Vamos a imaginarnos las emociones como un semáforo interno que representa a cada persona. La alegría es una emoción agradable que actúa como luz verde facilitando el paso y la acción.
Otras emociones como el miedo o la ansiedad pueden actuar como luz naranja, indicando precaución. Además, pueden aparecer emociones como la tristeza o la ira en forma de luz roja que nos detienen por un momento para protegernos.
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Por qué las emociones “negativas” son “positivas”
Las personas tienden a categorizar las emociones como positivas (alegría o confianza) y negativas (tristeza, miedo o ira). Que una emoción esté definida como negativa no implica que no sea funcional o que haya que desecharla, simplemente la experiencia de estas puede ser desagradable para el individuo y puede provocar algunas activaciones fisiológicas. Esto quiere decir que las emociones, ya sean “positivas” o “negativas” cumplen una función para que la persona pueda adaptarse a lo que ocurre a su alrededor, y por tanto, las emociones son desagradables pero necesarias.
Estas emociones también nos ofrecen información sobre nuestro entorno y sobre nosotros mismos. Nos comunican posibles amenazas, obstáculos y alertas, y nos impulsan a la búsqueda de soluciones. Por tanto, cumplen un papel clave en nuestro crecimiento personal más allá de las sensaciones desagradables.
La función adaptativa de las emociones negativas o desagradables
Cuando una persona está experimentando emociones incómodas tiende a evitarlas y huir de ellas, por ello es importante aclarar qué función cumple cada una:
- Ira: prepara al cuerpo y la mente para actuar. Nos proporciona fuerza para protegernos de un problema. Además, aparece cuando algo nos impide lograr lo que queremos, es una respuesta de defensa.
- Miedo: aparece como una respuesta de evitación ante un posible peligro. El miedo focaliza toda nuestra atención ante un estímulo, lo que permite actuar de manera rápida y eficaz. Activa físicamente al cuerpo.
- Tristeza: reduce la actividad de la persona de forma temporal, lo que ayuda a que reflexione sobre ciertas situaciones personales y a procesar el dolor. La tristeza es una pequeña alarma de que necesitamos apoyo y fomenta la empatía.
- Asco: actúa como escape, nos ayuda a alejarnos de situaciones que podrían ser dañinas para nosotros. Puede aparecer frente a cualquier estímulo que nos resulte desagradable. Además, favorece las conductas saludables.
- Sorpresa: prepara al organismo para reaccionar de manera correcta ante algo novedoso. Permite centrar la atención y explorar lo que está sucediendo, generando curiosidad.
Cómo gestionar las emociones en lugar de reprimirlas
Una vez se le ha dado el sentido funcional a cada emoción desagradable es importante encontrar la forma de aprender a gestionarlas en lugar de reprimirlas.
Reprimir las emociones solo van a fomentar la evitación de estas y la asociación errónea a que son algo malo.
Buscar la aceptación y no la evitación de estas.
- Identificar la emoción: es importante pararse a localizar que emoción estamos experimentando para darle espacio. También es clave entender y analizar la situación para explicar por qué nos estamos sintiendo de esa manera.
- Aceptar la emoción: hay que tener en cuenta que no es posible eliminar las emociones, no se trata de huir de lo desagradable para estar bien. Aceptar la emoción implica entender su función.
- Enfrentar el miedo: exponerse de forma progresiva a lo que tememos nos hace conectar con la emoción. Si la evitamos, nos asusta, y si nos asusta, no podemos convivir con ella.
- Entender que es efímero: en ocasiones, el malestar viene y hay que experimentarlo. Es importante tener presente que una emoción no es para siempre y que de la misma forma que puedes sentir alegría, también pueden darse momentos de tristeza u otras emociones.
Conclusión: entender las emociones para vivir mejor
Las emociones, tanto agradables como desagradables, son herramientas que nos ayudan a adaptarnos al entorno que nos rodea y a responder de manera adecuada a las diferentes situaciones a las que nos enfrentamos, emociones nombradas como la ira, la sorpresa, la tristeza o el asco cumplen funciones específicas que nos protegen o alertan.
No se trata de eliminar lo que sentimos, sino de aprender a entenderlo.
Cuando no se gestionan adecuadamente, pueden volverse más intensas y generar malestar, afectando tanto a nivel psicológico como físico.
Si sientes que tus emociones te sobrepasan o generan un malestar excesivo, no dudes en buscar ayuda profesional para que te orienten y faciliten estrategias de gestión emocional.
Este artículo ha sido redactado por Patricia del Palacio durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
