Los problemas forman parte del día a día: discutir con un ser querido, tomar una decisión complicada o gestionar entregas laborales, son ejemplos de situaciones en las que se puede generar cierta dificultad para gestionarlas y resolverlas de manera eficaz. Las emociones y los pensamientos que experimentamos durante situaciones de conflicto, como pueden ser la ansiedad, el enfado o la inseguridad, pueden dificultar tener un estado reflexivo calmado y objetivo, lo que puede influir en una toma de decisión precipitada o en la elección de una solución poco beneficiosa.
Por estas razones, dotarse de herramientas para afrontar situaciones conflictivas resulta muy útil para aprender a gestionarlas mejor. Una de estas herramientas, es la Técnica de Solución de Problemas, que se puede aplicar a cualquier situación y ámbito de la vida. A continuación, se describe paso a paso, para su correcta aplicación.
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Aplicación de la técnica paso a paso
Paso 1: Orientación hacia el problema.
La percepción que se tiene del problema influye en la manera de gestionarlo. Si se considera el problema como algo negativo, poniendo el foco en la discusión, en querer tener razón o en estar el uno en contra del otro, la gestión del conflicto será poco eficaz y probablemente escale.
Por eso, antes de usar la Técnica de Solución de Problemas, es importante estar en una situación de tranquilidad, una vez que se haya reducido la intensidad emocional. De esta forma, se asegura que haya una disposición más positiva hacia el problema, que se perciba como una oportunidad de cambio y que se propicie un ambiente de colaboración orientado a la búsqueda de soluciones constructivas, en el caso de que el problema implique a otras personas.
Paso 2: Definición del problema.
Para resolver un problema, lo primero que se debe hacer es identificarlo y definirlo de manera muy concreta, evitando generalizaciones, para poder proponer soluciones específicas a la situación conflictiva. Para establecer esta definición, se puede responder a preguntas del tipo: “¿Cuándo aparece el problema?”, “¿En qué situaciones se da?”, “¿Qué lo desencadena?”, “¿Cómo me siento o nos sentimos cada uno ante esta situación?”, “¿Qué pensamientos me genera?”, “¿Cómo reacciono y actúo ante ello?” etc.
Todas estas preguntas ayudarán a delimitar el problema y si implica a otra persona, permitirán compartir los distintos puntos de vista, teniendo en cuenta las emociones y pensamientos de cada uno. Es importante que todas las personas involucradas, puedan expresarse sin sentirse juzgadas y, para ello, se pueden poner en práctica habilidades de escucha activa y de empatía, evitando usar frases culpabilizadoras o reproches.
Paso 3: Fijación de metas.
Al tener definido el problema concreto, resulta más fácil identificar a qué objetivos se quiere llegar. Las metas pueden estar centradas en cambiar la situación problemática en sí, en cambiar las reacciones ante el problema o en ambas cosas. Esto es relevante, ya que en algunas situaciones el problema no se puede solucionar de manera inmediata, pero sí se puede actuar sobre cómo se reacciona ante el conflicto.
Por otra parte, se deben establecer objetivos claros, específicos y alcanzables que satisfagan las necesidades propias y en el caso de que estén implicadas más personas, las necesidades de todas ellas, formulando objetivos consensuados. Para ello, se puede completar frases como: “Quiero/queremos lograr que…” o “Me/nos gustaría que…”.
Paso 4: Generación de soluciones alternativas.
Una vez que se tienen claros los objetivos que se quieren alcanzar, toca explorar diferentes opciones para resolver el problema, ofreciendo múltiples alternativas de soluciones.
Inicialmente, se puede realizar una lluvia de ideas, fomentando la creatividad y en el caso de hacerlo con más personas, favoreciendo el respeto mutuo y la comunicación. Es importante recoger las alternativas más flexibles y realistas en una lista, para poder mantenerlas como opciones viables.
Paso 5: Toma de decisiones
La toma de decisiones se hace en base a las soluciones que se han planteado y seleccionado previamente. Para elegir una opción que le convenga a uno mismo o a todos los implicados, se evalúan los pros y los contras de cada una de ellas, valorando qué solución parece más adecuada y con la que se siente que se puede comprometer mejor. Para facilitar el proceso, se puede rellenar una tabla en la que se indiquen las ventajas y desventajas de cada alternativa, añadiendo una puntuación del 1 al 10.
Paso 6: Puesta en práctica.
Llega el momento de implementar la solución elegida de manera organizada y comprometida. Para ello, se prepara un plan de acción en el que se establezca qué hará cada uno, cuándo y dónde lo hará, de qué manera se hará, qué plazo se da para realizar los cambios… Cuanto más detallado y completo sea el plan y las acciones, más fácil será su puesta en práctica y se aumentará la probabilidad de obtener resultados positivos.
Se trata del paso más importante, puesto que incluso las mejores soluciones no aportarán cambio, si no se implementan correctamente. Es necesario recordar por qué se está haciendo esto, manteniendo la motivación para el cambio y centrándose en la meta.
Paso 7: Evaluación de los resultados
Finalmente, una buena evaluación de los resultados permite reflexionar sobre la efectividad de la solución escogida y realizar ajustes si es necesario. Aquí, es importante destacar lo que se ha sentido al implementar la solución, qué cambios positivos se han observado y qué aspectos se pueden mejorar. Si se llega a la conclusión de que la solución no ha aportado los resultados deseados, se puede ajustar dicha solución o probar con otra alternativa de la lista. La falta de resultados no se debe percibir como un fracaso, sino como una oportunidad de aprender, reajustando la solución. Es un proceso cuyos resultados no tienen por qué ser inmediatos, pero probando y modificando ciertos aspectos, se acercará cada vez más al objetivo deseado.
En conclusión, aunque esta técnica puede parecer intuitiva a priori, si realmente se le dedica tiempo y esfuerzo suficiente para implementar correctamente todos los pasos, se podrá realizar de manera cada vez más natural y automatizada, desarrollando un estilo de afrontamiento más adaptativo y beneficioso ante cualquier situación del día a día.
Este artículo ha sido redactado por Alejandro Cantero durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
