar tu estado de ánimo y tus funciones cognitivas
- Mantén activa tu mente: Haz rompecabezas, sudokus, juegos de memoria, lee o aprende alguna habilidad nueva para conservar tus funciones cognitivas activas, además si las disfrutas tu ánimo mejorará.
- Haz ejercicio físico: Busca un deporte o actividad física que te guste, te ayudará a nivelar tu estado de ánimo y tu salud cognitiva.
- Establece rutinas: Planifica tus tareas de forma semanal, puedes hacer listas con los objetivos que tienes cada día para ir marcando las que hayas completado.
- Pon atención a tu sueño y tu alimentación: Duerme las horas suficientes y lleva una dieta equilibrada, a veces no le damos la suficiente importancia, pero es algo esencial para mantener un buen estado de ánimo y unas funciones cognitivas óptimas.
- Cuida tu red de apoyo: Comparte tus preocupaciones, necesidades y anécdotas con la gente de tu alrededor, vivir en comunidad y sentir que tienes un respaldo social fortalece tu bienestar emocional.
- Busca ayuda profesional: Si te lo puedes permitir, ponte en manos de profesionales de la salud mental, te ayudarán a mejorar tu estado de ánimo y así revertir los efectos negativos de la depresión sobre las funciones cognitivas.
La relación entre depresión y deterioro cognitivo es bidireccional, es decir, la una puede influir en la otra y ambas afectan de forma notable a la calidad de vida de la persona. Reconocer esta relación nos permite abordar de manera integral la salud mental de las personas con depresión o con dificultades en las funciones cognitivas.
Es importante saber que una vez el estado de ánimo mejora, las funciones cognitivas también lo hacen. Asimismo, incorporar ciertos hábitos a la vida diaria ayudará a la prevención de déficits cognitivos y, por tanto, a preservar un buen estado de ánimo.
Este artículo ha sido redactado por Natalia Gutiérrez durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
