¿Qué es el síndrome del nido vacío?
El síndrome de nido vacío hace referencia a las experiencias emocionales negativas de tipo depresivo o ansioso que experimentan los padres en el momento en el que los hijos abandonan el hogar para emanciparse.
Prevalencia
Este síndrome del nido vacío afecta más a las mujeres debido a la gran importancia que el rol de madre presenta en las identidades de muchas de ellas, especialmente en aquellas con actitudes más tradicionales y que nunca han trabajado fuera de su casa. Estas mujeres viven este período como una crisis existencial ya que no saben qué hacer, en qué ocupar su tiempo libre y sobre todo a quién cuidar cuando los hijos abandonan el hogar.
Momentos especialmente vulnerables
Mujeres y menopausia
El hecho de que este síndrome afecte más a la mujer se explica también porque suele coincidir con otro gran evento vital para ella, la menopausia (pérdida de la capacidad reproductiva, asociada a juventud). Esta etapa conlleva diferentes tipos de síntomas, entre los que se encuentran las alteraciones en el estado de ánimo, en la capacidad de concentración y memoria, en los patrones de sueño-vigilia, en el deseo y en el disfrute sexual, entre otros.
Jubilación
Otra situación que suele coincidir con esta nueva etapa es la jubilación, una fase de vulnerabilidad emocional. Se pierde el rol productivo tan sobrevalorado en nuestra sociedad y tan asociado a refuerzos de tipo social (integración social, relaciones con los compañeros…), económico (nómina a final de mes) y psicológico (autoestima, satisfacción con uno mismo…).
Por otra parte, en esta nueva reubicación familiar, los padres como pareja tiene que renegociar su propia relación. Vuelven a encontrarse “cara a cara”, después de haber pasado muchos años volcados en la educación y cuidado de sus hijos. E incluso, en muchas ocasiones habiendo relegado la propia relación de pareja a un segundo plano, “aparcando” aquellos conflictos que existían antes del nacimiento de sus vástagos y por lo tanto, dichas cuestiones no resueltas, resurgen.
Es un momento crítico que implica no sólo aceptar que los hijos “vuelan” del hogar, sino también la necesidad de revisar, redefinir y negociar tanto el vínculo de la pareja como los proyectos en curso. Esto es revisar el tipo de relación que se va a mantener con las nuevas estructuras de familia que realicen los hijos (p.ej. nuevos roles de suegros, abuelos etc.). A partir de este momento, se inicia un nuevo periodo de reajuste y elaboración de nuevos roles y patrones de interacción en la familia. Puede convertirse en un momento de revitalización de la pareja y de inicio de nuevos proyectos. Puede empezar a dedicarse tiempo a viajar, dedicarse a hobbies, así como a aprender a vivir un nuevo estilo de vida descargándose de responsabilidades (emocionales y económicas entre otras).
¿Cómo sobrellevar el síndrome del nido vacío cuando los hijos abandonan el hogar?
Existen una serie de recomendaciones generales para sobrellevar esta nueva etapa vital.
- Prepararse para cuando llegue el momento, viviéndolo como una nueva etapa en la se brindan nuevas experiencias. El haber ido fomentado la autonomía de los hijos a lo largo de los años, ayudará a enfrentarse a esta nueva situación sin un gran drama.
- Sentir alegría por la independencia de los hijos en lugar de sentir tristeza. Como padres hemos sido capaces de haberles enseñado aquellas herramientas que necesitaban para independizarse.
- Reconocer la pena que nos genera su marcha. Es normal que les echemos de menos y que esto nos produzca dolor.
- Seguir manteniendo el contacto: cuando un hijo se va de casa no se tiene por qué perder el vínculo afectivo. Podemos continuar teniendo una relación cercana con ellos, mediante visitas, videollamadas etc.
- Aprovechar el momento para fomentar nuestros intereses. En muchas ocasiones, el trabajo, el cuidado de la familia, no nos dejaron tiempo para hacer actividades que nos gustaban e interesaban. Por ejemplo: viajar, practicar deporte, estudiar, etc. Este nuevo ciclo vital puede ser idóneo para poner en marcha todas aquellas inquietudes que quedaron relegadas porque el rol de padres ocupó la inmensa mayoría de tiempo.
- Impulsar la relación de pareja o buscar una nueva. Muchas parejas, lo único que los unía hace mucho tiempo eran los hijos y en esta nueva etapa, puede surgir la separación. En la mayoría de los casos, se puede volver a una especie de segundo noviazgo. De esta forma, la pareja se dedica a vivir la vida sin tanta responsabilidad como la que conlleva el tener a hijos a nuestro cargo.
- Fomentar las amistades. Cuando nos hemos volcado en la educación y cuidado de nuestros hijos, la vida social de las personas suele quedar en un segundo plano. Ahora que se han marchado, es momento de retomar los contactos o de conocer nuevas personas que enriquezcan vuestras vidas.
Pide ayuda a profesionales
Si sientes que esta situación te supera porque la tristeza, la ansiedad, la irritabilidad persistan de forma intensa y/o causen un elevado malestar y deterioro en el funcionamiento cotidiano, será conveniente consultar con un psicólogo para poder afrontarlo. Nuestro equipo de psicólogas te puede ayudar a través de terapia presencial u online. Contacta con nosotras.
Este artículo ha sido redactado por María Sandra de Haza Moreno durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
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