Actualmente nos encontramos en una sociedad que se caracteriza por una ocupación constante, multitud de estimulación, rapidez e inmediatez, pantallas y relaciones superficiales. Dentro de todo esto, parece que no queda lugar para observar con atención y compresión a los terceros, a nuestros iguales.
La capacidad de situarse en el lugar del otro, de ser capaz de sentir y comprender lo que a un tercero le está ocurriendo o está viviendo, es lo que se reconoce como el concepto de empatía. Esta característica, cada vez más escasa, se está convirtiendo en un acto de gran valor, cuando en realidad es una estrategia imprescindible para nuestra calidad de vida y bienestar social.
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Entendiendo la empatía
La empatía puede manifestar a dos niveles diferenciados. Por un lado, aparece la empatía afectiva, la cual se entiende como la capacidad de entender lo que sienten los otros. Por otro lado, ocurre la empatía cognitiva que es la habilidad de imaginar esa perspectiva. Ambas empatía conllevan procesos automáticos propios de la persona y procesos más deliberados.
La empatía toma un papel clave en nuestro día a día, ya que proporciona un bienestar emocional, puesto que el sentirse comprendidos implica una reducción de problemas emocionales y estrés. Sin embargo, esta no solo posee una connotación positiva cuando la adquirimos nosotros, sino que cuando la compartidos, cuando nosotros somos empáticos con otras personas sentimos una conexión y satisfacción hacia los demás y nosotros mismos. Las relaciones interpersonales crecen cuando esta se basa en el principio de la empatía, ya que mostramos que nos importa lo que le sucede o siente la otra persona, la relación se vuelve más fuerte y profunda.
La empatía en lo cotidiano permite una disminución de conflictos ya que se acompaña de una disminución de juicios anticipados y conductas impulsivas. Esto genera un entorno donde se promueve la cooperación y la solidaridad, es decir, gracias a la empatía se manifiesta una actitud de escucha, acompañamiento y ayuda a miembros de la comunidad y sociedad. Además la empatía permite una vinculación más gratificante en contextos organizativos, educativas y o profesionales, puesto que se percibe un mayor sentido humano.
Manifestaciones de la empatía
Existen diversas manifestaciones de la empatía, y es interesante mencionar alguna de ellas. En ambientes de amistades es fácil tener una discrepancia con alguien, y en vez de pensar quiero ganar esta batalla y mi orgullo es lo primero, la empatía puede ser intentar entender que es lo que a tu amigo le ha dolido.
La empatía en el mundo laboral es preguntarle que le ocurre a un compañero si lo encuentras distinto o mal, antes de juzgarlo o cementarlo. La empatía en la sociedad es encontrar a una persona de edad avanzada desorientada y pararnos a brindar nuestra ayuda, no pasar de largo, no mostrar una conducta individualista.
Además de lo externo, en cuanto a nosotros mismos, la empatía es tratarnos con amabilidad, mostrar un actitud comprensiva con nosotros mismos y no castigarnos constantemente. Estos múltiples ejemplos que se han mencionado son de gran importancia, ya que al leerlos, comprenderlos y razonarlos, surge la idea de que la empatía no es algo complejo, sino que es sencilla, simplemente son pequeños gestos que tienen un carácter común, pero que a día de hoy parece una conducta con mucho valor debido a su escasez.
Bases de la empatía
La empatía presenta unas bases neurológicas, pero también es una habilidad adquirida a través de la práctica. Es imprescindible desarrollar una empatía adecuada desde una escucha activa, profunda, sin juicio, simplemente centrar la atención en lo que la otra persona nos está contando. Esta capacidad no puede no acompañarse de adoptar la perspectiva del otro, que no es nada más que situarnos en su situación, replanteándonos que sentiríamos o pensaríamos nosotros. Esto, permite una comprensión más global que se acompañada de una conexión profunda con la otra persona.
Sin embargo, es muy importante que todo esto se acompañe de una autoconciencia emocional, donde cada uno pueda distinguir lo que siente la otra persona y lo que sientes tú mismo, ya que derivado de esta empatía profunda pueden aparecer interacciones intensas las cuales no puedes generar un desbordamiento emocional propio, y por ello, es tan importante la autoconciencia emocional.
En entonos exigentes, como profesiones sanitarias o educativas, el acercamiento con el malestar ajeno puedo no gestionarse adecuadamente y derivar en una fatiga empática. Un factor protector de la fatiga empática es una adecuada regulación emocional. Queda claro que una empatía saludable se acompaña de un equilibrio entre cuidado propio y cuidado ajeno.
Desafíos de la empatía
La empatía como se ha mencionado hasta el momento es una cualidad necesaria e imprescindible, pero no implica que no puedan presentarse ciertos desafíos o complejidades para actuar de forma empática, ya que nada es tan sencillo como parece.
Es importante ponerse en el lugar del otro, pero en ocasiones pueden manifestarse dificultades para ello derivadas de posibles diferencias socioculturales o valores entre ambas personas. Esto se fundamenta en que es más fácil mostrar empatía ante aquellas personas que se muestran más similares a nosotros mismos, dejando a un lado a los que consideramos como diferentes.
Otro desafíos es la dificultad de proporcionar límites, lo que conlleva a una posible sobre identificación. Se debe de presentar empatía pero no es recomendado ni saludable dejarse absorber por los conflictos de terceros. Lo mismo ocurre en el ámbito profesional, donde una empatía desregulada puede crear contextos con límites no claros y baja eficacia.
Orientación
La sociedad actual se caracteriza por un carácter individualista, en la cual cada vez hay menos espacio para la comprensión y la empatía. Este concepto que permite desarrollar contextos humanos y cohesionados, así como mejorar las relaciones entre iguales, no solo se caracteriza por entender a la otra persona sino es escuchar activamente, recibir, estar en el momento presente y responder simplemente con humanidad.
Por todo esto, este articulo quiere manifestar la necesidad de practicar y cultivar esta capacidad en cada uno de nosotros y promoverla en los entornos donde nos encontramos y nos relacionamos, para mejorar la vida de los demás y la nuestra. De esta forma aumenta el sentido de pertenencia y conexión dentro de nuestra comunidad y sociedad, promoviendo un cuidado en la vida cotidiana entre personas. La empatía es la cualidad que nos hace verdaderamente ser seres humanos.
Si sientes que te cuesta conectar con los demás, gestionar tus relaciones o entender lo que estás sintiendo, trabajar la empatía desde un enfoque psicológico puede ayudarte a mejorar tu bienestar emocional y la calidad de tus vínculos.
Este artículo ha sido redactado por Laura García durante la realización de sus prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria.
