El miedo a la crítica está íntimamente relacionado con una baja autoestima. Las personas más vulnerables a la crítica son también las menos seguras de sí mismas, como lo demuestra el hecho de que conceden mayor credibilidad a los comentarios y juicios de otras personas que a los suyos propios.
¿Te incluirías en el grupo de las personas hipersensibles a la crítica?
Quizá te preguntes que tienen esas personas para hacer oídos sordos a los comentarios críticos mientras que tú desearías ser tragado por la tierra. La única diferencia está en el pensamiento. Por lo tanto, el dolor, la humillación o la ira que sientes cuando alguien te amonesta o le rechaza no son consecuencias de las palabras que alguien le ha dicho, sino de los pensamientos que han invadido tu mente a partir del momento en que alguien te ha increpado o rechazado.
Si eres es de los que temen a la crítica y posteriormente se lamenta con frases del tipo: “si le hubiera dicho que…”, “le tenía que haber contestado que…”, probablemente aún no has puesto en funcionamiento las herramientas necesarias para relacionarte/enfrentarte de una manera diferente y más eficaz ante ella.
A continuación te presentamos algunas estrategias que podemos empezar a utilizar para contestar eficazmente a la crítica:
1. Empatizar y ser asertivo con la crítica
Por lo general, nadie recibe una crítica con agrado, ni siquiera aquellas que tienen voluntad constructiva. En la mayoría de las ocasiones, nuestra actitud frente a ellas es de confrontación. Nos ponemos a la defensiva e intentamos por todos los medios desbancar los argumentos esgrimidos de la parte contraria creando un resquemor e incluso odio. Un desenlace desagradable como este puede evitarse haciendo uso de la empatía y la comunicación asertiva. La clave está en expresarnos de forma clara y firme sin vulnerar los derechos de los demás ni los nuestros propios. En términos generales, las personas solemos comunicarnos mediante una actitud agresiva, pasiva o asertiva. La persona que adopta una comunicación agresiva trata de imponer su criterio a los demás. Se trata de una persona inflexible, en el fondo insegura de sí misma que suele provocar rechazo a la gente que le rodea. Para ellos, una crítica equivale siempre a un ataque y por eso, se defienden atacando. Normalmente este ataque consiste en desprestigiar al contrario, demostrando lo insensible, injusto o grosero que ha sido.
Por otra parte, las personas con un estilo comunicativo pasivo, no parten de la premisa de que las críticas puedan ser correctas o incorrectas, simplemente las aceptan. Esta actitud puede socavar en el estado de ánimo llegando a deprimir a la persona, p.ej. “No voy a seguir estudiando, no valgo”.
Por último, las personas con un estilo comunicativo asertivo están dispuestas a escuchar las críticas de los demás poniéndose en el lugar del otro, no cayendo en provocaciones, pero tampoco dejándose humillar.
2. Buscar puntos de coincidencia con la crítica.
No se trata de doblegarse ante el criterio ajeno, sino de buscar “las zonas de verdad” en las personas que hace la crítica. Si nos ponemos en la piel de la otra persona, tenemos en cuenta sus circunstancias personales, su estado de ánimo y su particular forma de interpretar el mundo, es muy difícil no llegar a comprender (que no significa compartir) hasta las actitudes más extremas.
¿Por qué es tan eficaz buscar puntos de coincidencia con una crítica, incluso en aquellos casos en que nos parece injusta?
- Le demuestra a su interlocutor que está dispuesto a considerar sus palabras, entender sus razones y si es posible, llegar a un entendimiento con él.
- Impide que la crítica acabe convirtiéndose en una batalla campal de críticas y contracríticas.
- Desconcierta al emisor porque no se genera una disputa como inicialmente él esperaba.
- La actitud agresiva del emisor va extinguiéndose y lo que podía haber acabado en una discusión, acaba en un diálogo correcto y en un intercambio de pareceres.
3. Pactar con el adversario
Una vez hemos escuchado pacientemente todo lo que “nuestro crítico” tenía que decirnos, ha llegado el momento de expresar nuestra opinión siguiendo una serie de pautas, entre las que destacan:
- Defender nuestros criterios con la máxima objetividad posible, evitando el lenguaje ambiguo, así como expresiones emocionales y centrándonos en los hechos que son objetos de la crítica.
- Evitar las etiquetas para definir a la otra persona y su conducta con respecto a nosotros. No es conveniente defendernos con expresiones tales como: “Has sido muy cruel conmigo”, “Te has pasado, nunca imaginé que fueras capaz de decirme algo semejante” etc.
- Admitir la posibilidad de que quizá nos hemos podido equivocar. En este caso, es más útil emplear comentarios como: “Reconozco que en este aspecto me he equivocado, aunque…”, “No sé qué pensarás de esto, pero yo opino que…”.
A continuación, para poner en práctica lo desarrollando a lo largo de este artículo, pasaremos a describir las principales técnicas de comunicación asertiva, entre las que se encuentran:
1. Disco Rayado:
Consiste en ser persistente y en repetir lo que se quiere sin enojarse, sin elevar la voz.
Para ello verbalizaremos ciertas frases de forma repetida a lo largo de la conversación.
Objetivo: hacernos oír, pero sin irritarnos.
Ejemplo: «sí, lo sé, pero mi punto de vista es…», «estoy de acuerdo, pero…».
2. Banco de Niebla:
Consiste en no negar ninguna de las críticas que nos han hecho.
Su uso permite aceptar las opiniones, sentimientos, deseos de los demás, aunque no los compartamos.
No contraatacamos. Para ello se escuchará la crítica, aceptamos la parte en la que pueden tener razón y luego añadiremos algún matiz.
Objetivo: se utiliza para enfrentarse a las críticas que no se ajustan a hechos reales, sino que son opinables.
Ejemplo: «es verdad lo que dices, pero aun así deseo…», «puede que tengas razón en lo que dices, pero…».
3. Claudicación simulada:
Con esta técnica se aparenta ceder terreno sin cederlo realmente.
Para ello reconocemos el argumento de la otra persona, pero realmente no modificamos nuestra postura.
Ejemplo: «es posible que tengas razón, seguramente podría ser más …» .
4. Interrogación negativa o pregunta asertiva:
Consiste en tratar de ayudar al otro a formular críticas sobre nosotros, y tratar de llegar al verdadero objeto de crítica. Todo ello de forma relajada y sin inmutarnos.
Suele ser muy útil en aquellas situaciones en las que prima la relación sobre el contenido: pareja, familia, amigos…
Mediante la interrogación negativa se pretende obtener más información sobre el interlocutor y suscitar su crítica sincera. De esta forma queda «desarmado» y con mayor predisposición a colaborar en la interacción.
Ejemplo: «entiendo que no te guste el modo en que actué el otro día, ¿Qué fue lo que te molestó exactamente?», ¿Qué hay en mi forma de comportarme que te disgusta?».
5. Ironía asertiva:
Consiste en responder asertivamente a críticas hostiles.
Se aconseja utilizar esta técnica con poca frecuencia.
Ejemplo: responder a «eres un…» con un «gracias».
6. El aplazamiento asertivo:
Consiste en aplazar la respuesta hasta encontrarnos en calma y con capacidad de dar una respuesta adecuada.
Ejemplo: «en estos momentos no quiero hablar de eso…».
Si quieres ampliar tu repertorio de técnicas asertivas, te recomendamos nuestro taller de Comunicación asertiva, donde encontrarás diferentes técnicas.
Si tras practicar estos consejos, sientes que las críticas te afectan en exceso y necesitas ayuda profesional para gestionar tus emociones al respecto o trabajar en tu autoestima, nuestro equipo de psicólogas puede ayudarte a través de terapia online o presencial en Madrid.
Este artículo ha sido redactado por María Sandra de Haza Moreno durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
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