El ser humano constituye un organismo complejo, cuya salud y bienestar no solo depende de su estado físico, sino también de otros factores como el psicológico, social y espiritual. Por ello, el ser humano adopta un enfoque integral conocido como modelo biopsicosocial, es decir, las personas se conectan con el mundo, y de manera más profunda, experimentan dolor desde los diferentes dimensiones que la conforman. De este modo la experiencia de dolor crónico se ve reflejada en cada uno de los factores presentes en la persona.
Asimismo, el dolor depende de la forma en la que pensamos, sentimos y el entorno donde nos desarrollamos, afectando de determinada manera a la calidad de vida.
Quizás también te interese…
Afrontando el dolor crónico
Dolor emocional: cuando las emociones no expresadas se transforman en síntomas
Terapia de aceptación y compromiso
¿Qué es el dolor crónico?
Basándonos en la Asociación internacional del estudio del dolor (IASP) el dolor crónico sería aquel que tiene una duración mayor de la curación de sus tejidos. Es una experiencia sensorial y emocional poco agradable. El dolor transciende de ser únicamente un síntoma para considerarse una enfermedad cuando su duración asciende a más de tres meses.
¿Cómo puedo diferenciar cuando es un dolor agudo de un dolor crónico?
El dolor agudo se considera un mecanismo protector ante un daño real, avisándonos de que hay una amenaza para el cuerpo. Sería un proceso adaptativo para el cuerpo, al avisarnos de que evitemos o preveamos un dolor mayor.
En cambio, el dolor crónico es una condición que pierde la utilidad de avisarnos de que existe un peligro real, convirtiéndose en una enfermedad.
Diferencias principales:
Al considerarse una enfermedad en sí misma, el tiempo de duración y la implicación que puede tener en los diferentes dimensiones de la persona (psicológico, social, biológico y espiritual) afecta de forma directa a la calidad de vida relacionada con la salud de la persona.
¿Cómo interfiere en la vida de la persona?
- Limitaciones en actividades cotidianas: tareas rutinarias simples; cocinar, lavar
- Impacto en la movilidad: capacidad para caminar
- Pérdida de energía: hay como un “drenaje de energía”
- Pérdida de empleo: la falta de actividad física derivada de la enfermedad produce el abandono del trabajo
- Desarrollo de sintomatología afectiva: depresión, ansiedad, ira, frustración, desesperanza, catastrofización
- Interferencia en las relaciones personales
- Aislamiento social: renunciar a la vida social
- Dificultad para dormir y despertares repentinos
¿Cómo fortalecer la Calidad de vida?
Es la valoración que la persona hace respecto del bienestar y como puede afrontarlo. Por lo que considerar cuáles son las variables que más se ven afectadas y el impacto que tiene en los diferentes dimensiones de la persona ayudan a entender como fortalecer la calidad de vida de la persona.
- Fomentar factores psicológicos positivos: la felicidad es un factor protector para la salud física y mental.
- Promoción de la resiliencia: entrenamiento en técnicas de autocontrol
- Fomentar la aceptación del dolor: tener contacto con experiencias desagradables sin que tenga una implicación en la conducta.
- Promover la autoeficacia el control interno: capacidad del individuo para afrontar una situación, asociada con menor depresión y ansiedad.
- Valorar el dolor como desafío: en lugar de como una pérdida o una amenaza
- Reducir la indefensión: sentimiento de incapacidad para controlar o superar una situación
- Estrategias de Afrontamiento activas: autoafirmación, técnicas de distracción, estrategias dirigidas al problema.
- Fomentar el apoyo social y familiar: ayuda para afrontar el dolor crónico
- Fomentar la integración laboral: integración al puesto de trabajo, satisfacción con el Trabajo y desarrollo del trabajador.
Vivir con dolor crónico: comprender para poder afrontarlo
El dolor crónico es considerado una enfermedad en sí misma, por lo que requiere un enfoque integral debido a su intromisión en la calidad de vida (CV) de los individuos que la padecen. La manera en la que el individuo evalúa cognitivamente su dolor determina su capacidad de afrontamiento.
Esto se debe a que, si se percibe como una situación donde la persona se ve incapaz de superarla, y además la percibe como incontrolable, o cuyo origen no se comprende, se produce una percepción más intensa y negativa del mismo, al pensar que el dolor es superior a sus capacidades personales.
Además, los factores cognitivos y emocionales negativos asociados a la experiencia de dolor como el catastrofismo, por ejemplo, pensamientos del tipo “cada vez va a peor, no voy a poder superarlo”, y la ansiedad que lo acompaña, contribuyen a interpretarlo como una amenaza constante.
Cuando la enfermedad se percibe como peligrosa, duradera, incontrolable e imposible de manejar, la persona empieza a experimentar progresivamente aislamiento social, dificultades para dormir, irritabilidad y una reducción importante de las actividades cotidianas. Todo ello genera un deterioro significativo en el funcionamiento físico, psicológico y social de la persona, afectando a su bienestar general y su sentimiento de autoeficacia.
Aprender a convivir con el dolor no significa hacerlo en soledad. Contar con apoyo psicológico puede facilitar ese proceso y ayudarte a recuperar equilibrio.
Este artículo ha sido redactado por Ana Aguilar durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
