A día de hoy el duelo por un animal de compañía (ya sea un perro, gato, conejo, pájaro u otras especies domésticas) está completamente invisibilizado. El vínculo que generamos con nuestros animales es muy especial ya que es una conexión que no juzga, un amor incondicional. Por eso, no es de extrañar que cuando nuestro animal de compañía muere, nos invada un sentimiento de vacío enorme. Las sensaciones iniciales ante el duelo de tu animal de compañía pueden variar; lo más común es sentir tristeza, pena, nostalgia incluso estrés o ansiedad.
Además, varios estudios encontraron que 26 semanas después de la pérdida del animal de compañía los propietarios experimentaron un nivel de dolor muy similar a la pérdida de un ser humano querido. Esto es completamente normal, pues al final has querido y cuidado a ese animal como un miembro más de tu familia, por lo que el que te afecte su muerte es lógico. No obstante, pocas personas parecen entender o validar. Esto, hace que el proceso de duelo sea mucho más complejo.
Fases del duelo
Cuando un ser querido muere, en todas las culturas existen una serie de fases por las que pasamos. Fue Elisabeth Kubler-Ross (1969) psiquiatra estadounidense experta en cuidados paliativos, quien más investigó este proceso, llegando a concluir que existen cinco etapas en el duelo.
- Negación. Por lo general, esta fase sirve para amortiguar el dolor que conlleva la muerte del ser querido, en este caso, tu peludo. No es extraño que no termines de creer que tu animal haya fallecido. Esta fase es esencial en el duelo, ya que nos ayuda a asimilar poco a poco lo que ha sucedido.
- Ira. Una vez pasamos la etapa de la negación, damos paso a la ira. En este momento, sentimos enfado, resentimiento… La ira aparece porque empezamos a ser conscientes de la irreversibilidad de la muerte y de lo que esta conlleva. Por eso, a veces proyectamos este enfado hacia el exterior o hacia nosotros mismos. No obstante, lo que subyace debajo de esto, es dolor. Es importante que podamos expresarlo.
- Negociación. Esta fase, suele ser bastante corta ya que es cuando fantaseamos sobre el hecho de cambiar la muerte. A veces, generamos promesas y cambios en nosotros con tal de volver a estar con nuestro animal. Es frecuente plantearnos preguntas del estilo “¿Qué hubiera pasado si…”?
- Depresión. Llegados a este momento, comenzamos a aceptar que la muerte es irreversible. Esta etapa esta mediada por la tristeza profunda e incluso el vacío. Es muy posible que en esta fase llores, es normal, estás asimilando lo que ha ocurrido, lo echas de menos.
- Aceptación. En esta última fase, las personas en duelo aprenden a convivir con el dolor que supone vivir en un mundo en el que no se encuentra su peludo. En este momento podemos hablar de que integramos la pérdida.
Transicionar el duelo de manera sana
En la sociedad en la que vivimos, muchas veces es complicado afrontar un duelo de manera sana, no obstante, existen algunas pautas que pueden ayudar si te encuentras en este proceso, son las siguientes:
- Date unos días para ti, para asimilar lo sucedido. Permítete sentir todas las emociones que parezcan.
- Si es posible, realiza un ritual de despedida a tu animal. En soledad o en familia, como prefieras, como más cómodo/a te sientas. Da igual que sean días o semanas después, esto te ayudará a dar visibilidad tu propio duelo.
- A veces, para cerrar una etapa, conviene realizar una carta de despedida. Si lo haces, intenta focalizarte en la medida de lo posible en aspectos felices.
- Coloca en alguna parte de la casa algunas pertenencias suyas (una foto, su collar, su juguete favorito). La idea es tener un lugar en el que poder honrar a tu animal, un sitio al que poder ir cuando te sientas triste o quieras recordarlo.
- Adopta a otro animal cuando hayas elaborado el duelo. No hay ninguna fórmula secreta para saber cuándo estas preparado para acoger a otro animal en tu vida, no obstante, realizarlo queriendo “suplantar” no es una buena idea, pues se convierte en una forma de evitación emocional. Primero es necesario transitar el duelo y todas las fases comentadas anteriormente. Una vez te encuentres preparado/a para dar amor a otro animal, lo sabrás.
- Dona algunas de sus cosas a una protectora. No tiene sentido que tires todas sus cosas, sin embargo, tampoco tiene sentido que guardes todas. Lo ideal es que te quedes con las que más significado tienen para ti. El resto de cosas pueden ayudar a otros animales que lo necesitan y que se encuentran sin un hogar.
Qué no decirle a una persona que se encuentra en este proceso
Muchas veces por desconocimiento y otras veces por dificultad para sostener las emociones, tanto propias como ajenas, decimos frases que pueden llegar a lastimar mucho a una persona que acaba de perder al que consideraba un miembro de su familia. Por tanto, vamos a tratar de evitar las siguientes frases:
- “Tampoco era para tanto, sólo era un perro/gato/conejo etc”. El dolor emocional que sentimos cuando hemos perdido un ser importante es un proceso normal. Una vez que perdemos a nuestro animal de compañía modificamos toda nuestra rutina diaria, tenemos que adaptarnos a una vida sin él. Esto, sin embargo, no ocurre cuando fallece un primo lejano, por lo que no es de extrañar que tengas sentimientos que en muchas ocasiones se asemejan a la depresión.
- “Esto se te pasa en cuanto compres o adoptes otro”. Como hemos comentado anteriormente, no es sano ni útil adoptar a otro animal intentando no transitar el duelo, evitando las emociones y el dolor que esto conlleva.
- “Parece que te importan más los animales que las personas”. Si pasabas muchas horas con tu perro/gato etc., dormíais juntos, jugabais, dabais paseos, es normal que te cueste más elaborar un duelo por esto, que por familiares lejanos.
Señales de alarma
A continuación, se exponen algunas señales de alarma que tenemos que tener en cuenta si nos encontramos en este proceso:
- Si pasados 12 o 24 meses después de la pérdida sentimos el mismo dolor que al principio. Esto podría deberse a un duelo cronificado que sería conveniente tratar de manera profesional.
- Si nos quedamos estancados en alguna de las fases comentadas anteriormente. Algo bastante común que ocurre cuando despedimos a nuestro animal de compañía es el sentimiento de culpabilidad por no reconocer la enfermedad antes, por no haber hecho algo antes, por no poder pagar otro tipo de tratamiento o tratamiento adicional, por tomar la decisión de eutanasiar demasiado pronto o demasiado tarde, por ser descuidado/a…. Si notas que puedes haberte quedado anclado en esa culpa que es una losa, permítete expresarlo y no dudes en buscar ayuda.
- Si te sientes desbordado/a y no sabes cómo gestionar lo que está ocurriendo.
- Si para tratar de gestionar estos sentimientos tiendes a conductas de riesgo, es posible que lo que estés haciendo es evitar ese dolor, esas emociones. Háblalo, busca ayuda.
En conclusión, la persona que pasa por un duelo, ve su vida alterada a nivel psicológico con sentimientos de tristeza, melancolía, apatía, culpa, nerviosismo, irritabilidad, sensación de vacío, estrés o pérdida de interés por las cosas. Esto, es completamente normal, pues es un proceso natural al que todos nos vemos expuestos cuando muere aquella persona o animal que hemos querido, amado. La “vuelta a la normalidad” es decir, la integración de la pérdida, no es fácil y podemos quedarnos anclados a alguna fase, sin embargo, con ayuda podemos transicionar el duelo de manera más sana. Recuerda que también es normal que sientas un dolor más intenso por la muerte de tu peludo, que por la muerte de una persona a la que ni siquiera veías o incluso alguien más cercano, pues lo que importa es el vínculo que os unía. Colin Murray Parkes, nos dejó una frase que define muy bien el sentimiento de duelo; esta dice así “el duelo es el precio que pagamos por amar”.
Si necesitas ayuda para transitar el duelo de tu animal de compañía, nuestro equipo de psicólogas puede ayudarte a través de terapia online o presencial.
Este artículo ha sido redactado por Ana Isabel Martínez de Pedro durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
