eEl ictus es un trastorno que se produce por la alteración de la circulación sanguínea cerebral que puede generar cambios en dicha función. Esta problemática puede darse de forma transitoria o permanente.
Se pueden distinguir dos tipos principales de ictus: isquémicos y hemorrágicos.
En ambos casos, se produce la interrupción del flujo sanguíneo en una región específica del cerebro, lo que hace que estas células sin oxígeno, comiencen a morir, ocasionando daño cerebral. En este artículo vamos a analizar las consecuencias psicológicas y neuropsicológicas de un ictus.
Prevalencia
El ictus ocupa el segundo lugar como causa de muerte y se sitúa como la principal causa de discapacidad en Europa. Se estima que entre el 20% y el 35% de los pacientes fallecen durante el primer mes tras sufrir un ictus, y alrededor de un tercio de los supervivientes experimenta la pérdida de autonomía.
La prevalencia global del ictus en Europa a principios del siglo XXI se situó en un 1,34%, lo que equivale a seis millones de casos de ictus cada año. Estas tasas varían, siendo del 5% en personas menores de 75 años y superando el 10% en aquellos mayores de 80 años.
Consecuencias neuropsicológicas
Los déficits cognitivos que experimentan las personas que han sufrido un ictus dependen de la ubicación específica de la lesión en relación con los territorios vasculares cerebrales. Por lo general, aquellos que han experimentado un ictus manifiestan problemas cognitivos, como dificultades en la atención y la memoria, así como complicaciones en la planificación, organización y afectación de las capacidades lingüísticas.
Consecuencias psicológicas
Entre las problemáticas psicológicas que más destacan tras un ACV se encuentran la depresión y ansiedad.
Se estima que la depresión afecta a aproximadamente el 30% al 40% de las personas que han experimentado un accidente cerebrovascular. Esto, se asocia con una disminución en la calidad de vida, así como con mayores tasas de mortalidad e incapacidad funcional. Entre los factores de riesgo identificados se encuentran antecedentes previos de depresión antes del accidente cerebrovascular, la falta de apoyo familiar o social, la presencia de ansiedad, la gravedad del cuadro clínico neurológico y dificultades cognitivas, como problemas de memoria, funciones ejecutivas, atención y velocidad de procesamiento psicomotor.
Además, en muchas ocasiones, estas problemáticas, suelen presentarse junto con alteraciones en el comportamiento como irritabilidad, agresividad y egocentrismo. La diversidad de estos síntomas resalta la complejidad de los efectos del ictus en las funciones cognitivas y emocionales de las personas afectadas.
¿Se puede recibir terapia o rehabilitar?
Sí, se puede recibir terapia. A día de hoy, existen muchos equipos especializados que, por lo general, suelen trabajar de forma multidisciplinar para rehabilitar esas lesiones que han podido darse después de sufrir el daño cerebral.
A continuación se comenta uno por uno los diferentes profesionales que se encargan de rehabilitar dicha patología:
Primero, si lo que se quiere es rehabilitar los déficits cognitivos, el principal profesional que se encarga de esto, son los neuropsicólogos clínicos. No obstante, desde la rehabilitación neuropsicológica, también se pueden tratar los cambios de conducta y alteraciones emocionales que en ocasiones también se pueden dar.
En segundo lugar, existe a su vez, un equipo de fisioterapeutas encargados de rehabilitar la parte motora si es que se ha visto afectada a consecuencia del ictus.
Posteriormente y n tercer lugar, en ocasiones, las personas que se han visto afectadas de esta problemática, pierden ciertas funciones relacionadas con el habla. En este caso, será la rama de la logopedia la que se encargará de rehabilitar la función deteriorada o perdida.
En cuarto lugar, existe otra figura relativamente nueva, que se denomina terapia ocupacional. Esta rama, se encarga de fomentar la independencia en las actividades básicas de la vida diaria del paciente, establecer nuevos roles y actividades significativas para el paciente y promover la generalización.
Finalmente, si la problemática de la persona tras el ACV se relaciona con ansiedad, depresión o patologías más clínicas, también se encuentra la figura del psicólogo general sanitario o psicólogo clínico.
RECURSOS
La rehabilitación deberá comenzar lo más temprano posible, se llevará a cabo con la máxima intensidad disponible, utilizando una metodología holística que integre intervenciones cognitivas, emocionales, funcionales, físicas y sociales. A su vez, se establecerá una estrecha coordinación entre los agentes terapéuticos, incluyendo al equipo profesional, al paciente y a la familia. A continuación, se exponen algunos lugares donde se realizan este tipo de rehabilitaciones:
UNIDADES RESIDENCIALES
- Fundación Polibea (Plazas Concertadas)
- Grupo 5 Cian (Plazas Concertadas)
- Centro Ecoplar (Plazas Concertadas)
- Residencia Medinaceli (Plazas Concertadas)
- Asociación Adamar (Plazas Concertadas)
CENTROS DE DÍA
- Asociación Apanefa (Plazas Concertadas + Cheque servicio)
- Lescer (Plazas Concertadas + Cheque servicio + Plazas Privadas)
- Grupo 5 Cian (Plazas Concertadas + Cheque servicio + Plazas Privadas)
- Fundación Polibea (Plazas Concertadas + Cheque servicio + Plazas Privadas)
- C. Polibea Norte (Plazas Concertadas + Cheque servicio + Plazas Privadas)
- C. Polibea Sur (Plazas Concertadas + Cheque servicio + Plazas Privadas)
- Fundación Pita López (Plazas Concertadas + Cheque servicio +Plazas Privadas)
- Andane (Plazas Privadas + Cheque servicio)
**El cheque servicio es una aportación económica que proporciona la comunidad de Madrid si la persona se encuentra en situación de dependencia.
Este artículo ha sido redactado por Ana Isabel Martínez durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
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