El dolor es un fenómeno universal que ha acompañado al ser humano desde sus orígenes.
Actualmente, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor lo define como una experiencia sensorial y emocional asociada a una lesión real o potencial, lo que incluye tanto la dimensión física como psíquica del dolor. El dolor crónico es un problema común en nuestra sociedad, dado que tiene consecuencias profundamente negativas tanto a nivel personal como laboral para quienes lo sufren, representando una carga significativa para el Sistema Sanitario.
Dentro de las teorías que intentan explicar la experiencia del dolor crónico, destaca el modelo de la puerta de control. Se descubrió una zona en la médula espinal que actúa como una especie de puerta que regula la cantidad de señales de dolor que llegan al cerebro.
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Factores que influyen en el dolor crónico
Hay varios factores que pueden «abrir» esa puerta y hacer que el dolor se sienta más fuerte, como la gravedad de la lesión, la tensión muscular, pero también las emociones como la ansiedad, la depresión y la ira, y los pensamientos negativos sobre el dolor. Por otro lado, hay factores que ayudan a «cerrar» la puerta, reduciendo el dolor, como los tratamientos médicos, el descanso, la relajación, mantener una actitud positiva, o incluso sentir que se tiene control sobre el dolor y usar estrategias activas para afrontarlo.
El modelo biopsicosocial de estrés, por otro lado, explica que el grado de discapacidad por el dolor depende de cómo cada persona percibe y maneja el dolor. En este caso, factores como el miedo al dolor y la confianza en uno mismo juegan un papel clave. Además, el uso de estrategias como enfrentar el dolor de manera activa, expresar las emociones y contar con apoyo social son elementos que pueden ayudar a que el dolor se haga más llevadero.
Esta visión nos abre a nuevas formas de tratamiento. Aunque el dolor físico no desaparezca, si se reduce el sufrimiento a través de enfoques emocionales y sociales, el impacto en la vida diaria de la persona disminuirá y su calidad de vida mejorará. De hecho, algunos estudios han mostrado que los tratamientos que combinan la medicina con apoyo psicológico y social son más efectivos que aquellos que solo se centran en el aspecto físico del dolor.
Las personas que sufren de dolor crónico a menudo descubren que sus expectativas de vida se ven alteradas. Aparte del dolor físico, deben enfrentar también dificultades emocionales, cognitivas, sociales y económicas. En este contexto, es importante que reconsideren sus posibilidades y reevalúen su visión sobre sí mismas, lo que puede llevar a una reconstrucción de su mundo personal.
La aceptación del dolor no significa resignarse, sino reorganizar diferentes aspectos de su vida, dejar de enfocarse solo en sus limitaciones y, en cambio, encontrar nuevos significados y aspectos positivos que les permitan mejorar su calidad de vida.
Habilidades de afrontamiento
El papel de la atención
La focalización o desviación de la atención es una estrategia importante cuando se vive con dolor crónico. Manejar la atención al dolor puede ser clave, no para evitar pensar en él de manera constante, sino para dirigir la atención hacia otras actividades cuando se desee continuar con alguna tarea, incluso a pesar del dolor, o cuando se busque relajarse. Este enfoque ayuda a evitar que el dolor se convierta en el único centro de atención, lo que en muchas ocasiones impide que la persona funcione con normalidad.
Existen diversas técnicas para focalizar la atención y distraerse del dolor. Cuando la actividad en la que se está involucrado es atractiva o interesante, es más probable que la atención se desvíe del dolor. Sin embargo, si el dolor es muy intenso o notorio, los recursos mentales tienden a centrarse en él. Algunas estrategias útiles incluyen la imaginación guiada, el mindfulness (atención plena) y actividades que impliquen la participación activa de la persona, como ejercicios físicos o de relajación.
Realización de actividades
Mantener un nivel adecuado de actividad también es fundamental. Es muy recomendable planificar un programa de actividades gradual, diseñado específicamente para cada caso en concreto. Los primeros objetivos deben ser fáciles de alcanzar, aumentando de manera progresiva la intensidad, dificultad y demanda de las actividades. Es importante encontrar un equilibrio entre la actividad y el descanso. No se trata de hacer más cuando se está bien, sino de aumentar gradualmente el nivel de actividad sin que empeore el dolor en los días siguientes.
Es fundamental priorizar actividades que estén alineadas con objetivos personales. Afrontar las tareas con calma, dar espacio a descansos y combinar actividades que demanden mucho esfuerzo físico con otras de baja exigencia también es recomendable.
Además, es importante estar preparado para afrontar dificultades que puedan surgir en el camino y reforzar la motivación para seguir avanzando en el proceso.
Resiliencia
La resiliencia, entendida como la capacidad de adaptarse y superar la adversidad, ha cobrado relevancia en el ámbito de la salud y especialmente en la gestión del dolor crónico. Diversas investigaciones han demostrado que la resiliencia juega un papel protector en pacientes con dolor crónico, al influir en su capacidad para manejar el dolor y mantener un funcionamiento físico y emocional adecuado, con un bajo nivel de interferencia en su vida diaria. También funciona como un amortiguador del estrés y de los síntomas depresivos. Estudios han señalado que las emociones positivas, como la satisfacción y el afecto positivo, están asociadas con mejores resultados en el manejo del dolor, y que la resiliencia puede incrementar estos afectos positivos. Por ejemplo, en pacientes con artritis reumatoide o fibromialgia, la resiliencia se ha vinculado con menor dolor experimentado y mayor autonomía funcional.
La resiliencia también está asociada con características como menor catastrofismo, menos incapacidad, y una mayor aceptación del dolor, lo que favorece una mejor adaptación al dolor crónico en pacientes con lesiones medulares o dolor crónico de espalda.
De esto se puede concluir que fomentar la resiliencia en pacientes y sus familias puede ser crucial para mejorar la adaptación y la calidad de vida de los afectados.
Factores influyentes en el transcurso del dolor
Búsqueda de tratamiento
Las creencias personales sobre el origen y la gravedad del dolor juegan un papel fundamental en las decisiones sobre cómo tratarlo. Las personas interpretan el dolor de maneras diversas, lo que influye en la elección de tratamientos, ya sea recurrir a remedios caseros, consultar a un profesional de la salud o buscar alternativas fuera de la medicina convencional. Esta variabilidad en las percepciones refleja la importancia de considerar las creencias y experiencias personales al abordar el manejo del dolor crónico.
El proceso de búsqueda de atención es complejo y depende de diversos factores biológicos, sociales y culturales. Muchos pacientes inician la búsqueda de atención en remedios caseros o recomendaciones de familiares, aunque debido a la incertidumbre sobre su condición, pero al persistir el dolor, buscan atención médica. Sin embargo, la latencia desde la detección del dolor hasta el momento en el que se busca atención médica profesional puede ser determinante en el desarrollo de los síntomas, por lo que en estos caso se recomienda recurrir a la atención sanitaria para recibir atención profesional lo antes posible.
Entorno familiar y social
El dolor crónico afecta no solo al paciente, sino también a su entorno familiar y social, provocando estrés emocional y físico en los cuidadores. La percepción del dolor varía entre pacientes y familiares, lo que resalta la importancia del apoyo social en el manejo del dolor. La familia puede ser tanto una fuente de apoyo como un factor que involuntariamente perpetúa el dolor.
Es crucial incluir a los familiares o personas cercanas en los tratamientos, ya que su implicación en el proceso de cuidado mejora el bienestar del paciente y el de su entorno. La atención por parte de los centros sanitarios debe ser integral, ya que de esta forma se optimiza la efectividad del tratamiento y mejora la calidad de vida de todos los involucrados.
En definitiva, el dolor crónico afecta profundamente tanto al individuo como a su entorno familiar y social, y la forma en que se percibe y maneja influye en la calidad de vida de los pacientes. Se recomienda encarecidamente recibir atención médica en cualquier caso de dolor crónico y no descartar la posibilidad de combinarla con atención psicológica. Como hemos visto previamente, estrategias como la focalización de la atención, la planificación gradual de actividades y el fomento de la resiliencia son clave para mejorar la adaptación de los pacientes.
Este artículo ha sido redactad por Miguel Sánchez Gómez durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
