El empleo es un elemento esencial para la identidad y bienestar emocional; no es solo una fuente de ingresos. La salud mental se puede ver afectada tanto por el desempleo como el subempleo, que hace referencia a cuando la persona trabaja en condiciones donde no se aprovechan sus habilidades, ingresos insuficientes y trabaja por menos horas de las deseadas; como consecuencias puede darse afectación significativa de: ansiedad, depresión y baja autoestima. A su vez pueden verse agravadas por factores sociales, como la edad y los prejuicios asociados; lo que introduce un nuevo nivel de complejidad en su impacto psicológico.
Repercusiones psicológicas del desempleo
Efectos emocionales y sociales
La pérdida de empleo, especialmente cuando se prolonga, puede generar un «duelo complicado», caracterizado por una tristeza persistente y dificultades para aceptar la nueva realidad; ansiedad y preocupación constante sobre el futuro económico y profesional, así mismo, por aislamiento social y sentimientos de vergüenza, que alejan a las personas de su entorno de apoyo.
Edadismo y desempleo
En el caso de las personas mayores, estas enfrentan desafíos adicionales debido al edadismo, por los prejuicios y estereotipos negativos relacionados con la edad:
- Dificultades de reincorporación al mercado laboral: muchos empleadores consideran a los trabajadores mayores como «menos adaptables» o «menos productivos», lo que reduce sus oportunidades de empleo.
- Sentimientos de inutilidad: rechazo laboral asociado a la edad refuerza creencias negativas, como «soy demasiado mayor para ser útil».
- Aislamiento agravado: al enfrentarse al rechazo, las personas mayores pueden experimentar un aislamiento social más profundo.
Por otra parte, los jóvenes, aunque el edadismo opera de manera distinta, también enfrentan barreras laborales debido a la falta de experiencia. Esto puede generar frustración, inseguridad y un ciclo de empleos precarios o subempleo.
Intervenciones efectivas, convenientes, trascendentes
Según la literatura científica, para reducir el impacto del edadismo, las intervenciones versarían en desafiar estereotipos y programas de mentoría intergeneracional. Es decir, mediante campañas y políticas que valoren la experiencia de los trabajadores, además de fomentar la colaboración entre generaciones mejorando la percepción de los empleados jóvenes y mayores, facilitando la adaptación al empleo.
Repercusiones psicológicas del subempleo
Subempleo y bienestar psicológico
El subempleo, aunque no implica la ausencia total de empleo, puede ser una fuente de frustración y estrés, debido a la incapacidad de cumplir las metas profesionales y financieras. Sus efectos incluyen:
- Baja autoestima: sentimientos de infravaloración y de sentirse utilizadas.
- Estrés económico: los ingresos insuficientes generan una preocupación constante por la estabilidad financiera.
- Frustración profesional: no poder desarrollar habilidades o avanzar en la carrera causa desmotivación.
Rol del edadismo en el subempleo
Muchas personas mayores aceptan empleos precarios o menos cualificados debido a la discriminación en la contratación o la percepción de ser “menos competitivos”, lo que agrava la sensación de ser “irrelevantes”.
En los jóvenes que a menudo se enfrentan al subempleo el edadismo, les generan sentimientos de frustración y estancamiento profesional al no poder acceder a puestos acordes a sus habilidades.
La combinación de subempleo y edadismo puede generar un impacto emocional más severo en poblaciones vulnerables. Por ejemplo, trabajadores mayores que aceptan empleos mal remunerados para mantenerse activos en el mercado laboral y jóvenes que ven reducida su autoestima al sentirse atrapados en trabajos sin futuro.
Factores protectores y estrategias para la recuperación
- Apoyo social e intergeneracional
Las redes de apoyo fuertes y las interacciones positivas con diferentes generaciones pueden mitigar los efectos psicológicos del desempleo y el subempleo. Algunos enfoques contemplan la mentoría bidireccional, donde empleados jóvenes y mayores compartan conocimientos y experiencias. También se incluyen comunidades de apoyo, es decir grupos donde las personas puedan compartir estrategias y brindar respaldo emocional.
- Terapia cognitivo-conductual
Es un enfoque terapéutico que puede ayudar a reformular creencias negativas, desafiando ideas como «soy demasiado mayor para ser útil» o «mi falta de experiencia me hace incapaz» y desarrollar estrategias activas de afrontamiento, para impulsar la búsqueda de empleo, la formación en nuevas habilidades y la autoaceptación.
El desempleo y el subempleo son experiencias difíciles que afectan profundamente la salud mental y emocional de las personas. Sin embargo, al considerar factores como el edadismo, se revela cómo estas experiencias son aún más complejas para ciertas poblaciones. Si los gobiernos y empleadores implementaran medidas para reducir las barreras de edad en el mercado laboral, incentivando la contratación de trabajadores mayores, promoviendo prácticas laborales flexibles que respondan a las necesidades de distintas generaciones y reduciendo la precariedad laboral juvenil mediante programas de inserción profesional no estaría escribiendo sobre este tema.
Finalmente combatir los prejuicios de edad, fomentar políticas inclusivas y crear entornos de apoyo son pasos esenciales para reducir el impacto del desempleo y el subempleo, permitiendo que las personas, independientemente de su etapa de vida, recuperen su bienestar emocional y profesional. Si estas estas pasando por ello o conoces algún familiar, conocido/a, desde MensActiva esteremos encantados de atenderte para trabajar en contigo en ti y acompañarte en el proceso de búsqueda. ¡Contactanos sin compromiso!
Este artículo ha sido redactado por Yazmina Cabrera durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria
