Construcción y crisis de identidad

19/04/2025 por Psicología MensActiva S.L.

La identidad, el espacio y el tiempo

La identidad ha sido y sigue siendo el foco principal de muchas de las preguntas que surgen tanto en los campos de estudio como en la experiencia vital personal de cada uno de nosotros. Así, se pueden encontrar diferentes definiciones de lo que es la identidad dependiendo del enfoque que se adopte o la disciplina a través de la cual se formule la pregunta. Además, otras tantas definiciones de identidad se pueden elaborar dependiendo del momento temporal y del lugar desde el que cada uno se atreva a intentar dar respuesta a este asunto.  

Por lo tanto, es lógico pensar que ocurrirá lo mismo cuando uno se pregunte por la propia identidad. A la mayoría de personas le han surgido dudas alguna vez sobre esta cuestión como proceso necesario en su crecimiento o desarrollo personal; ya sea este consciente o no, intencionado o no. Así, uno puede definirse a sí mismo de una manera u otra dependiendo del área de actuación en el que se encuentre, o el momento espacio-temporal desde el que se haga la pregunta. Esta ubicación compone el contexto: un elemento conformado por dos factores; el tiempo y el espacio.

Con esto, es imposible cuestionarse la propia identidad sin que le precedan otras preguntas necesarias antes. Necesitamos plantearnos aquellas cuestiones que participan de la identidad, tales como ¿con quién me relaciono?, ¿cómo me perciben estas personas?, ¿dónde me relaciono? y, sobre todo, ¿cuál me gustaría que fuese la respuesta a estas preguntas? Debemos antes curiosear acerca de quiénes son los demás: nuestros amigos, enemigos, conocidos,… Cómo nos ven ellos y cómo de lejos está esa visión ajena de la que consideramos nosotros la ideal. Es cuando hayamos dado contestación a estos interrogantes que podremos plantearnos: “¿Quién soy?”.

La identidad también se construye

La identidad es un proceso de construcción en el que participan tanto las personas que nos rodean y cómo interactúan con nosotros, como nuestra interpretación de esa misma interacción. Así, la identidad sería un punto convergente de las percepciones propias y ajenas sobre uno mismo. 

La crisis de identidad resulta entonces de la incoherencia entre las distintas identidades que confluyen en uno mismo. Esta incoherencia identitaria puede venir a su vez dada por la simple incoherencia entre los diferentes contextos y las interacciones que tenemos en ellos con los demás. O por la incoherencia entre la percepción propia y la que tiene el resto. 

Según este autor existen 4 tipos de identidades: la natural (nos viene dada por fuerzas naturales), la institucional (nos es otorgada por una institución que tenga autoridad para hacerlo, como por ejemplo la universidad o nuestro lugar de trabajo), la discursiva (es la que nos dicen los demás que somos cuando hablamos con ellos) y la afiliativa (existe cuando nos relacionamos y compartimos relaciones, actividades, prácticas,… con otras personas).

A pesar de esta categorización, el autor afirma que todos nosotros tenemos una identidad  core (central) que permanece más uniforme a través de los diferentes contextos en los que nos movemos. Un yo que estaría presente en mi casa, con mis amigos, en el trabajo, etc. 

Este investigador aclara que toda identidad puede ser enfocada desde cualquiera de las 4 categorías. Así, imaginémonos a Raquel, una estudiante de 4º curso de veterinaria, por ejemplo. Esta estudiante podría ser muy “trabajadora” porque ha actuado así desde niña en el colegio ( identidad natural, es trabajadora por naturaleza), porque la universidad la considera trabajadora mediante sus buenas calificaciones (identidad institucional), porque sus amigos la reconocen como la “chica trabajadora” y por eso siempre quieren ponerse con ella en los trabajos en grupo (identidad discursiva) y porque además pertenece a asociaciones estudiantiles dedicadas a lo académico (pertenece a grupos afiliativos en los que el resto de personas también son trabajadoras). En este ejemplo, podría considerarse que  Raquel puede ser definida como trabajadora, lo es en esencia porque lo es en todos sus contextos e identidades. 

Ahora imaginémonos a Sofía, estudiante de veterinaria de 1º. Sofía se considera muy trabajadora porque le resulta natural serlo desde niña (identidad natural), sus amigos del instituto la conocen y tratan como la chica trabajadora (identidad discursiva) y pertenece a asociaciones estudiantiles dedicadas a lo académico (pertenece a grupos afiliativos en los que el resto de personas también son trabajadoras). Sin embargo, en la universidad ya no saca notas tan buenas como sacaba en el instituto (la institución como autoridad ha dejado de reconocer su trabajo, y por lo tanto, de etiquetarla a ella como trabajadora), por lo que sus nuevos amigos de la universidad no la tratan ni conocen como la chica trabajadora (identidad discursiva). En este segundo caso Sofía se encuentra ante un conflicto de identidades debido al cambio de contexto y los cambios en su interacción con los demás. Esto podría llevar a una crisis de identidad, en la que Sofía no sepa si es o no trabajadora, o incluso, si quiere serlo.

Tengo una crisis, ¿qué ocurre?

Así, en el caso de Sofía, podría haber un momento en el que ella actúe como una persona trabajadora pero sus compañeros no la traten como tal, ya que no creen que lo sea. Lo más probable es que Sofía decida cambiar una de las siguientes con tal de superar esa crisis. Puede cambiar su conducta (lo que hace) o su percepción (cómo se ve a ella misma). Si lo hace, la crisis será superada porque Sofía habrá conseguido la coherencia. Ella se comporta acorde a quien es, y lo hace siempre así. 

Puede que Sofía adopte la identidad que ahora le ofrece la universidad y lo que le dicen sus compañeros, y “acepte” su nueva identidad como estudiante no-trabajadora. Por otro lado, puede que Sofía comience a hacer lo que suelen hacer “los estudiantes trabajadores” (como por ejemplo, ser la líder en los trabajos en grupo) y sus compañeros la empiecen a ver y a tratar como tal. En ambos casos se habría logrado la coherencia entre contextos, y entre la percepción propia y el reconocimiento por los demás. 

Estas dos posibilidades existen porque ni nosotros somos inmunes a los demás ni los demás son inmunes a nosotros. Todos nos influenciamos entre todos. Así, podríamos decir que la incoherencia de la identidad se produce por una incoherencia en las relaciones que se producen en un tiempo y espacio determinados. Por ejemplo, en las relaciones en 1º de carrera en la facultad de veterinaria. 

Por último, la crisis de la identidad no solo se puede dar por un cambio de contextos a lo largo del tiempo, lo cual podría incluso derivar en una evolución (Sofía era trabajadora pero ha evolucionado a no-trabajadora): un cambio a lo largo del tiempo. También puede darse de manera estable en el tiempo, con lo que la incoherencia sería un cambio a lo largo del espacio. Por ejemplo, podría ser el caso de Ana, una estudiante de veterinaria considerada una persona “callada, tímida y con poca iniciativa” en clase, pero que es capitana de su equipo de fútbol, y que en el terreno de juego es considerada “líder, proactiva y decidida”. Cuando a Ana la pregunten si prefiere estar a cargo de equipos de trabajo o no (si es líder o no), su pregunta variará según dónde esté. 

Tengo una crisis de identidad, ¿qué hago?

Nosotros existimos en varios espacios y varios tiempos (y varias combinaciones de estos), y en ellos entramos en interacción con los otros. En estas interacciones hacemos cosas que nos caracterizan y distinguen de los demás, y que son percibidas por ellos.

A la hora de definir quiénes somos queremos encontrar las etiquetas que mejor resuman nuestra esencia, pero para encontrar estas etiquetas debemos tener claro primero cuáles son las percepciones ajenas (qué piensan los demás de mí), cuáles son las nuestras (qué pienso yo de mí), y cuáles son válidas (de todas estas etiquetas, ¿cuáles son con las que me quedo?). Este es un proceso que no siempre es fácil, y que no hay por qué hacer solo. La identidad (y por lo tanto la coherencia) es algo que se construye. 

Este artículo ha sido redactado por Alba Benito durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

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