Cómo tolerar la incertidumbre

09/01/2024 por Psicología MensActiva S.L.

Si nos dieran a elegir entre “un mundo con certezas y seguridades, frente a otro donde no sabemos lo que ocurrirá a cualquier nivel, ni tan siquiera en el próximo mes, elegiríamos sin pensarlo la primera opción. El ser humano no está hecho para un mundo desconocido, lleno de incertidumbre. La incertidumbre nos hace sentir vulnerables, e incomodos. Por eso nos cuesta tanto manejarla. Pero… ¿es posible que, pese a hacernos sentir incómodos, nos aporte algún beneficio? ¿Cómo podemos tolerar la incertidumbre?

Incertidumbre, vulnerabilidad y seguridad

Los seres humanos en general se sienten muy incómodos con la incertidumbre y hay muy buenas razones para ello. Por el bien de nuestra supervivencia, necesitamos tener respuestas, resolver dónde conseguir alimentos, cómo llegar a nuestro destino después de un largo viaje, etc. Y este impulso de resolver estas incógnitas, hace que los humanos nos apresuremos en obtener la respuesta.

No obstante, la capacidad para sobrellevar periodos de “no saber” es una característica esencial de una mente sana y flexible. Reflexionemos sobre esto. La incertidumbre puede verse como algo que agita nuestro pensamiento, que provoca a que pensemos y salgamos de nuestra “zona de confort”. Algunas personas la comparan con una forma de buen estrés. Cuando no estás seguro, o te enfrentas a algo desconocido, tu cuerpo responde a lo que tu mente te está diciendo: “peligro, algo nuevo, hay un problema aquí”.

Y nos detenemos, hacemos una pausa. Al no estar seguros frente a lo que nos enfrentamos, nos ponemos en modo alerta, lo interpretamos como un desafío y podemos aprender. Entonces, el cerebro comienza a digerir más glucosa del organismo, más energía, a sí mismo, para emitir una respuesta ante tal desafío.

Esto es lo que pasa a veces con la incertidumbre, que nos prepara, para pensar, crear y tomar decisiones.

El cambio y el miedo. Dos amigos inseparables

Pero a veces esta incertidumbre puede alargarse más de lo que queremos y nos volvemos incapaces para tomar decisiones.

Sucede que a veces, cuando no sabemos lo que va a ocurrir, cuando se acerca un cambio en nuestra vida, o cuando anticipamos el futuro, aparece el miedo y llega un momento en que se nubla todo y solo le vemos a él en el horizonte.

La entropía psicológica nos dice que el futuro es incierto y, de una manera u otra, nos tenemos que manejar como podamos ante ello. James Yorke conceptualizó en la teoría de la ley del caos que siempre hay un pequeño hueco para el azar en nuestra vida y, por tanto, en nuestra realidad futura e imprevisible.  Es algo natural e inherente en nuestras vidas. El futuro es imprevisible al igual que cualquier cambio no esperado. Y va acompañado siempre de una emoción como es el miedo. Pero el miedo en contra de lo que se pueda pensar muchas veces, es una emoción totalmente necesaria. Te avisa y te prepara ante los desafíos, que trae el cambio. El problema ocurre, cuando se convierte en desadaptativo y toma el control de nuestra mente. Entonces llega la ansiedad y también el estrés.

Cómo tolerar la incertidumbre

 La falacia de tener el control.

Una de las herramientas a la que, normalmente, recurrimos para gestionar esta inquietud que nos provoca la incertidumbre, es el control.  Esta necesidad de control nace, mayoritariamente, del miedo que sentimos ante lo desconocido. Cuando hay miedo, entra en escena el Control. Queremos desesperadamente controlar aquellas situaciones bajo las que existe una inquietud o falta de certeza, porque no podemos soportar la inseguridad, ni el miedo que nos provoca. Y diseñamos mil planes y formas de atajar esa falta de certeza. Recurrimos de forma ilusoria a métodos e instrumentos de control del tiempo, de control de supuestos, etc. Y muchas veces no se consigue o se consigue solo a medias, con mucho coste de energía, lo que genera finalmente más malestar al que ya teníamos.

Pero… y entonces ¿No sería mejor dejar de controlar?

Si intentamos responder a la pregunta de si existe una posibilidad de dejar de controlar, debemos primero entender que no todo depende de nosotros y no podemos tener siempre “todo bajo control”. Hay infinitamente más cosas alrededor nuestro que dependen de factores externos (otras personas, políticas, la propia naturaleza…etc) Por tanto, hay un trabajo importante de aceptación detrás de todo esto, aceptación de que hay cosas que no se pueden controlar.

La gestión de la incertidumbre sin necesidad de controlar.

La propuesta es que, cada vez que te aparezca una situación de incertidumbre y tengas la necesidad de controlar todo aquello que, posiblemente no puedas manejar y aparezcan pensamientos recurrentes, pregúntate: ¿Depende de mí esta preocupación? ¿Qué miedo tengo realmente?    ¿De dónde nace? ¿Qué puedo hacer realmente que esté en mis    manos?

Así, aprenderás a gestionar las situaciones que puedan presentarse y te generen inseguridad y podrás a la vez gestionar el miedo que se esconde        detrás. De lo que se trata es primero, de entender la situación, aceptarla, tomar una decisión y buscar soluciones que estén en mis manos-

Ejercicios prácticos para tolerar la incertidumbre

  • Identifica las emociones que te genera la incertidumbre
  • Intenta comprender esas emociones. Acéptalas
  • No rumies sobre la incertidumbre que tienes sobre algo
  • Cambia el foco de atención. Deja de atender a la incertidumbre y piensa en ti. Vive el aquí y ahora. Te dejamos un ejercicio para que practiques.
  • Se flexible, no quieras controlarlo todo. Permítete la espontaneidad. Vive el presente

 

Saber manejar la incertidumbre no es tarea fácil, ni está al alcance de todos. Se requiere mucha comprensión de nuestros limites como personas y ser capaces de aceptar que no se puede controlar el futuro, ni tener respuestas inmediatas ante los cambios que suceden. También hace falta paciencia, humildad y autoconocimiento. Autoconocimiento de lo que está en nuestra mano y de lo que no está en nuestra mano. Y humildad para saber que “no podemos con todo”, aunque muchas veces pensemos que si. Ello no significa, que nos quedemos quietos ante el cambio y lo dejemos todo al azar. Mas bien al contrario, la incertidumbre como ya lo hemos dicho líneas atrás, debe tomarse como algo positivo que en cualquier momento puede aparecer y que nos avisa para estar preparados. La incertidumbre debe tomarse como un desafío a la que debemos afrontar con nuestras armas, las que tengamos, y las que seamos capaces de crear para salir airosos del desafío. Lo que ya no dependa de nosotros, ni esté a nuestro alcance no debería ser nuestro cometido.

Si eres incapaz de tolerar la incertidumbre y necesitas ayuda, nuestro equipo de psicólogas puede ayudarte tanto en terapia presencial como a través de terapia online.

Este artículo ha sido redactado por Christian Escobar durante la realización de las prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.

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