El efecto placebo y nocebo: el poder de la mente sobre el cuerpo

18/04/2025 por Psicología MensActiva S.L.

En los ámbitos de la medicina y la psicología se da un fenómeno que muestra como nuestra percepción influye de una forma directa sobre nuestra salud: el efecto placebo y el efecto nocebo. Esto abrió una línea de investigación en la que el objeto central es mejorar nuestra compresión sobre como interactúan la mente y el cuerpo. Gracias a los avances en esta línea, y al trabajo conjunto de los profesionales de la psicología y de la medicina, podemos realizar tratamientos óptimos y con una mayor probabilidad de éxito.

¿Qué es el efecto placebo?

El efecto placebo se da cuando se observa una mejoría respecto a los síntomas o condiciones físicas (dolor crónico) después de recibir un tratamiento que, en realidad, no tiene principios activos ni efectos directos sobre la sintomatología.

Este tratamiento se puede basar en una pastilla con azúcar, una inyección inocua o una cirugía simulada. Lo relevante es que a pesar de no contener estos principios activos el placebo puede generar ciertas respuestas orgánicas reales, como una reducción del dolor, una mejora del estado de animo o incluso cambios fisiológicos y biológicos reales. 

El término «placebo» proviene del latín y significa «complacerá». Estos placebos han sido usados en situaciones en las que no existe un tratamiento efectivo disponible. No obstante, hoy en día el efecto placebo es un área de estudio relevante tanto en la psicología y como en la medicina ya que pone sobre la mesa la importancia de la interacción entre el cuerpo y la mente. 

¿Cómo funciona el efecto placebo?

El efecto placebo no es simplemente autosugestión e imaginación, estudios recientes han demostrado que existen bases biológicas y psicológicas. Cuando un paciente cree que está recibiendo un tratamiento efectivo, tiene confianza en el profesional y una expectativa positiva de los resultados, su cerebro libera endorfinas, dopamina y serotonina que mejoran la sintomatología general del paciente. Gracias a esto se reduce la ansiedad del paciente y se activan circuitos del cerebro asociados a la recompensa y la regulación emocional, lo que refuerza aún más esta sensación más inmediata de mejoría. 

Un ejemplo típico del uso del efecto placebo es en ensayos clínicos. En estos estudios un grupo de participantes recibe el tratamiento real mientras que el otro grupo recibe un tratamiento inocuo. Si ambos grupos muestran un índice de mejoría similar se concluye que el tratamiento sugerido no es más eficaz que el efecto placebo, por lo que no es un tratamiento rentable (en cuanto a salud se refiere). Pero este hecho también resalta la potencia de las expectativas y la confianza en un tratamiento determinado. 

El otro lado: el efecto nocebo

El efecto placebo está relacionado con resultados positivos, mientras que el efecto nocebo está relacionado con las consecuencias negativas. Se da cuando una persona, por efecto de sus expectativas o creencias negativas, no experimenta los efectos esperables por un tratamiento (real o placebo) o incluso experimenta un empeoramiento de los síntomas. Por ejemplo, si un médico advierte sobre posibles efectos secundarios de un medicamento, el paciente podría experimentar esos efectos incluso si está tomando un placebo.

El efecto nocebo también puede darse en situaciones del día a día. Imagina que alguien te dice que un alimento te causará malestar estomacal. Aunque el alimento esté en buen estado, podrías experimentar náuseas o dolor simplemente porque esperas que eso ocurra. Este fenómeno resalta cómo nuestras creencias y emociones pueden influir en nuestra salud.

Factores que influyen en el efecto placebo y nocebo

Varios factores pueden potenciar o debilitar estos efectos:

  1. La relación profesional-paciente: Un profesional de la salud que muestra empatía, confianza y seguridad puede aumentar la efectividad de un tratamiento, incluso si es un placebo. Por el contrario, un enfoque frío o despectivo puede desencadenar el efecto nocebo. Es por esto muy importante la presencia de la psicología en el inicio de ciertos tratamientos especialmente relevantes para la salud.
  2. El contexto del tratamiento: Cuanto más complejo es un tratamiento más tendemos a percibirlo como potencialmente efectivo. Es más probable que un tratamiento complejo se aleje de nuestra comprensión y, por tanto, creamos que es más sofisticado. A pesar de que no existe esta relación según la que una mayor complejidad conlleva una mayor efectividad, tendemos a asociarlo como algo más avanzado y estudiado. Las pastillas de colores brillantes, las inyecciones o los procedimientos complejos suelen ser percibidos como más efectivos que los tratamientos simples. 
  3. Las creencias y expectativas del paciente: Si una persona cree firmemente en la eficacia de un tratamiento, es más probable que experimente el efecto placebo. Por otro lado, el escepticismo o el miedo pueden activar el efecto nocebo.
  4. La cultura y el entorno: Las creencias culturales sobre la salud y la enfermedad también juegan un papel importante. Por ejemplo, en algunas culturas, los rituales tradicionales pueden tener un fuerte efecto placebo debido a la fe que las personas depositan en ellos.

Implicaciones en la medicina y la psicología

El efecto placebo/nocebo es muy relevante en la práctica médica y psicológica. Aunque un tratamiento tenga principios activos, siguen existiendo efectos placebos y nocebos transversales e independientes del tratamiento en concreto. Es importante potenciar el efecto principal aumentando el efecto placebo y disminuyendo el efecto nocebo. Los profesionales de la salud deben ser conscientes del poder que tienen las palabras y actitudes hacia los pacientes, sobre todo en tratamientos delicados de los que pueden depender la vida de personas. Una comunicación clara, motivacional, empática y personalizada puede maximizar los beneficios del efecto placebo y minimizar los riesgos del efecto nocebo. 

Por otro lado, estos efectos plantean preguntas éticas. ¿Es ético recetar placebos a los pacientes? En algunos casos, los placebos pueden ser útiles, especialmente cuando no hay tratamientos efectivos disponibles. Sin embargo, los pacientes tienen derecho a saber que se está tomando en todo momento, por lo que el uso de placebos en la práctica real es éticamente cuestionable. 

Además, el estudio del efecto placebo ha llevado al desarrollo de terapias que aprovechan el poder de la mente, como la meditación, la hipnosis y las técnicas de visualización. Estas prácticas no solo son útiles para tratar el dolor crónico o la ansiedad, sino que también refuerzan la idea de que la mente y el cuerpo están profundamente conectados. El uso de estas terapias como complemento en ciertos tratamientos puede aumentar significativamente las probabilidades de éxito de un tratamiento.

La mente como aliada

El efecto placebo y nocebo nos recuerdan que la mente es una herramienta muy potente en el proceso de curación. Nuestras creencias, expectativas y emociones no solo influyen en cómo nos sentimos, sino también en cómo respondemos a los tratamientos médicos. Ser conscientes de este efecto no solo mejora la práctica clínica, sino que empodera a los pacientes a tomar una parte activa sabiendo que su papel puede ser determinante en el desarrollo del tratamiento.

Este artículo ha sido redactado por Yoel Gutiérrez Fuentes durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

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