¿Te has planteado alguna vez cómo afecta el comportamiento negativo y su castigo en los niños? Exploramos en este artículo las consecuencias de emplearlo y te proponemos estrategias alternativas para la crianza de tus hijos.
¿Cómo afecta el comportamiento negativo y su castigo?
En primer lugar, es importante señalar que los niños siempre consideran a sus padres como modelos a seguir porque ellos son sus modelos de referencia. A partir de ahí, aprenden a afrontar y resolver problemas e interactuar con las personas del entorno en el que crecen.
Además, estas calificaciones son reforzadores importantes que sacan lo mejor de los niños y fomentan el comportamiento apropiado a través de recompensas.
Pero la tarea se vuelve más difícil si el comportamiento del niño es difícil de controlar. Este comportamiento no deseado o negativo puede llevar a un conflicto constante que lleve a una relación que se deteriora, donde el mal comportamiento empeora la relación cada día. Además, el mal comportamiento de estos niños llama la atención sobre quienes los rodean, lo que hace que pasen por alto su comportamiento positivo y, cuando se portan bien, no son felicitados ni alentados.
El castigo como espiral negativa
Como seres humanos, es normal responder con irritabilidad y frustración, de ahí que a veces pensemos que el castigo sea la mejor opción, pero quizás podamos generar a la larga más tensión en vuestra relación, por ello, hablamos de como con la espiral negativa, se ve de manera muy visual, el efecto negativo de los castigos en vosotros y en vuestro bienestar.

En resumen, esto sucede así:
- El comportamiento negativo llama más la atención y el comportamiento positivo se refuerza menos.
- Estas reacciones a su vez empeoran el comportamiento, aumentando así el desafío (por lo que pensamos que el niño se está revelando contra nosotros), las discusiones y los conflictos.
- De esta forma se confirma finalmente la creencia de que el niño es “malo” o rebelde.
- La espiral de negatividad se hace cada vez más grande, haciendo que los aspectos buenos y positivos se reduzcan y pasen a un segundo plano, pareciendo a veces no existir en absoluto.
- Puedes romper esta espiral centrándote en comportamientos positivos. Ser consciente de estos comportamientos los fortalecerá y aumentará.
Si el castigo no es la mejor opción, ¿Cómo actuamos?
Para entender cuáles son los mejores recursos que tienen los padres para actuar ante el mal comportamiento de los niños vamos a utilizar la metáfora del Castillo de las habilidades.

E., Villar, P., Luengo Ma, Á., Gómez-Fraguela, J. A., & Robles ,2013,TEA ediciones (p.19),
(Adaptado de Webster-Stratton, 2002).
La base del castillo, que es lo que la sostiene, es una buena relación afectiva y emocional con el niño.
En los niveles básicos del castillo se encuentran las habilidades que se deben utilizar con más frecuencia y que constituyen los cimientos del cambio. La creación de relaciones positivas, las actividades compartidas, la atención a las conductas positivas de los hijos, la comunicación fluida y el elogio son algunos de los aspectos sobre los que se sostiene el resto de las habilidades que se enseñan y que se deben ir consolidando a lo largo del programa. Los padres deben ser constantemente estimulados a fortalecer esa base. Las estrategias que ocupan la parte superior del castillo y que se dirigen específicamente a manejar los comportamientos negativos deben usarse con menor frecuencia. Su situación en el castillo indica, además, que estas estrategias solo serán eficaces si se desarrollan sobre una base firme de interacciones positivas.
El castillo describe, asimismo, cuáles son los beneficios de cada módulo de estrategias para el niño. Las técnicas situadas en la parte superior del castillo permiten reducir los comportamientos disruptivos. Por su parte, las estrategias básicas potencian la autoestima del niño, el apego, la capacidad de cooperación, las habilidades sociales, la responsabilidad y la adhesión a las normas de la familia.
Además de promover las conductas prosociales de los niños, estas técnicas potencian la adquisición de un repertorio de habilidades sociocognitivas que son necesarias para un funcionamiento saludable y que frecuentemente están infradesarrolladas en los niños con problemas de conducta.
¿Qué puedo hacer entonces ante el mal comportamiento?
Un acto o conducta es algo observable y específico del niño (buena o mala). Es algo que se puede ver, como llorar, protestar, pegar, jugar, saltar, limpiar, etc.
A menudo se percibe a los niños como perezosos, malos o perezosos debido a una forma de ser, que no se puede cambiar. Si el mal comportamiento es frecuente y logra llamar nuestra atención puede ser que nos parezca que «realmente es” malo, en lugar de que su comportamiento sea malo. Pero los niños no son inherentemente buenos o malos, sus acciones o comportamiento es algo que podemos calificar y cambiar de esta manera.
Podemos utilizar las consecuencias para cambiar el comportamiento. ¿Cómo? Haciendo que el buen comportamiento de los niños tenga consecuencias positivas.
Podemos resumirlo de la siguiente manera:
P+A+C = Precedente + acto (conducta) + Consecuencia
La idea básica es que, si recompensas a los niños después de que se portan bien, será más probable que repitan el comportamiento en el futuro. Está respaldado por la ciencia y también se aplica a los adultos.
PAC «Consecuencias positivas para los comportamientos positivos».
Una forma de reforzar a los niños tras emitir un buen comportamiento es a través de los elogios.
Los elogios y el comportamiento
Una pregunta que siempre surge es: ¿cómo se debe elogiar al niño? : «¿Hay que decirle simplemente algo agradable o es necesario darle detalles de por qué se le dice?». En realidad, las dos posibilidades son válidas, pero quizás dependa de la situación.
Tipos de elogio y cuándo usarlos.
Por ejemplo, utilizar un elogio específico, indicando exactamente qué es lo que el niño hizo cuando se portó bien, resulta muy útil en actividades que son nuevas para los niños (p. ej., «Me encanta que te hayas puesto a hacer los deberes sin decírtelo, ¡estoy muy orgullosa de ti!»).
Por otra parte, un elogio genérico en el que dejamos saber al niño que ha hecho algo bien, pero sin llegar a precisar cuál fue el comportamiento elogiado, será apropiado para transmitirle mensajes de aceptación general (Favorecen su autoestima) , y ayuda a mejorar vuestra relación (p. ej., «¡Bien hecho!», «¡Qué buen chico eres!»).
Ahora bien, aunque los dos tipos de elogios sean eficaces, para cambiar el comportamiento de los niños es más útil el elogio específico, especialmente si queremos instaurar comportamientos que al niño le resultan difíciles.
Aspectos a tener en cuenta:
Evita combinar el elogio con la crítica.
Muchas veces encontrarás, una situación en la el niño/a hará algo elogiable, pero, al mismo tiempo, muy mejorable. En estos momentos puede surgir casi inconscientemente la necesidad de corregir para que la próxima vez lo haga mejor. Otros padres elogian y, sin darse cuenta, se contradicen, mostrándose sarcásticos, dando por increíble el comportamiento del niño, dejando entrever lo mal que se comporta en otros casos o mostrando poca fe en que se vuelva a repetir.
Esta práctica, lejos de tener los beneficios, resulta muy perjudicial para el aprendizaje de los niños, ya que el comentario negativo contagia al elogio y lo priva de sus buenos efectos. Por ello, es importante elogiar solamente y ser positivo, sobre todo cuando los niños hacen algo bueno por primera vez.
Muestra entusiasmo
Para ser eficaz, el elogio debe darse con entusiasmo, sonriendo y mostrando cariño con gestos como abrazos, caricias, palmadas o aplausos. Si elogiamos fríamente, sin apenas mirar al niño o con voz seria, nuestro hijo no se lo creerá y no surtirá efecto. Al principio puede parecer artificial, pero a medida que se use más, se irá haciendo más natural y más cálido.
Nosotros mismos debemos aprender a autoelogiarnos por nuestros logros. El elogio no solo es una herramienta para cambiar comportamientos sino que ayuda a desarrollar una autoestima positiva (en niños y en adultos) y a promover el bienestar emocional.
Y si quieres conocer conocer otras formas de educar en positivo, te dejamos el enlace al artículo: EDUCAR EN POSITIVO: ECONOMÍA DE FICHAS.
Por último, solo cabe decir que, si estás enfrentando dificultades para seguir las pautas o establecer una buena interacción con tus hijos, te recomendamos considerar la terapia si necesitas resolver cualquier inquietud o pregunta, por ello, no dudes en comunicarte con nosotras y con nuestro equipo de psicólogas de Mensactiva.
Estaremos encantadas de brindarte atención y asistencia durante todo el proceso. Confía en nuestra experiencia y busca su ayuda para mejorar tu bienestar y el de tus hijos/as.
Este artículo ha sido redactado por Amparo Ramírez durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
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