Límites éticos de la ciencia: experimentos en psicología que cruzaron la línea

08/11/2025 por Psicología MensActiva S.L.

¿Dónde están los límites éticos de la ciencia? ¿En la investigación científica (en nuestro caso concreto, el campo de la psicología) vale todo?

Estas preguntas generan debate desde hace décadas. A lo largo de la historia, existieron experimentos que, aunque aportaron descubrimientos clave, también pusieron en evidencia la falta de ética en ciertos momentos de la ciencia.

Hoy, gracias a estos casos, se han establecido normas como el consentimiento informado o los comités de ética. Pero para entender por qué surgieron, es necesario mirar atrás y conocer algunos de los experimentos en psicología que cruzaron la línea de lo éticamente aceptable.

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¿Por qué son importantes los límites éticos de la ciencia?

La mayoría de los experimentos que veremos a continuación se realizaron hace décadas, en una época donde los estándares éticos científicos no eran tan rigurosos como en la actualidad.

Hoy serían impensables, pero marcaron un antes y un después en la forma de entender la investigación y la dignidad humana.

Experimentos en psicología que cruzaron los límites éticos

A lo largo del siglo XX, diversos experimentos psicológicos buscaron comprender la mente humana desde sus emociones más profundas hasta su comportamiento bajo presión.

Sin embargo, algunos de estos estudios traspasaron los límites éticos, poniendo en riesgo el bienestar físico o emocional de sus participantes.

A continuación, repasamos los casos más emblemáticos, que no solo marcaron la historia de la psicología, sino que también dieron origen a muchos de los principios éticos y normas que regulan hoy la investigación científica.

El experimento del pequeño Albert

Realizado en 1920 por John B. Watson y Rosalie Rayner, este experimento buscaba demostrar que las fobias podían aprenderse. Albert, un bebé de 9 meses, fue expuesto a estímulos neutros como animales o fuego.

Posteriormente, los investigadores asociaron una rata blanca con fuertes y aterradores sonidos, generando miedo en el niño. Esta fobia se generalizó a otros objetos o animales peludos.

El caso generó gran controversia, especialmente por tratarse de un menor sin consentimiento informado.

El experimento de obediencia de Milgram

En 1961, Stanley Milgram investigó hasta qué punto una persona es capaz de obedecer órdenes de una figura de autoridad, incluso si estas implican dañar a otros.

Los participantes creían que estaban aplicando descargas eléctricas a otra persona cada vez que fallaba en una prueba de memoria. Aunque las descargas eran falsas, los sujetos no lo sabían.

A pesar de los gritos de dolor del actor, quien llegó a simular incluso problemas cardíacos, la mayoría continuó hasta el máximo voltaje por la presión de la autoridad infundida por un hombre con una bata blanca.

Este estudio tuvo muchos beneficios en la psicología social, y dio respuesta a muchos comportamientos humanos, pero también fue bastante criticado por el estrés psicológico al que se sometieron los participantes, quienes realmente creyeron estar haciendo daño al paciente.

La privación materna en monos Rhesus de Harlow

Harry Harlow, en los años 60, estudió el apego separando a crías de mono de sus madres y ofreciéndoles dos figuras sustitutas: una primera madre hecha de alambre, pero con comida, y una segunda madre hecha de felpa, pero sin comida, haciéndoles elegir así entre la calidez y afecto o la comida.

Las crías preferían el contacto con la “madre de felpa”, a pesar de no tener comida, demostrando la importancia del vínculo emocional, por encima, incluso, de las necesidades fisiológicas.

Se llegó a ver que cuando separaban al muñeco de la cría, esta empezaba con signos de desesperanza y cuando se producía algún cambio en el entorno que provocaba estrés, inmediatamente las crías iban a abrazar al muñeco de felpa.

Sin embargo, las condiciones de aislamiento y sufrimiento de los animales despertaron un rechazo ético enorme.

Este estudio no podría realizarse hoy bajo los estándares científicos actuales.

¿Qué consecuencias tuvieron estos experimentos en la ética científica?

A pesar de lo cuestionable de sus métodos, estos estudios impulsaron cambios esenciales en la ciencia:

  • Nacimiento del consentimiento informado.

  • Creación de comités de ética en investigación.

  • Mayor protección a participantes vulnerables (niños, personas con discapacidad, animales…).

  • Establecimiento de normas internacionales como la Declaración de Helsinki o el Código de Núremberg.

Gracias a estos límites éticos, la ciencia actual busca equilibrar el avance del conocimiento con el respeto a la dignidad y derechos humanos.

Reflexión final: ¿En la ciencia vale todo?

Los experimentos explicados en este artículo solo han sido 3 de los más cuestionados en la historia de la psicología. Y aunque hoy en día, ninguno de ellos podría realizarse, lo cierto es que marcaron un antes y después en los estándares éticos dentro de la ciencia. Dejaron una huella profunda, proporcionando conocimientos muy valiosos en este campo, y contribuyeron a establecer los límites éticos de la ciencia.

Por todo esto, nos gustaría acabar como empezamos este artículo, reflexionando acerca de las siguientes preguntas: ¿Dónde están los límites éticos de la ciencia? ¿Vale todo en nombre del conocimiento?
La respuesta parece clara: la ciencia debe avanzar, pero nunca a costa de la dignidad humana.

Este artículo ha sido redactado por Leire Serrano durante la realización de sus prácticas del Grado en psicología.

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