La adolescencia es una etapa vital conocida por los diferentes cambios físicos, emocionales y sociales. Estos cambios también se reflejan en las relaciones familiares, ya que es el momento en el que los y las jóvenes empiezan a buscar su identidad, ponen a prueba los límites familiares y las relaciones en grupos de iguales cobran una gran importancia, influyendo en muchas ocasiones en su forma de ser y de actuar.
Durante la adolescencia se busca vivir nuevas experiencias y el deseo de pertenecer a un grupo se intensifica. La suma de estos factores en muchos casos hace que aumenten las conductas de riesgo, entre ellas las adicciones.
Cuando hablamos de adicciones en la adolescencia solemos pensar en el consumo de sustancias como el alcohol, el tabaco o el cannabis, pero hoy en día no podemos olvidar las adicciones sin sustancia: el uso abusivo de las redes sociales, los videojuegos, las apuestas online o la dependencia excesiva del teléfono móvil.
Todas ellas comparten un mismo patrón: una pérdida progresiva de control, la interferencia en la vida diaria y la aparición de consecuencias negativas en la salud, el rendimiento académico y las relaciones personales.
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Consumo de sustancias en adolescentes
El alcohol sigue siendo la sustancia más consumida por los adolescentes: más del 70 % de los estudiantes de entre 14 y 18 años reconocen haberlo probado alguna vez, y la práctica del “botellón” continúa siendo una opción de ocio de las más elegidas durante los fines de semana.
El tabaco también mantiene cifras preocupantes: cerca de la mitad del alumnado ha fumado en el último año. El cannabis, por su parte, es la droga ilegal más extendida, con un 22 % de estudiantes que lo han consumido en los últimos 12 meses. Además, el consumo de hipnosedantes (con o sin receta) ha experimentado un aumento en los últimos años, lo que evidencia una mayor variedad en las sustancias consumidas, más allá de las drogas tradicionalmente asociadas a la adolescencia.
Adicciones sin sustancia: pantallas, videojuegos y redes sociales
Las adicciones no se limitan al consumo de sustancias. En la actualidad somos conscientes de que todas las personas podemos tener problemas derivados del uso de algunas tecnologías. En el caso de los y las adolescentes, cada vez son más visibles los problemas derivados del uso excesivo de pantallas, de los videojuegos y de las redes sociales. El tiempo prolongado frente a dispositivos digitales se relaciona con falta de sueño, dificultades de concentración, aislamiento social y síntomas depresivos. En algunos casos, el uso abusivo de estas puede tener características similares a otras adicciones.
¿A qué edad empiezan estas conductas?
La adolescencia temprana y media (entre los 14 y los 16 años) es el periodo más crítico. El alcohol y el tabaco suelen consumirse por primera vez en torno a los 14 años, mientras que el cannabis aparece de media a los 15. En cuanto a las adicciones comportamentales, el inicio puede producirse incluso antes, dado que muchos niños y niñas acceden a teléfonos móviles y consolas desde los 10 o 11 años.
Este inicio temprano es especialmente preocupante porque el cerebro adolescente todavía está en pleno desarrollo. La investigación en neurociencia ha mostrado que el consumo de sustancias en estas edades afecta a estructuras cerebrales relacionadas con la memoria, la toma de decisiones y el control de impulsos. Cuanto antes se inicia el consumo, mayor es la probabilidad de que aparezca una dependencia en la vida adulta.
Factores de riesgo: por qué algunos adolescentes son más vulnerables
No todos los jóvenes que prueban una sustancia o que pasan horas con su teléfono móvil acaban desarrollando una adicción. Existen factores que aumentan la vulnerabilidad:
- El entorno familiar: la falta de supervisión, la comunicación deficiente o el consumo de drogas por parte de la familia facilitan la aparición de conductas adictivas.
- El grupo de iguales: la presión de los amigos es uno de los elementos más poderosos, además de la normalización del consumo. Tener amistades que consumen incrementa notablemente la probabilidad de imitar su comportamiento.
- Las características personales: la baja autoestima, la búsqueda de sensaciones fuertes, la impulsividad o la presencia de problemas emocionales (ansiedad, depresión) también predisponen al consumo.
- El contexto social y cultural: la normalización del alcohol en celebraciones o la publicidad que asocia ciertas marcas con diversión influyen en la percepción de riesgo, que suele ser baja entre los adolescentes. En el caso de las adicciones sin sustancia sucede lo mismo, y el límite entre el uso y el abuso es más difuso.
Factores de protección: las claves que marcan la diferencia
Teniendo en cuenta esta situación, es importante ver cómo prevenir las adicciones desde las edades más tempranas de la adolescencia. Para ello hay que recordar que también existen factores que actúan como protección frente a las adicciones.
El papel de la familia y el entorno escolar
La implicación de la familia, con normas claras y una comunicación positiva, es uno de los más importantes. Los jóvenes que sienten apoyo y acompañamiento tienen menos probabilidades de caer en el consumo problemático.
El entorno escolar también juega un papel crucial: los programas de prevención, las tutorías y un clima positivo en el aula reducen la probabilidad de que los estudiantes recurran a sustancias o a conductas de riesgo.
A nivel individual, las habilidades de afrontamiento como aprender a manejar el estrés o tener proyectos vitales motivadores, refuerzan la capacidad de expresión y de poner límites frente a la presión social.
El ocio saludable como factor protector
Además, hay que tener en cuenta que no siempre la situación familiar es permeable al cambio, y a veces el ambiente escolar se queda corto en este momento de socialización tan importante. Es por ello que un factor de protección sobre el que intervenir es el ocio. El ocio saludable es un factor protector de primer orden: el deporte, las actividades artísticas o culturales y el voluntariado ofrecen un espacio de diversión y pertenencia sin necesidad de recurrir a las drogas o a la hiperconexión digital.
Ocio saludable y socialización positiva en Madrid
La ciudad de Madrid ofrece múltiples alternativas gratuitas para que los jóvenes disfruten de su tiempo libre de manera saludable. Estos espacios son esenciales porque facilitan la socialización positiva, favorecen la creatividad y permiten experimentar la autonomía sin exponerse a riesgos innecesarios.
Espacios de ocio saludable para adolescentes en Madrid
Entre ellos destacan los Espacios de ocio para adolescentes del Ayuntamiento de Madrid, como “La Enredadera”, presentes en varios distritos (Moratalaz, Retiro, Puente de Vallecas, Villaverde…). Se trata de lugares donde los adolescentes pueden participar en talleres, actividades culturales y deportivas en un ambiente seguro.
La Comunidad de Madrid cuenta con el Centro 14-30 Espacio Joven, que ofrece actividades gratuitas para jóvenes de 14 a 30 años: desde grupos de música hasta encuentros culturales. También existen iniciativas como QuedaT.com, que permite que los propios adolescentes propongan y gestionen actividades de ocio en su barrio.
Otra opción interesante es el JOBO (Joven Bono Cultural), que concede entradas gratuitas a teatros y auditorios municipales para jóvenes de 16 a 26 años. A esto se suma la oferta cultural de la ciudad, con museos como el Prado o el Reina Sofía que abren sus puertas de forma gratuita en determinados horarios, además de parques como El Retiro o Madrid Río que ofrecen espacios de encuentro al aire libre.
Además de estos, existen otros proyectos locales dependientes de cada distrito, incluso de asociaciones vecinales y de las diferentes redes que conforma la población de cada barrio y/o distrito de Madrid.
El ocio saludable como prevención de las adicciones en la adolescencia
Todas estas propuestas son más que simples alternativas de ocio: constituyen auténticas herramientas de prevención. Favorecen que los adolescentes establezcan vínculos positivos, aprendan a mejorar sus habilidades sociales en caso de que sea necesario, desarrollen intereses diversos y encuentren un sentido de pertenencia sin necesidad de recurrir al consumo de sustancias o a conductas de riesgo.
Prevención de adicciones en la adolescencia
Las adicciones en la adolescencia son un desafío complejo, pero no inevitable. Los datos muestran que muchos jóvenes experimentan con alcohol, tabaco o cannabis en España, y que el uso problemático de las tecnologías es cada vez más frecuente. Sin embargo, también sabemos que los factores de protección y las alternativas de ocio saludable son efectivos para reducir estos riesgos.
El ocio saludable, además de ser un recurso accesible, no solo actúa como un factor de protección frente a las conductas adictivas en la adolescencia, sino que también contribuye a generar hábitos y redes de apoyo que acompañarán a los jóvenes en la vida adulta, ayudándoles a afrontar otros riesgos y desafíos de forma más positiva y resiliente.
Si te preocupa el comportamiento de un adolescente o crees que puede estar desarrollando una relación problemática con el consumo o el uso de la tecnología, contar con el acompañamiento de las psicólogas de Mensactiva puede ayudarte a comprender mejor la situación y actuar a tiempo.
Este artículo ha sido redactado por Lucía Gómez durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
